La visión cínica de que el dinero lo puede todo es una traba al combate a la corrupción, dice Oscar Schiappa-Pietra (*) experto de alto nivel que acaba de exponer sobre ética pública ante un amplio sector de la alta gerencia del Estado que cursa un diplomado impulsado por la Secretaría de la Función Pública. Dice que para combatir exitosamente la corrupción es bueno que peces gordos entre ellos defraudadores del Estado, caigan en la red, casos paradigmáticos y que las instituciones que combaten la descomposición sean preservadas.

Schiappa-Pietra, concedió una entrevista antes de su conferencia en Paraguay y a continuación, la transcribimos:

Qué países están más adelantados en ética pública. No nos ilusionamos desde luego en ocupar lugares privilegiados por estar saliendo aún de años de tinieblas en la materia

 

Digamos de entrada lo siguiente. Nos encontramos en un escenario en el que a nivel internacional hay profundo cinismo. Esta visión de que el dinero lo puede todo es un pensamiento muy arraigado y dominante en países desarrollados. No coadyuva a enfrentar mejor la corrupción pero es cierto que aquellas sociedades que tienen mejor institucionalidad democrática por antonomasia están mejor preparadas para enfrentar los desafíos de la ética pública y poder hacer frente a la corrupción.

 

Poderoso caballero todavía es culpable del déficit de ética pública en los países en que teóricamente debieron acorralar ya a la corrupción.

 

Sin ninguna duda y esto lo vemos reflejado en los bajos niveles de detección de dinero lavado proveniente de la corrupción, el narcotráfico y de otros delitos. Los bancos de Estados Unidos y de muchas partes del mundo francamente hacen una labor pobre al respecto. Eso solo puede explicarse porque en el fondo hay una cierta complicidad.

 

En países como los nuestros, un problema agregado es la impunidad en tanto que en los que usted señala que tienen una institucionalidad democrática más sólida no es así ¿verdad?

 

Mire, en toda estrategia de reforma del Estado y en particular en lo que atañe a la lucha contra la corrupción hay que rescatar algunas entidades. Es decir, existe corrupción por todos lados pero hay instituciones designadas para combatir la corrupción y si esas instituciones son corruptas la posibilidad de enfrentar la corrupción en otras esferas del Estado es mínima. Me refiero a las instancias policiales que deben investigar los órganos de control del Estado y el propio sistema Judicial. Si estas instituciones son corruptas, la probabilidad de que la corrupción se propague hacia otras instituciones del Estado es inmensa.

 

La sociedad está harta de la corrupción pero da la impresión de que no asume un rol más activo en su combate, como que no está utilizando su poder para actuar decididamente en contra. Qué está ocurriendo con otras sociedades acerca de su actitud ante la corrupción.

 

Bueno, es cierto que hay ese hartazgo y a la vez ese hartazgo todavía no se manifiesta creativamente por conducto de acciones más concretas. Hay distintos tipos de experiencias interesantes en algunos países, grupos colectivos que expresan pacíficamente su hartazgo pero de modo categórico, sea en plazas públicas o frente a las casas de gente probadamente corrupta. Hay que desarrollar mecanismos para que ciudadanos puedan compartir información y acciones contra la corrupción. Pero no hay que pasar por alto que se da una actitud un poco dual en la población. Es cierto, todos estamos hartos de la corrupción pero todos somos parte del problema, sea porque no hacemos lo que debemos hacer o porque cuando tenemos la posibilidad de tratar de beneficiarnos pagando menos impuestos, lo hacemos.

 

En Paraguay estamos saliendo de un sistema institucionalizado de corrupción que también funcionaba por el lado de crear dificultades para vender facilidades. Un ciudadano que se acercaba a oficinas del Estado a resolver problemas se encontraba con un cúmulo de problemas para resolverlos pero aparecía el gestor que prometía facilidades a un costo, algo así como el recaudador del sistema.

 

Sobre el punto, hay incluso gente que señala y no coincido con esa perspectiva de que la corrupción tiene un rol positivo a veces porque resuelve el problema. Pero, lo que tengo que hacer es investigar donde están esos problemas, esos cuellos de botella que cuando aparecen, el ciudadano casi no tiene otra opción que pasar por ese aro. En la medida que se creen mecanismos que simplifiquen procedimientos y que reduzcan la discrecionalidad de los funcionarios públicos, la corrupción tiende a debilitarse. La corrupción surge donde hay discrecionalidad, donde el funcionario no tiene normas que lo obliguen a actuar en un sentido correcto o no tenga quien los supervise. Ese es uno de los escenarios ideales para que prospere la corrupción. Por eso la corrupción hay que verlo desde una perspectiva más amplia de una reforma del Estado.

 

Hombres nuevos con sistemas podridos poco pueden hacer. Reforma del Estado dice usted y cuáles serían otros pasos a seguir en el caso paraguayo para combatir con éxito la corrupción.

 

Creo que sería pretencioso de mi parte prescribir lo que debiera hacer Paraguay. Las autoridades y los ciudadanos sabrán mejor que yo pero sin embargo es preciso ver las experiencias comparativas porque la corrupción no es un problema exclusivo de aquí sino que en todas partes del mundo ha existido. Efectivamente algunos fueron más exitosos para enfrentar el problema. Cabe pues revisar las experiencias de otros países y ver por qué funcionaron y por qué a veces la lucha es como decimos en Perú un simple saludo a la bandera, sin ninguna función practica.

 

Replanteo entonces. Cuáles son las experiencias que Paraguay debería mirar que a usted le impresionan de un modo grato.

 

Mire, en general los países desarrollados vamos a encontrar buenas experiencias. Se necesita un buen sistema judicial, se necesitan casos paradigmáticos, casos donde las autoridades pongan todo su capital político detrás, para perseguirlos hasta las últimas consecuencias y para demostrar que la impunidad no es la regla general. Podrán seguir habiendo problemas de corrupción pero al menos en casos cruciales, la ciudadanía ve que no hay una actitud de cerrar los ojos, eso contribuye enormemente.

 

Sería que a medida que más peces gordos caigan en la red la ciudadanía verá que la pesca va en serio.

 

Mientras más peces gordos caigan, mejor.

 

 

Hay sociedades en las que más se persigue simplemente a ladrones de gallina.

 

Exactamente. Es más, esa es una receta típica no digo de Paraguay pero si de países donde persigue simplemente a los ladrones de gallinas para tender a crear en la opinión pública la imagen de que se está combatiendo la corrupción cuando en el fondo se está haciendo lo contrario. Pero con respecto a Paraguay, el hecho de que este aquí invitado por instancias del gobierno para exponer sobre ética pública y que estén discutiendo el asunto en niveles gerenciales del Estado, demuestra que hay una voluntad de que las cosas sean diferentes.

 

A partir de aquí, el esfuerzo debe ser sostenido

 

Si y yo diría que es fundamental que algunas instituciones que combaten la corrupción estén rescatadas de la corrupción. En Perú en los años 90 reformamos la organización tributaria porque entonces nadie pagaba seriamente impuestos. Los funcionarios iban a percibir los impuestos a una empresa y la empresa lo que lisamente hacía era contratarlos como consultores. En medio de la crisis que vivió el Perú, aumentar la recaudación se convirtió en una cuestión indispensable y finalmente se tomó en serio el tema de la organización tributaria.

 

Mire lo que me está diciendo en un país como el mío en el que los sectores políticos probablemente aliados a los sectores que deben tributar, se alían para postergar indefinidamente la aplicación del impuesto a la renta personal.

 

Eso tiene implicancias de diversa naturaleza porque obviamente el sistema tributario es un sistema de redistribución que genera justicia social y además un mecanismo a través del cual los ciudadanos cumplen con sus obligaciones con el Estado. Las condiciones que favorecen la defraudación son típicas de la corrupción. En Perú no le puedo decir que la solución está completamente lograda pero la situación ha cambiado y todo el mundo toma muy en serio su obligación de pagar impuestos y sabe que las posibilidades de ser detectado y las consecuencias son enormes. Así que se acabó esa época de frivolidad y de corrupción masiva y consentida.

 

 

(*) Magister en Gestión Pública egresado de Harvard University; Magister en Derecho Internacional y Comparado de la George Washington University, además de otros títulos universitarios. Treinta y tres  años de experiencia en desarrollo socioeconómico y gestión pública, trabajando en puestos directivos, ejecutivos y consultivos con empresas, gobiernos, organismos internacionales, ONGs y universidades. Extensa experiencia en gestión del desarrollo socioeconómico y de la cooperación internacional, y gestión de conflictos. Formación singularmente interdisciplinaria y alta especialización en el ámbito de políticas y gestión pública. 

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