En opinión de la socióloga e historiadora Milda Rivarola, la amenaza de la sustitución presidencial en la República del Paraguay por medio del juicio político podría extenderse hasta el próximo año. En esta entrevista concedida a IPPARAGUAY, dijo que Federico Franco sabe que es su último tren y sostiene que los colorados quieren recuperar el poder por medio de las elecciones. Rivarola es miembro de la Academia Paraguaya de Historia. Es analista y consultora tanto en el país como en el extranjero y ha publicado varios libros. A continuación, la primera parte de la entrevista.

IP: ¿Podemos afirmar si en este momento existe estabilidad política en el país?

MR: Se había logrado una cierta estabilidad a comienzos de año, entre marzo y abril después de dos años no sé si de inestabilidad, pero de horizonte incierto, de incertidumbres, de conflictos con el Parlamento e internas dentro de los partidos políticos.

 

Además hubo un tiempo de posicionamiento dentro de los ministerios, de aprendizaje de gestión, que tiene su costo. Subió un gabinete que no había gobernado nunca, salvo uno o dos ministros que habían estado ya en funciones administrativas, y se pagó ya ese costo.

Incluso las estadísticas de aprobación presidencial volvieron a subir en el segundo año, como decían las estadísticas. Parecía que todo estaba bien, hubo conversaciones con el Parlamento, hubo negociaciones con los partidos políticos mayoritarios, y en ese momento apareció la enfermedad del Presidente Lugo y fue como una nueva oportunidad de revisar todo lo que se había hecho.

 

Y ahí surge la inestabilidad política de vuelta. Y resurge básicamente desde los partidos políticos mayoritarios, como el Partido Colorado, el Unace, fracciones en el Partido Liberal Radical Auténtico, en los grupos que habían quedado minoritarios después de sus internas, y se re instala la incertidumbre en nuestro país.

 

Eso se nota también en la recuperación en la agresividad por parte de algunos medios de prensa, que funcionan como voceros de esa oposición, y estamos de vuelta en lo que estábamos antes.

 

IP: El debate político de nuevo es la sustitución por medio del juicio político

 

MR: Efectivamente. Lo que está sucediendo tuvo su origen hace cuatro meses aproximadamente, en la primera fase de la enfermedad del presidente Lugo. Los grandes partidos internamente manejaban el escenario de sustitución vía juicio político, pero públicamente mostraban ser moderados señalando que se tenía que acompañar al presidente Lugo en su enfermedad. Pero desde la última internación del mandatario en San Pablo (Brasil), se abandonó ese manejo privado del escenario y se habló públicamente de la sustitución por medio juicio político.

 

IP: En períodos anteriores también se hablaba del juicio político

 

MR: El problema básico es un gobierno que se instala sin mayoría parlamentaria y que tarde dos años en establecer alguna forma de negociación en el Congreso Nacional.

 

De hecho, si uno mira la historia de la transición democrática, casi todos los presidentes que se sucedieron, salvo Andrés Rodríguez que se manejaba con el Código Electoral anterior, todos los demás presidentes gobernaron sin mayoría parlamentaria. Y el que subió con mayoría, la perdió en la semana como fue el caso de Raúl Cubas Grau y cayó. De hecho Cubas Grau tuvo que renunciar, porque no supo manejar la relación de poder con el Parlamento.

 

Y este gobierno tardó mucho en lograr acuerdos con el Parlamento, no pasó de negociaciones y por lo tanto no hay todavía acuerdos claros entre el Ejecutivo y el Parlamento.

 

IP: Se sostiene como causal del juicio político la orden verbal para los cambios en las Fuerzas Armadas. ¿Es suficiente ese argumento?

 

MR: La causal del juicio político no importa. Eso te puede decir todo constitucionalista, hay causales que son de delito, de incapacidad abierta, pero hay una causal que el senador Marcelo Duarte fue el que más discutió, que consiste en el mal desempeño de las funciones. Esta es una causal política, en donde no importa que exista o no exista argumento válido, pues se trata de una atribución que el Parlamento se adjudicó a sí mismo, a través de la Constituyente, estableciendo que cuando quiere echar a un presidente de la República lo saca, si tiene mayoría, actúa.

 

Las causales no importan mucho, porque existe esa fórmula que va más allá de lo jurídico, es decir no importa que haya delito o no, sino que el Parlamento decide si hay mal desempeño y procede a la destitución del presidente de la República.

Cualquier cosa puede ser causal de juicio político. No importa el fundamento, lo que importa es la existencia de mayoría de votos en el Congreso.

 

IP: ¿Hay mayoría parlamentaria en estos momentos para llevar adelante el juicio político?

 

MR: Podría, claro que sí.

 

IP: ¿Cree que los colorados llevarían adelante esta propuesta?

 

MR: Yo tengo la impresión que el primer escenario de los colorados es desprestigiar a este gobierno, de modo a recuperar el poder en las elecciones presidenciales del 2013. Los colorados no quieren subir a través de negociaciones con el Parlamento. Quieren la legitimidad que da una elección. Eso puede suceder solamente hasta agosto del año que viene. Primero gana la vicepresidencia y luego la presidencia. Pero pasado los tres años, ya es el Parlamento el que se encarga de elegir al vicepresidente de la República.

 

IP: ¿Y cuál es el papel que juega en este tema el vicepresidente Franco?

 

Está el otro elemento extraño, Federico Franco sabe que es su última oportunidad de ser presidente de la República, él sabe que tiene muy pocas chances de resultar electo para ese cargo en las elecciones del 2013. A esto se debe ese retorno de su postura combativa y crítica hacia la gestión del presidente de la República como hacía antes. El sabe que es su último tren.

 

Están todos estos elementos para el análisis. Por una parte, el renovado interés del vicepresidente Franco de subir a la Presidencia está explícito de vuelta. Y lo otro es el juego que hacen los colorados para poder subir a la Vicepresidencia y volver a echarlo, para entonces llegar a la Presidencia. Pero esto se puede hacer antes de los tres años del mandato constitucional, después ya no se puede.

 

IP: Incluso algunos dirigentes colorados plantean llevar a juicio político tanto al presidente, por mal desempeño, y al vicepresidente por incapaz. ¿Cómo ve este planteamiento?

 

MR: Eso ya es otra variante. Pero (pausa) mi interpretación es, la alternancia supone costos, porque ningún partido opositor está acostumbrado o tenía capacidades para gobernar después de 60 años de monopolio de un solo partido. Esos costos ya se pagaron, ya invertimos dos años, es decir el país ya invirtió dos años por el costo de su alternancia. Si se vuelve a interrumpir este proceso y se interrumpe mal, y no institucionalmente, se vuelve a foja cero.

 

Es que como todo lo que se hizo no sirvió para nada, será empezar de nuevo. El que sube va a tener otra vez otros dos años de recomposición, de cambios. Se cortan programas, se cortan proyectos, se cambian ministros, y vamos a llegar al final de los cinco años sin nada, a cero. Cuando termine de posicionarse el nuevo gobierno, si surge, ya llegará el próximo período electoral para el 2013.

 

Supone una pérdida de cinco años, y eso será grave para el país. (Edith Medina Vargas)

 

http://www.ipparaguay.com.py/index.php?id=cmp-noticias&n=29435

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Anónimo

Indelegable

por Edwin Brítez

Tan indelegable es el cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación que, si dado el caso, el Presidente de la República fuese un ignorante absoluto del tema, es imposible que pueda designar a otra persona para ocuparse de esa institución. Tiene el deber de hacerlo él personalmente, aun cuando en sus fueros íntimos rechazara la misión y la existencia misma de la milicia.

En 1992, los ciudadanos constituyentes se tomaron el tiempo para discutir a fondo la cuestión porque hubo una corriente que planteó la composición del Poder Ejecutivo con los siguientes cargos: Presidente, Vicepresidente y ministros. La determinación fue negativa porque se dijo que el sistema constitucional elegido para la República del Paraguay es el presidencialista y no el parlamentario.

Por tanto, el Poder Ejecutivo es ejercido por una sola persona que es Presidente de la República, es jefe de Estado y al mismo tiempo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Es fácil comprender el cúmulo de responsabilidad del titular del Ejecutivo de la nación y la relevancia que puede provocar su ausencia, o la posibilidad de que se ponga en tela de juicio sus decisiones al frente del Gobierno y sus órdenes como jefe absoluto de las Fuerzas Armadas.

Es necesario recordar estas matrices de la institucionalidad democrática del Paraguay especialmente para quienes declaran públicamente que a pesar de la enfermedad y el impedimento temporal por razones de salud del Presidente de la República, el Gobierno seguirá funcionando normalmente “porque somos un equipo”. El Gobierno es efectivamente un equipo de tres poderes, pero uno de ellos, el Ejecutivo, es una sola persona y en este momento se llama Fernando Lugo. La Constitución se limita a decir: “El Poder Ejecutivo es ejercido por el Presidente de la República”, frente a la propuesta que no prosperó de especificar la composición del Poder Ejecutivo teniendo como integrantes al Presidente, el Vice y a los ministros.

Tan abrumadora es la responsabilidad del Presidente de la República que necesaria e inevitablemente tendría que crearse una figura que lo sustituya para casos eventuales, sin discusión alguna, por mandato de la propia Constitución, en caso de ausencia, impedimento o vacancia definitiva. Es esa la razón de la existencia del Vicepresidente.

Justamente para que no se pierda tiempo tratando de distorsionar el sentido y la misión del Vicepresidente en discusiones estériles, la Constitución establece con claridad lo que debe pasar en caso de vacancia, o cuando el Presidente se ausenta o tiene impedimento: “Sustituir de inmediato al Presidente de la República” (art. 239). Sustituir es poner a alguien en lugar de otro.

Ante la sospechosa movida en las Fuerzas Armadas en ausencia del presidente Lugo y a espaldas del Vicepresidente en ejercicio, los oficialistas reaccionaron con dos argumentos: 1. Que el cargo de comandante en jefe es indelegable y 2. Que sustituir no significa asumir plenos poderes de la presidencia.

Los constituyentes, por lo visto, no fueron tontos y se percataron de que esto pudiera ocurrir en el futuro, por lo que en el artículo 238 establecieron los deberes y atribuciones del Presidente de la República, pero con la aclaración de que son deberes y atribuciones DE QUIEN EJERCE la presidencia. Aquí a la Constitución poco le importa el cargo sino la función. No le importa si es presidente electo o vicepresidente en ejercicio. Para evitar esa discusión establece taxativamente: “de quien ejerce”.

De esta forma se desarma el argumento de que cuando el Presidente se ausente del país, la función de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas viaje en el asiento de al lado, sin que nadie lo pueda ejercer aquí hasta su regreso.

Con ausencia o impedimento del presidente electo y un vicepresidente en ejercicio, el cargo de comandante en jefe de las FF.AA. sigue siendo indelegable, pero esta vez en manos de quien ejerce la presidencia por sustitución.

No es tan complicada, creo, esta situación. Lo que complican las cosas son los intereses creados que se manejan detrás del poder y que con mayor fuerza se agazapan en la persona de quienes, sin ser elegidos, aspiran a conservar poderes y privilegios, cueste lo que cueste, aunque con ello se deba sacrificar la institucionalidad del país. Tampoco es complicado el tema del cambio que tanto se pregona en nuestro país desde el 2008.

Para que haya cambio de un país viejo a un país nuevo, solo falta que quienes acceden al poder se comporten democráticamente y acepten mínimamente el texto constitucional como elementales reglas de juego, en vez de intentar adaptarlo a ventajas, oportunidades y beneficios de grupos predestinados por la Divina Misericordia para llevar adelante un proyecto país.

ebritez@abc.com.py
24 de Octubre de 2010

Fecha: 28/10/2010 07:51.


Anónimo

Otra más de nuestro presidente
Publicado por: Gloria Rolón
Desde mi balcón

No señora, no señor, la expresión del título no hace referencia a esas desprejuiciadas intenciones de nuestro nunca bien ponderado presidente de la República de comprarse un helicóptero avaluado en unos poquitos e insignificantes 5 millones de dólares americanos (después de todo qué son esos intrascendentes millones para las siempre inagotables fuentes de Itaipú y Yacyretá).

Lo de "otra más" de Don Fernando Lugo es con relación a esa nueva afrenta a la dignidad de las personas de la que de nuevo hizo gala en estos días y de la que sin quererlo usted, yo, sus vecinos y los mios, fuimos testigos y partícipes.

¿Que ya no lo recuerda? es que quizás, con todo esto de las idas y venidas dentro del Partido Colorado o el "enorme" interés que ponen los legisladores al Presupuesto General de la Nación -especialmente en la porción de la torta que les corresponde a ellos, claro está-, o en todo el despliegue mediático dado al cumpleaños de un polémico senador (que es exactamente lo que el legislador en cuestión busca) el tema que nos incumbe le pasó a usted desapercibido.

Es probable también que la "salida mediática" que tuvo el ex obispo hasta le resultara ser una jocosa y espontánea expresión de su lado más "popular y chistoso".

La cosa es que este comentario es un tímido intento de dejar sentada por lo menos una airada protesta contra las expresiones que tuvo el jefe de Estado para con la empresaria Claudia Ruser.

"Estoy mal, antes era Jessica Cirio y ahora Ruser", fue la respuesta que en tono irónico y grosero dio el jefe de Estado a los periodistas que le preguntaron qué haría con respecto a la acusación hecha por la ex presidenta del gremio sojero contra el mandatario. Ruser había declarado que Fernando Lugo había intentado seducirla en un encuentro que mantuvo con el mandatario unos años atrás.

Usted coincidirá conmigo en que esas nunca pueden ser las respuestas de un presidente de la República, y menos si el tal presidente es un ex obispo.

Debo aclarar que no conozco a la señora Ruser sino a través de los medios de prensa.

Pero, indudablemente, el respeto a la condición humana no parece ser una de las cualidades de nuestro mandatario. Las expresiones que tuvo para referirse a unas, por cierto muy graves acusaciones de la señora Ruser en su contra, no hacen sino ratificarlo.

Fecha: 27/11/2010 16:13.


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