CAMINO AL BICENTENARIO

  • Por Luis Verón.

Para el periodista e investigador, una de las tareas pendientes de la sociedad paraguaya es reconocer y adoptar paradigmas de vida y convivencia constructivos, apoyados por valores humanos, de los que la misma

historia paraguaya da ejemplos en personalidades y hechos que sucedieron a lo largo del tiempo.

Una de las características muy paraguayas es la ingratitud. Más aún cuando se trata del reconocimiento de los méritos de nuestros compatriotas. Si bien esa característica no la podemos erradicar, por ser parte esencial de nuestra condición de paraguayos, creo que podemos suavizar sus contornos y hacerla más amable, más soportable.

 

Debería ser nuestra obligación el reconocimiento de los perfiles positivos de nuestros próceres que nos legaron nuestra patria y los que ayudaron a construirla y reconstruirla, a lo largo de la historia, más aún cuando se acercan días de conmemoraciones, como los del cumplimiento de los doscientos años de existencia de nuestro país como una patria soberana.

 

Aunque en muchas ocasiones, por obra y gracia de pareceres e interpretaciones que respondían a determinadas circunstancias y determinados modos y puntos de vista, hemos desechado los elementos que daban una valoración más exacta de las acciones de algunas individualidades, para sobrevalorar otros aspectos de sus personalidades,

muchas veces no tan admirables.

 

No valoración o negación

 

Es frecuente escuchar hablar sobre la “fundición de Ybycu’i”. Es frecuente también escuchar sobre “el primer ferrocarril de América”. En el primer caso es una subvaloración de ese portento tecnológico. Una fundición se hace hasta en el patio trasero de una casa. La fábrica de Ybycu’i no fue solo una fundición, fue una planta siderúrgica, si bien no llegó a producir acero, se hicieron los primeros ensayos, interrumpidos por el estallido de la contienda con la

tríplice argentino-brasileño-uruguaya. En el segundo caso, es llanamente una mentira.

 

Un ejemplo de esta no valoración o negación, simple y llana, de momentos gloriosos de nuestra historia, me la dio una docente de Ypané, ya hace unos años: “Mi pueblito no tiene luego historia…”. Si Ytororó, que está en Ypané; si Avay, que está en Ypané; si el mismo drama que vivieron los pobladores de Ypané, con sus mujeres violadas, sus habitantes asesinados o humillados; si su traslado desde el lejano Itatí hasta su ubicación actual, no son parte de su historia, entonces ¿dónde está la historia de esepueblito?

 

Hemos considerado que el marco de las celebraciones del Bicentenario de la República es el mejor momento para señalar nuestros aciertos y desaciertos. En este último caso, para tratar de corregir nuestros errores y olvidos, y en el primer, de resaltar las acciones de nuestros compatriotas que supieron poner sus esfuerzos y su inteligencia al servicio de sus compatriotas. Esta búsqueda y reconocimiento de los modelos a seguir, de los modelos de ciudadanos

a tener como ejemplo, puede servirnos para construir un país mejor.

 

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