ELECTORES MIGRANTES 

  • Por Miriam Morán

Los colorados celebraron otra vez el buen papel que hicieron en las últimas elecciones municipales. Fue durante la sesión extraordinaria de la Junta de Gobierno, el lunes pasado, cuando festejaron con hurras que la Asociación Nacional Republicana (ANR) haya recuperado 240.000 votos.

Según los colo'o, cuando perdió Blanca Ovelar, en las elecciones generales del 2008, los 240.000 votos habían volado de sus carpas.

Muy bien por los colorados, y aunque no quiero ser aguafiestas, me animo a sugerirles que manejen el hecho de que esos votos golondrinas, que ahora les permitieron hacer primavera, en cualquier momento pueden migrar otra vez.

 

El electorado ya mostró que cuando le colman la paciencia es capaz de castigar en serio.

 

Pero esto de migrar, entre los colorados, tiene su "tradición". Porque no son pocos los que estuvieron con Wasmosy y luego pasaron a ser el cerebro, el brazo y las piernas del oviedismo, cuando este sector se puso fuerte en el escenario político. Y de ellos, varios se sumaron después al nicanorismo, al riquelmismo, al castiglionismo, al salemmismo, al pompeyismo, etc.

 

Ahora parece que la gran mayoría de las golondrinas republicanas están con la idea y las gana$ de pasarse al cartesismo.

 

Usted dirá que ni son golondrinas ni pueden hacer primavera. Y respetamos su opinión. También dirá que no son actores y que el escenario se parece más a un chiquero. También respetamos su opinión.

 

Pero, más allá de los últimos resultados, está este bendito país que sigue soportando a una clase política francamente mezquina, que hasta ahora, salvo honrosas excepciones, no ha dado muestras fehacientes de que busca delinear un modelo de país más serio y de que quiere trabajar para construirlo.

 

Ahora el foco de los partidos ya está en las próximas elecciones nacionales, en quiénes serán los candidatos más potables; en tratar de quitar la mayor ventaja de cualquier negociación con el Gobierno... En fin, ahora el país está en segundo plano. Lo que le importa a la clase política es no perder o recuperar poder.

 

Me pregunto cómo hubiera estado posicionado hoy Paraguay si hubiera tenido una clase política que valiera la pena. Se supone que al menos tendría definidas políticas claras en los diferentes sectores.

 

Ciertos expertos dicen que el resultado de las elecciones fue un castigo para quienes se llenaron la boca con la palabra "cambio" y no demostraron con los hechos lo que predicaban. De más está decir que no es muy difícil perder las esperanzas en un escenario como éste.

 

Y los que hoy están en la vereda de enfrente hacen todo lo que pueden para que la gente se desanime y ya no quiera escuchar hablar del cambio.

 

Si bien esta es una herramienta de cualquier oposición política, no es menos cierto que un ambiente de desánimo, de desinterés, de indiferencia, más temprano que tarde, les afectará también negativamente a los que hoy propician el escepticismo.

 

Se puede cambiar, y como alguien dijo: intentando lo imposible es como se realiza lo posible.

 

 

 

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