• Hugo Nelson Vera Ojeda

Estoy seguro que si Ud. no saca su escopeta, por lo menos me dará una gran paliza, si alguna vez le digo esto. Irónicamente he visto a muchas personas comunes, empresarios y hasta medios de comunicaciones que están dispuestos a dar más dinero, a ese alguien que solo despilfarra el dinero que se le encarga, como ocurre hoy con los que están a favor del impuesto a la renta personal. A pesar de que el Ministro de Hacienda, haya sostenido “que no veía razones para que no entrara en vigencia dicho impuesto” es exactamente al revés. No existe justificación para la vigencia del IRP, desde ningún punto de vista. Si a usted le gusta el derecho, le puedo decir que nuestra Constitución en su art. 179 establece que la creación y vigencia del tributo atenderá a la capacidad contributiva de los habitantes y a las condiciones generales de la economía del país. Bien, diga usted mismo, si piensa que estamos en Luxemburgo, Hong Kong o Corea del Sur. Si le gusta la cuestión moral, le diré que el gigantesco aparato estatal, que incluye sueldos de buenos y hurreros funcionarios, transferencias prebendarías, viajes de políticos con sequitos, amantes, parientes etc. Sin contar con los miles de proyectos de ingenieros sociales que piensan que la educación y la reforma agraria, en plena revolución del conocimiento, son el disparador del bienestar, hacen que los ingresos sean literalmente fagocitados. Ni siquiera se tiene una alfabetización decente y cada año hay miles de jóvenes recibidos que no tienen trabajo y cada vez más campesinos sin tierra aparecerán, pues nunca recibirán un título de propiedad. Estas cosas que son solo algunas de las tantas, hacen que el ejemplo del apostador tenga, hasta una elevación moral, pues solo se ha engañado a uno. Pero la razón más ignorada, quizás adrede o por supina, es la cuestión económica. Sabido es que si uno trabaja y ahorra, más temprano que tarde conocerá la riqueza e invertirá a fin de obtener más riquezas y aunque sin proponérselo, va generando empleo. Esta práctica, hace que el mismo hecho conlleve una repetición del fenómeno en forma exponencial y sacan a naciones enteras de la miseria y es un hecho probado.

¿Y cuál es la función del impuesto? Por regla básica, constituye ingresos para el estado, mas no para los particulares, por más que la retorica diga que se redistribuirá la riqueza. Esto sería como confiar nuestro canario al cuidado del gato. Es cierto, es necesario un impuesto básico para mantener la estructura del estado que debe ser pequeña. Pero se sabe también, pues se lo aplica en nuestro país, que el impuesto sirve para desalentar algo, como el consumo de algún producto como el alcohol o el tabaco. Y ¿qué pasaría entonces si se aplica impuestos sobre el trabajo, el ahorro y la inversión? Bingo! Lo va a desalentar. Castigar a las personas por haber trabajado y ahorrado más que su vecino, no solo es inmoral sino que una estupidez. Finalmente, la excusa más repetida por los que defienden el IRP, es que con este impuesto, la gente tendrá que declarar sus bienes. Como si esto fuera importante para el crecimiento económico y más bien serviría para alimentar los chismes de doña china y hacer crecer la envidia, que precisamente es el combustible del socialismo. Supuestamente los corruptos caerán en las garras de la ley, que sería lo mismo que rociar con más veneno una pieza atestada de mosquitos, cuando las larvas salen de un pozo. La corrupción no se combate con el castigo sino con la desburocratización. La mala noticia, es que el envidioso opera como el alacrán que inyectó su veneno sobre la rana que le haría cruzar el rio: su naturaleza no le permite reconocer el éxito de quien le salva la vida, por lo que intentará matarlo, aun cuando este muera con él.

Director de la Fundación Libertad

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