La crisis que se vive en el ámbito del Poder Legislativo es algo que fácilmente podía preverse que iría a suceder más tarde o más temprano. El problema radica, como cualquiera sabe, en el bajísimo nivel de institucionalidad que posee actualmente nuestro sistema democrático, por culpa, por supuesto, de quienes asumieron la responsabilidad por ella.

Nuestros senadores y diputados, hace ya bastante rato, bajaron al sótano de la política, donde hay que manejarse con la basura y las alimañas. Observando su proceder, se diría que nunca les penetró en la conciencia el hecho de que las instituciones políticas, para que cumplan cabalmente su función, deben estar mantenidas por encima de los tironeos partidarios y de las pequeñeces que habitualmente se disputan como perros famélicos las bancadas, bancaditas, grupos, grupetes y “rejuntamientos” más o menos efímeros que se forman en la cotidianidad de la gestión en las cámaras del Congreso.    

Nuevamente los legisladores cargan con la culpa de la crisis actual. La bochornosa manipulación que, a través de sus secuaces, perpetraron recientemente en el Consejo de la Magistratura (que no es la primera y, ojalá, aunque se duda, sea la última) al parecer no fue más que un anticipo de otras artimañas que  estaban gestando en el Congreso algunos de los grupos, en contubernio con intereses del gobierno de Fernando Lugo. Fue allí donde, aprovechando su mayoría de votos en ese organismo –ya a estas alturas completamente desvirtuado y apartado de sus fines constitucionales–, la bancada colorada impuso una terna de partidarios suyos, “ilustres desconocidos”, para el cargo de fiscal general del Estado; ¡nada menos!    

Ahora se mueve el otro bando formado en una coalición de bancadas, entre ellas las vinculadas con la coalición gobernante, intentando impedir que unos títeres sean anticipados a otros para ocupar los principales cargos de las instituciones de la República. De modo que nadie puede asegurar que los que sean escogidos por las “nuevas mayorías” legislativas vayan a ser mejores que los que serán dejados de lado, pero, puestos en ese juego, da igual que sean unos u otros. Por de pronto, algunos organismos importantes, como la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Superior de Justicia Electoral, recuperarán su regularidad meramente formal, mientras que el Ministerio Público aguardará tener mejor fortuna el año próximo, aunque se vaticina otra crisis en torno a su normalización.    

Es así como se manejan, desde el nivel de subsuelo de la política, las instituciones más importantes. Es de este modo como se va dañando inexorablemente la imagen de ellas, fortaleciendo en la conciencia de la ciudadanía la muy peligrosa convicción de que el Congreso y otras instituciones republicanas fundamentales no sirven realmente para asegurar una sociedad libre, justa, equitativa y capacitada para prosperar económica y culturalmente. Y esta situación sirve, además, como bandera a los grupos violentos del “bolivarianismo” criollo para proponer arrasar con esas instituciones.    

¿Qué ciudadano medianamente inteligente se sentiría confiado en que sus intereses están protegidos después de conocer cómo los colorados y los demás grupos del Consejo de la Magistratura escogieron a unos cuantos de sus allegados para copar la terna para fiscal general del Estado? ¿Cómo va a sentirse seguro nadie que siga el proceso de elección de los máximos jueces de la República?    

El descrédito del Consejo de la Magistratura, por ejemplo, es ya tan grande a estas alturas que en la próxima convención constituyente probablemente muy pocos ciudadanos conscientes aconsejarían que se lo conserve. La misma incertidumbre cabe abrigar respecto al Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, también envilecido por la politiquería de subsuelo. Y a la misma Defensoría del Pueblo, que para lo único que sirvió hasta ahora es para gravar más pesadamente la burocracia estatal y esquilmar sus recursos. Porque, mientras se dilapida dinero en estos organismos inútiles, por otro lado se deniegan fondos para el plan “Una laptop para cada niño”, por ejemplo, que hubiera significado la apertura de más niños humildes a los nuevos conocimientos de la ciencia y la tecnología.    

Hay que decirlo claramente: la manera como los senadores y diputados manejan los procesos electivos para los cargos de las instituciones más importantes de la República es una verdadera vergüenza. Especialmente los representantes colorados, que ya ni siquiera intentan disimular escondiendo la basura debajo de la alfombra, porque ahora la exhiben encima, sin sentir ni mostrar el menor rubor.    

Todos los hombres y mujeres que habitan nuestro suelo deben despertarse de su modorra, anotar los nombres y apellidos de quienes arrastran por el fango la institucionalidad de la República, para denunciarlos en cada ocasión que se les presente y castigarlos con el voto en las próximas elecciones.

 

http://www.abc.com.py/nota/politicos-manejan-las-instituciones-desde-el-sotano/

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Anónimo

ENTREVISTA DEL MEDIO TELEVISIVO O GLOBO EN BRASIL AL CAPO “MARCOLA”:

Marcos Camacho, más conocido por el sobrenombre de Marcola, es el máximo dirigente de una organización criminal de Sao Paulo (Brasil) denominada Primer Comando de la Capital (PCC).

Las respuestas de Marcola nos aproximan a lo que puede ser el futuro de la delincuencia común en América Latina.

O Globo: ¿Usted es del PRIMER COMANDO DE LA CAPITAL (PCC)?

Marcola: Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía… ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas o en la música romántica sobre "la belleza de esas montañas al amanecer", esas cosas…

Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social.

O Globo: Pero la solución sería…

Marcola: ¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de "solución" ya es un error.
¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una "tiranía esclarecida" que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal de país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta "conference calls" entre presidiarios…)

Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.

O Globo: ¿Usted no tiene miedo de morir?

Marcola: Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva "especie", ya somos otros bichos, diferentes a ustedes.

La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común.

¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja…! Yo leo mucho; leí 3.000 libros y leo a Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país.

No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua.

Está delante de una especie de post miseria.

La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes.

O Globo: ¿Qué cambió en las periferias?

Marcola: Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio… Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y "colocado en el microondas".

Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes.

Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en "super stars" del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos "globales". Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros "clientes". Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos. (¡MENUDO COMENTARIO WOW!)

O Globo: ¿Pero, qué debemos hacer?

Marcola: Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a "los barones del polvo" (cocaína)! Hay diputados, senadores, empresarios, hay ex presidentes en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata?

No tienen dinero ni para comida de los reclutas. Estoy leyendo "Sobre la guerra", de Klausewitz. No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos Stinger. Para acabar con nosotros… solamente con una bomba atómica en las villas miseria. ¿Ya pensó? ¿Ipanema radiactiva?

O Globo: Pero… ¿No habrá una solución?

Marcola: Ustedes sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la "normalidad". No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: " Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno".

Fecha: 14/12/2010 05:39.


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