Por Guido Rodríguez Alcalá

Un capitán gana de 10 a 12.000 dólares. Un práctico, 9.500 dólares. Un maquinista, 6.000 dólares; un marinero, de 600 a 800 dólares. Me refiero a la tripulación de las embarcaciones mercantes paraguayas que navegan por la hidrovía. Además de esos sueldos, muy superiores a los de otros sectores, los de la tripulación tienen buena comida y buena atención médica gratuitas durante el viaje. Por cada dos viajes, tienen vacaciones por el tiempo de uno. Si el viaje Asunción-Buenos Aires (ida y vuelta) dura quince días, ellos trabajan en dos viajes (30 días) y descansan en el siguiente (15 días). No sé cuál otro gremio tiene tantas ventajas laborales.

La aclaración es necesaria porque un sindicalista argentino, el señor Omar Suárez, ha dicho que desea ayudar a los "compañeros paraguayos", supuestamente explotados por las compañías de navegación de bandera paraguaya. Para ayudarlos, supuestamente, Suárez y otros sindicalistas bloquearon el Río de la Plata, que ha causado mucho daño a la economía paraguaya. Salvar a quien no quiere es hacerle daño, dijo un poeta latino.

 

Los mismos trabajadores paraguayos aclararon que estaban en contra del bloqueo que ni habían pedido ni necesitaban. Por ahora se levantó el bloqueo, pero la amenaza persiste.

 

¿Cuál fue el motivo del bloqueo? Que Suárez y otros sindicalistas querían ser capitalistas. El sindicato llamado SOMU (al cual pertenecen Suárez y sus colegas) compró una empresa de navegación quebrada llamada Maruba, con dinero del Banco de la Nación Argentina. Ya tenían los barcos, pero les faltaba la carga, ¿qué hicieron? Un bloqueo para obligar a las empresas del transporte fluvial a cederles un porcentaje de la carga.

 

Naturalmente, el negocio no es solamente con las empresas que transportan la carga, sino también con las que entregan la carga. Por otra parte, la economía paraguaya, que depende del Río de la Plata para el transporte del 80% de su comercio exterior, no tenía por qué pagar la transformación de los sindicalistas en empresarios. Dejemos de lado que los sindicatos, creados para defender los intereses del trabajo, no pueden servir también los del capital -como hubiera sido el caso de los sindicalistas-empresarios-. Estos reparos no valen cuando el interés entra en juego.

 

Cómo comenzó y cómo terminó el bloqueo no queda claro aún. Suárez dijo a un medio de Corrientes que comenzó por instancia de la señora Kirchner. Después dijo que no, que la señora Kirchner instó al diálogo, y que todo se debió a una tergiversación de las declaraciones del sindicalista. Finalmente, Suárez dijo que el bloqueo terminó a pedido de la señora Kirchner. No sabemos en cuál declaración creer, pero sabemos que el comercio internacional del Paraguay depende de la voluntad de unos cuantos sindicalistas argentinos, que interpretan de manera especial los tratados internacionales del Mercosur. El Gobierno paraguayo debe hacer algo para terminar con esta dependencia.

 

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