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En su mensaje de fin de año, entre otras muchas consideraciones, la Unión Industrial del Paraguay (UIP) planteó una cuestión de enorme importancia para nuestro país y que merece un debate amplio, con la intervención de todos los sectores. La UIP afirma que es el momento de decidir la continuidad de Paraguay en el Mercosur. A casi dos décadas de la firma del Tratado de Asunción –punto de partida del Mercado Común del Sur– y, sobre todo, a 200 años de la

Independencia de nuestra nación, la situación de las relaciones con los países vecinos y la conveniencia o no de permanecer en un proyecto de integración que, nadie se atrevería a negarlo, ha aportado más perjuicios que beneficios son asuntos que deben figurar entre los primeros de la agenda política. El Mercosur es claramente un tema prioritario en las reflexiones y resoluciones que los paraguayos deberíamos hacer en el bicentenario.

Los recientes
problemas para el tránsito fluvial de mercaderías con destino a nuestro país en
Argentina demuestran hasta qué punto la integración y la convergencia de
intereses en la región es casi siempre mera retórica. Aquello que siendo aún
provincia del Virreinato del Río de la
Plata el Paraguay ya reclamaba –la libre navegabilidad de los
ríos, la abolición de los abusivos gravámenes por parte de Buenos Aires– es
todavía hoy materia pendiente. Muchos de los argumentos y de las posiciones
asumidas por el gobierno de Carlos A. López sobre este punto tienen hoy, por
increíble que parezca, una gran vigencia. Para la plena soberanía de un país
sin litoral marítimo como el nuestro es crucial el libre tránsito por los ríos,
los cuales constituyen las principales vías de exportación de la producción y
de importación de mercancías.



 



En cuanto
al Brasil el panorama no es más favorable. Al injusto Tratado de Itaipú, hay
que sumarle los frecuentes cerrojos aplicados al comercio fronterizo así como
medidas proteccionistas que dificultan las exportaciones paraguayas. Brasil es
uno de los defensores más férreos del Mercosur porque forma parte de su
estrategia de proyección global: Sudamérica es su ámbito de hegemonía con el
que el resto del mundo solo puede negociar y llegar a acuerdos con su anuencia.



 



En
contrapartida, el Estado paraguayo no otorgó demasiada atención al Mercosur,
donde siempre permitió que la voz cantante la llevaran los socios poderosos.
Prueba de ello es que hasta hace poco tiempo Paraguay careció de embajador en
Buenos Aires durante años.



 



Atendiendo
a estos hechos, a la hora de analizar el Mercosur, es importante determinar
cuánto de este balance negativo es atribuible a las actitudes de Argentina y
Brasil –que después de todo no hacen sino defender sus intereses– y cuánto es a
causa de la desidia, negligencia y miopía de la política exterior paraguaya.



 



Si el
Paraguay se ratifica en su apuesta por el Mercosur y quiere convertirlo en un
emprendimiento beneficioso será indispensable introducir cambios muy profundos
en la política exterior. Ante todo, es crucial sostener con mucha mayor firmeza
las posturas paraguayas. También es clave fortalecer decisivamente los lazos
con Uruguay y Bolivia, por ejemplo, en la búsqueda de un mayor equilibrio
regional. Asimismo, no hay que olvidar que esta iniciativa de integración no es
una jaula y que nuestro país puede y debe construir alianzas y acuerdos
económicos y comerciales con naciones de extrazona. El acercamiento a otras
potencias y mercados debe ser naturalmente un eje estratégico para el país.

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