• por Marcos Cáceres Amarilla

La política es una actividad humana. No podemos esperar que esté exenta de defectos. Y si esos humanos son paraguayos, mucho menos. Esto no justifica, obviamente, que algunos políticos cambien de postura como de calzoncillos. Pero  tampoco se puede esperar eternamente que se den todas las condiciones ideales y perfectas para tomar decisiones que pueden resultar beneficiosas para la mayoría.   

En estos días, algunos dirigentes colorados han puesto de manifiesto su extremo pragmatismo, que a algunos les puede ya sonar a hipocresía. Como sea. Asistimos al espectáculo de algunas alianzas entre líderes republicanos que hasta hace poco tiempo se trataban de lo peor. Cuestiones de la coyuntura y de la necesidad que, como todos saben, tiene cara de hereje.   

 Para no pensar mal, digamos que los dos sectores colorados que se perfilan para disputar duramente las internas están seguros de que lo que hacen es para “salvar” al partido y, de paso, solamente de paso, para salvarse ellos mismos. Esto último es un detalle. Lo cierto es que algunos colorados creen que en esta circunstancia histórica está en juego el futuro de su centenario partido, cuestión que los hace dejar de lado diferencias, enojos y resentimientos. Inclusive, llevó a algunos a pedir perdón por errores pasados. A lo mejor, no les resulte a todos creíble. Pero, como argumento para buscar la unidad, no es descabellado.   

 

 Por otra parte, la dirigencia de Patria Querida ha tomado, no hace mucho, una decisión basada, presuntamente, en cuestiones de principios, en contra del cuoteo político partidario para llenar vacancias en algunas instituciones. El temor de los patriaqueridistas era, aparentemente, quedar involucrados en el pacto líbero-oviedista porque eso afectaría “su imagen” (no se sabe si se referían a la imagen de ellos ante la ciudadanía o de la que ellos tienen de sí mismos).

 

Lo notable es que a los de Patria Querida se les planteaba en la Cámara de Senadores que eligieran de la lista de 60 postulantes para la Contraloría General de la República a los tres que considerasen los más aptos, capaces, honestos, mejores. No quedaban obligados a votar por Modesto Monges para la Justicia Electoral ni a los candidatos a la Corte fijados por oficialistas y oviedistas. Por una presunta lesión a su imagen y principios, se perdieron ellos –y la ciudadanía también– de tener buenos candidatos para la Contraloría. ¿Algún elector o simpatizante de su partido se hubiera molestado? Tal vez. Nunca se puede conformar a todos. En eso consisten las decisiones.   

 

Estoy medio seguro de que si la dirigencia política francesa no hubiera actuado en 1789, esperando el momento perfecto para hacer su revolución, en este momento seguiríamos en el mundo con monarquía absoluta.   

 

Ni el extremo pragmatismo que quiera justificar lo injustificable ni un principismo fanático que impida manejarse con acciones concretas en el enmarañado mundo político. Como se suele decir, los extremos no son buenos.

http://www.abc.com.py/nota/politica-no-es-actividad-de-serafines-que-novedad/

 

 

 

 

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