La dictadura dejó el culto al supuesto orden. En la transición, los gobernantes creían y creen que el Estado se reduce a burocracia, Policía y Ejército. Ignoran que son sus componentes esenciales la población y el territorio. Cuando se habla de progreso o de atraso, se hace referencia a la situación real de esos aspectos. Lo cierto es que el pueblo interesa muy poco a nuestros represen- tantes, así como el desarrollo y la modernización del país.

No deja de llamar la atención el interés del presidente Fernando Lugo por el rearme de la Policía y de las Fuerzas Armadas. Pero el inmenso gasto empleado por su Gobierno para el reequipamiento en armamentos, en aparatos de con- trol y en la logística del órgano "encargado de la seguridad interna de la na- ción", prácticamente -hasta el momento-, ningún beneficio trajo a la ciudadanía.

Ahora quiere rearmar a las Fuerzas Armadas, comprarles aviones y helicóp- teros. Aunque ya hace bastante tiempo que los altos oficiales de sus distintas unidades estudian que la seguridad nacional depende del desarrollo integral del país. Y que la prioridad está en el bienestar y en la evolución de su gente; además, en la preservación del medio ambiente.

 

Si están postergados el armamentismo y la modernización de los militares, nuestra realidad en infraestructura, en educación, en salud, en vivienda y en trabajo podría conmover a cualquier político que ame a su patria. Pues evi- dencia atraso en sus distintas esferas. Un mandatario, para ser un estadista, debería saber de estadística. Y tener presentes así la radiografía nacional y las necesidades prioritarias de la población.

 

Pero aquí parece que no se avizoran estadistas. Seguimos con gobernantes que creen que el Estado se limita a la burocracia, a la aduana, a los policías y a los militares. Las dos primeras para recaudar y las fuerzas públicas para salvaguardar el orden. Y como el problema de la inseguridad ha superado a estas últimas, ni siquiera ya tienen el monopolio de la fuerza. Tampoco la burocracia genera confianza, porque se ha enseñoreado la corrupción en los distintos ámbitos.

 

Como que en la coyuntura actual tenemos un histórico crecimiento, esta- mos en la obligación de que el Estado se preocupe preferentemente de los fac- tores de desarrollo para toda nuestra población y para todo el territorio na- cional. La desigualdad social existente no debe seguir agravándose. Reducir la brecha es fundamental.

 

Para eso no sirve un Estado policial. Sí el que invertirá para la integración física interna, mejorando y ampliando nuestra infraestructura, a la vez de co- adyuvar a la creación de fuentes de trabajo. Sí, sobre todo, el Estado que ha de incidir para que el crecimiento no aumente la concentración de la riqueza, sino que contribuirá a direccionarlo para impulsar el desarrollo en democracia con equidad social.

 

Entonces, ni el Estado ni el Gobierno serán indiferentes a la pobreza, cuyo rostro cruel se reproduce en las áreas rurales y en las ciudades. Su reducción y erradicación ocuparán sus decisiones y acciones, al tiempo de involucrar a la sociedad civil a la humana tarea de liberar al país de la indigencia.

 

Con ese fin, el populismo y la retórica no sirven. Se contradicen en la prác- tica. Se malversan los recursos del Estado, mientras no se destinan para iniciar el cambio con programas estructurales, sociales y culturales. Y para peor, el Estado se hace cómplice para postergar a las mayorías. Pero, más temprano que nunca, las transformaciones llegarán.

http://www.ultimahora.com/notas/390378-Un-Estado-es-mas-que-la-burocracia,-la-Policia-y-las-Fuerzas-Armadas

 

 

 

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.