• Alberto Acosta Garbarino

Esta semana, en el Paraguay hemos celebrado un aniversario más del inicio del proceso democrático en nuestro país.

Siempre estas fechas son propicias para hacer un alto en el camino y por un lado mirar para atrás y hacer un balance, y por otro lado, mirar hacia adelante e intentar hacer una proyección de las perspectivas futuras.

Antes de comenzar el análisis, me parece oportuno recordar algunas frases de un amigo del Paraguay, el filósofo colombiano Bernardo Toro, que dice: "Existe democracia cuando los ciudadanos libremente pueden definir el orden que les pemita vivir con dignidad"; "la libertad solo es posible dentro del orden", y "el único orden que permite vivir con dignidad, es el orden democrático".

En el caso del Paraguay, el orden democrático que nos dimos libremente, está plasmado en nuestra Constitución de 1992.

 

Esta Constitución fue profundamente analizada por muchos e importantes juristas, pero personalmente me fue muy ilustrativo el estudio realizado por el doctor Daniel Mendonça.

 

El doctor Mendonça utilizó una metáfora muy interesante, asimilando a la Constitución a una "máquina de gobernar".

 

La Constitución, al igual que una máquina, es un sistema donde entran demandas y reclamos (in-put) y salen decisiones y resoluciones (out-put).

 

La conclusión del estudio de Mendonça es que nuestra "máquina" está sobrecalentada por excesos de demandas, tiene una dificultosa gobernabilidad y consecuentemente sus resultados son muy pobres.

 

Es que es difícil la gobernabilidad cuando nuestros presidentes son elegidos por mayoría simple y no por la mitad más uno, como exige el sistema de segunda vuelta o balotaje.

 

Se tiene baja legitimidad de origen al ser elegidos como Wasmosy con el 39% de los votos, como Duarte Frutos con el 37% y como Lugo con el 41%.

 

Es también difícil la gobernabilidad cuando gran parte del poder fue transferido al Congreso y es "casi imposible" que un presidente pueda tener mayoría parlamentaria, utilizando el sistema D'Hondt para la elección de los congresistas en partidos políticos muy divididos.

 

Es muy difícil la gobernabilidad cuando los verdaderos líderes de los partidos políticos, si desean postularse para presidente no pueden candidatarse al Congreso. Laino, Caballero Vargas, Argaña, Oviedo o Fadul, por citar algunos, se postularon como presidentes, perdieron las elecciones y se quedaron "sin nada" y sin poder ejercer su liderazgo desde el Congreso.

 

Podría seguir citando muchas deficiencias de nuestro actual diseño constitucional o de "nuestra máquina de gobernar", pero por razones de espacio, el balance se restringe a los temas mencionados.

 

Mirando el futuro, nuestra Constitución tiene que ser ampliamente modificada, si queremos "darnos un orden democrático, con libertades y que propicie una vida digna para todos los ciudadanos".

 

No es cuestión de hombres. Todos los gobernantes que quisieron dirigir esta "máquina" fueron destruidos, basta hacer un repaso de los presidentes de la democracia: Wasmosy, Cubas Grau, González Macchi, Duarte Frutos, y... Lugo va por el mismo camino.

 

Todos han sido destruidos no solo por sus enormes errores personales, sino también por un diseño constitucional que imposibilita la gobernabilidad.

 

Muchos amigos me dicen que la Constitución tiene problemas, pero si intentamos cambiarla en medio de este clima político de crispación y de mezquinos intereses, vamos a tener una "máquina" todavía más difícil de gobernar.

 

Creo que tienen razón, pero no puedo resignarme a que los paraguayos no tengamos la capacidad y la grandeza suficiente para construir un sistema democrático que nos permita mantener nuestras libertades, con desarrollo y con una vida digna para todos.

 

No puedo resignarme.

 

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