La incapacidad de gestión de la Facultad de Medicina y la Universidad Nacional de Asunción (UNA) -sin olvidar la responsabilidad de los sectores gubernamentales vinculados directa o indirectamente al proyecto- para concluir en el plazo estipulado la construcción del nuevo Hospital de Clínicas ha llevado al país a soportar el reproche del embajador del Japón. Un diplomático no expresa su malestar por voluntad propia: lo hace porque su Gobierno está molesto por la desidia de los funcionarios que nos hacen pasar vergüenza.

Si el embajador de un país expresa una posición crítica en el territorio de la nación donde cumple sus funciones, es porque considera que todos los límites razonables han sido agotados. Por eso, excepcionalmente, abandona el recatado y cuidadoso lenguaje diplomático de la cortesía.

 

Es más: si un japonés -que pertenece a una cultura que parece capaz de esperar mil años sin inmutarse- pierde la paciencia y, no solo eso, expresa un reproche a los ineptos que no terminaron el estratégico Hospital de Clínicas, tan necesario para un país pobre como el nuestro, es porque considera como gravísima la falta en la que se incurre.

 

"No quiero explicaciones ni excusas, solo preciso resultados", tronó el embajador Kazuo Watanabe en un recorrido por las obras, en compañía del vicepresidente de la República, Federico Franco; la ministra de Salud, Esperanza Martínez; el decano de la Facultad de Medicina, Aníbal Filártiga, y el rector de la UNA, Pedro González.

 

La lapidaria crítica fue para estas autoridades, pero también al pueblo paraguayo por tener al frente de las instituciones personas ineptas.

 

Un país es pobre no solamente porque carece de dinero para solventar la necesidad de la mayoría de sus habitantes, sino también porque en los puestos públicos no están las personas idóneas que ejecuten con eficacia los diversos proyectos, ajustándose a los cronogramas previstos.

 

El Paraguay es más pobre de lo que realmente es, en parte, porque no sabe utilizar correctamente las donaciones que estados solidarios como el Japón le ofrecen. En este caso, ese país aporta 16 millones de dólares y ahora faltan 6 millones de dólares -un poco menos de 30 mil millones de guaraníes- de contrapartida local para que se termine la obra.

 

El enojo japonés llega casi al mismo tiempo que el informe del Tribunal de Cuentas europeo, que observa la corrupción y el derroche de los fondos de ayuda de la Comunidad Económica Europea al Paraguay. Tiene razón: cuando se liberan montos no reembolsables, lo primero que por lo general hacen los funcionarios es comprar lujosos vehículos, contratar gran cantidad de personal ocioso y rodearse de comodidades innecesarias.

 

El rector de la UNA, Pedro González -uno de los responsables del atraso, ya que la Facultad de Medicina de la que depende el hospital-escuela de Clínicas forma parte de su administración- solicitó que parte del presupuesto del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) sea destinado a la terminación de la obra.

 

En vez de reclamar ahora, hace rato debió clamar al cielo. En su hora y en su momento, en el Congreso y donde correspondiese. Si el rector Pedro González y los sucesivos decanos de Medicina hubieran sido conscientes del gran beneficio que aportará a los pobres el nuevo Clínicas, el Paraguay se habría ahorrado el bochorno de ser retado por el embajador japonés. La evidencia dice que nunca les importó la suerte de los desamparados.

http://www.ultimahora.com/notas/404756-el-lapidario-reproche-del-embajador-japon%C3%A9s-exhibe-la-incapacidad-de-funcionarios

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Anónimo

INEPTITUD OFICIAL COMPROMETE LA IMAGEN DEL PAÍS EN EL EXTERIOR
El incidente registrado el pasado jueves en el curso de una visita a la futura sede del Hospital de Clínicas, cuando el embajador del Japón en nuestro país, Kazuo Watanabe, expresó el malestar de su gobierno por el excesivo retraso en la conclusión de las obras del mencionado nosocomio –proyecto para el cual la nación nipona donó 16 millones de dólares–, es otra prueba más de cómo la ineptitud de las autoridades del Gobierno afecta negativamente la imagen internacional del Paraguay.

A pesar de que no es propio de los métodos ni del léxico de un diplomático manifestar tan sinceros sentimientos de indignación, sin embargo, la reacción del embajador Watanabe es más que comprensible, puesto que ella se circunscribe en un marco de lógica frustración. Esto ya es el colmo. Tal como él mismo lo señaló, todo tiene un límite, incluso la proverbial paciencia nipona. ¿Cómo dar una explicación mínimamente aceptable del injustificable retraso en la culminación de las obras de Clínicas?

Los japoneses ya entregaron 16 millones de dólares en una cooperación financiera no reembolsable –entiéndase donación–, y nosotros llevamos más de una década implementando un proyecto que, originalmente, debía estar culminado hace tres años, pero que por la ineptitud de los sucesivos gobiernos, incluido, por supuesto, el actual, no llegó a término por diferentes causas.

La ministra de Salud Pública, Esperanza Martínez, alegó como motivo del retraso la existencia en el pasado de reiteradas y profundas “crisis institucionales” al interior de la Facultad de Medicina. Por su parte, el rector de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), Pedro González, argumenta que para concluir las obras es preciso que el Estado otorgue una contrapartida local de unos 28.000 millones de guaraníes, pero como estima improbable que el Ministerio de Hacienda vaya a conceder una ampliación presupuestaria de tal magnitud, entonces se adelanta a vaticinar que los trabajos tampoco finalizarán en el presente año.

Solo excusas de entrecasa que al Gobierno del Japón nada tienen que importarle y que, además, ni siquiera debiéramos ventilar tan alegremente a la luz pública, puesto que solo desnudan la inoperancia de nuestras autoridades. La verdad de los hechos es que el Paraguay contrajo en el año 1999 un compromiso, es decir, dio su palabra formal de que la nueva sede del Hospital de Clínicas estaría terminada en 2008. En virtud de ella, Tokio nos fue entregando sucesivamente distintas sumas de dinero, hasta llegar a los 16 millones de dólares. Ellos cumplieron; nosotros, no.

Toda esta situación constituye en realidad un lamentable entramado de ineficiencia, falta de voluntad política para privilegiar proyectos de alta sensibilidad social y absoluta descoordinación institucional (en este caso, entre la Universidad Nacional, el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Hacienda y el Congreso) que ponen en riesgo cooperaciones futuras y, sobre todas las cosas, exponen innecesariamente la imagen internacional de la República, haciendo que los paraguayos seamos vistos en el exterior como gente sin palabra, como personas que no honran sus compromisos y en los cuales ya no es posible seguir confiando.

La gravedad de la situación puesta en evidencia con la protesta del embajador del Japón en nuestro país amerita que el Poder Ejecutivo convoque e instale una mesa de coordinación interinstitucional entre los organismos mencionados anteriormente, a fin de superar los escollos que todavía siguen entorpeciendo la culminación de las obras del tan necesitado Hospital de Clínicas en San Lorenzo. Es hora de que nuestros gobiernos asuman con mayor seriedad y diligencia los compromisos internacionales que nos obligan con el resto del mundo.

http://www.abc.com.py/nota/ineptitud-oficial-compromete-la-imagen-del-pais-en-el-exterior/

Fecha: 21/02/2011 05:54.


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