El resultado obtenido por los docentes que desean una plaza para ejercer la profesión en una institución educativa pública, en las materias de castellano y guaraní, fue deficiente. Aprobaron, de los 9.440 inscriptos, alrededor de la mitad. Inmediatamente este dato nos lleva a dudar de la capacidad de quienes han optado como profesión la tarea de la docencia. Si los docentes no aprueban: ¿cómo podrán enseñar a los alumnos?

En apariencia este problema es simple, pero sin embargo es complejo y nos obliga a realizar algunas preguntas que se refieren específicamente a cuál es: 1- La orientación pedagógica que se desea plasmar en el proceso educativo, 2- El objetivo buscado, 3- La validez del instrumento utilizado para la prueba, y 4- El clima creado, vivenciado, al momento de realizar la prueba.

 

Si la orientación en la conducción pedagógica es evitar presiones que no podrán ser satisfechas por medio del presupuesto, la prueba será un complicado rompecabezas, para producir el error buscado y planeado.

 

Si fuera así, la cuestión sería mucho más complicada para la educación. Ya no se trataría del problema del conocimiento del docente, porque implicaría la existencia de un procedimiento cuya finalidad sería exactamente lo contrario de lo que se debe buscar con una prueba de suficiencia.

 

Al final este tipo de prueba permitiría ingresar, no al que puede educar mejor, sino al que tiene más recursos económicos, políticos o sociales, para que todo siga igual. En este país tenemos numerosos ejemplos de pruebas realizadas para hacer caer al examinado, lo que después permite el desarrollo de toda una industria de supuestos institutos, academias, cursos, seminarios, etc., en donde trabajan los que ayudarán a responder las preguntas tramposas. Por supuesto, previo pago de la mensualidad correspondiente.

 

Pero también es necesario conocer el objetivo que pretende alcanzar con la educación que siempre tiene una dimensión cognoscitiva, a la que debe agregársele una dimensión valorativa y otra actitudinal.

 

Por eso, cuando se informa sobre unas pruebas para medir la capacidad de los docentes, el tema se vuelve complejo para no caer en simples errores repetitivos.

 

En el siglo XXI una tarea clave de la educación es la innovación. Estamos en un mundo en proceso de cambio en la economía, en la sociedad, en la cultura y en la forma de comunicarnos. Por eso, no solo interesa conocer las preguntas sino conocer también los criterios para elegir a los mejores. Esto es fundamental, porque repercutirá en otro problema clave de la sociedad paraguaya, que se refiere a la necesidad de aprender a dar razones y aprender a escuchar a otros que piensan de manera diferente.

 

En la sociedad paraguaya hemos sobrevalorado la política como una actividad solo de individuos, por eso tenemos problemas para observar los hechos relacionados en términos de proceso. La política para nosotros debe resolver problemas en el corto plazo, diarios, inmediatos y urgentes. La misma realidad se está imponiendo en los medios de comunicación. Pero la economía, la educación, la cultura y otras dimensiones de la actividad humana tienen problemas de mediano y largo plazo. Por eso es fundamental exponer la hoja de ruta del camino que se está siguiendo. Lo peor para un automovilista cuando entra en un túnel es no ver, en el frente, una luz. Aunque pequeña y tenue, la luz indica el fin y el inicio de situaciones diferentes, en el camino.

http://www.ultimahora.com/notas/404758-la-prueba-de-los-docentes

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Andrés Granje.

MAESTROS ERAN LOS DE ANTES


La frase que da titulo a este material es la expresión tan escuchada cuando se trata de explicar el bajo nivel de la educación y la mediocridad de los docentes, entonces nos ponemos evocativos y recordamos que en tiempos idos si había buenos docentes y se impartían buenas enseñanzas. Ernesto Sábato, el escritor argentino tiene una explicación a esto señalando que “no es cierto que todo tiempo pasado fuera mejor, como nos quieren hacer creer, sino simplemente que la memoria es selectiva y arroja al basurero mental las malas experiencias y conserva en una suerte de selección natural los buenos momentos”, mas allá de estas disquisiciones el hecho concreto es que en el proceso de masificación necesaria de la educación en el país se ha perdido calidad.

Uno de los signos evidente de ese deterioro es la escaza preparación de los docentes, la demostración mas palpable es la prueba selectiva de meritos y aptitudes a que fueron sometidos casi diez mil docentes en exámenes escritos para concursar por diez mil puestos en las escuelas del país, las primeras informaciones señalan que mas del cincuenta por ciento de los postulantes reprobaron. Materias que tenían que ser el pan cotidiano de los educadores como cultura general, estudios sociales, educación cívica, manejo y conocimiento de las dos lenguas oficiales etc. Esta realidad indica lo mucho que se debe trabajar para elevar la educación en el Paraguay.

Cuando la ciudadanía se preocupa por la pobre preparación que tienen los egresados secundarios y las escazas por no decir nulas herramientas que se les dan para intentar conseguir el primer empleo, debe pensar primeramente en el bajo nivel que tienen los encargados de impartir conocimientos, siguiendo la máxima que dice “no se puede enseñar lo que no se sabe”, es una obviedad pensar que por un realismo mágico los jóvenes puedan ser capacitados así.

Lo ideal es elevar el nivel de aprendizaje de los futuros docentes, se debe erradicar o exigirles mejorar a las universidades privadas que otorgan títulos de licenciados en carreras poco exigentes de un par de años de duración, con no mas que media docena de horas a la semana, en estas universidades los egresados terminan la carrera sin leer un libro completo ya que se manejan por folletos y dictados. Según el propio Ministro de Educación, los egresados carecen de lectura comprensiva, es decir no pueden analizar y comentar lo que leen, luego es poco lo que pueden enseñar cuando ya ostenta su licenciatura.

Últimamente se perdió y mucho la disciplina y el espíritu de superación en las instituciones educativas, los padres secundan las barrabasadas de sus hijitos, sobreprotegiéndolos y reclamando cosas indebidas que fomentan la indisciplina de los menores, después el relajamiento de los docentes que no imponen respeto a la institución y a la cátedra, En un ambiente tan laxo es bien poco lo que se puede aprender y progresar, ya que todo es tan regalado y fácil, aparte de la necesidad de ajustes curriculares y mejoramiento sustancial del espacio físico y de la adquisición de insumos tecnológicos o materiales de apoyo esenciales para impartir una buena educación. Así quizás ya no repitamos con tanta frecuencia que Maestros eran los de antes.



Fecha: 21/02/2011 05:51.


Anónimo

CUADERNO EN BLANCO
Por César González Páez

Motivado por los días de compras de útiles escolares, de todos los materiales que se ofrecen, tiene para mí un significado especial el sencillo cuaderno. Esas hojas, cuadriculadas o rayadas, donde aprendí a dibujar las primeras letras y con el correr del tiempo mis primeros pensamientos y sentimientos ocupan un lugar especial en las estanterías del alma.

En el "almario", como escribió una vez el cantautor argentino Alberto Cortez. Pienso en los cuadernos de antaño, los de ocho hojas, ¿se acuerdan? Los ambiciosos ejemplares de cien páginas, esos también, que uno esperaba llenar con la mayor prolijidad posible.

Esas hojas por llenar, me hacen pensar en cada día de la vida que vivimos, en este cuaderno que es la existencia que tratamos de justificar. Algunos borrones y manchas involuntarias son inevitables y a medida que uno avanza las páginas de cada día, se deterioran, como se suelen estropear muchos sueños que no podemos concretar.

Cuando se adquiere un cuaderno se compran -deberían pensarlo- ideas en blanco para llenar. Ya no voy a la escuela, pero sigo en el aula de la vida, cada año compro un cuaderno para anotar las ideas, proyectos y, en ese orden, inventariar los sueños y los sentimientos.

Por tal motivo se comprenderá por qué siento un afecto especial por este cuaderno escolar, que me permite un cielo en blanco para dibujar, desde una nube hasta anotar algún acierto o desvarío.

Páginas que no me exigen nada más que el entusiasmo del manuscrito que hoy se practica poco, porque la gente prefiere los teclados a los laboriosos lápices. La vida para mí es ese cuaderno, un testimonio de lo que soy y esperará que, quien lo lea, con permiso o no, comparta un rato nuestras ideas en formato de escritura.

No puedo dejar de pensar en los niños propietarios de nuevos cuadernos, que llenarán con los asombros que vayan sumando en la escuela. Son inocentes principiantes del mundo, como los fuimos todos y los tropiezos propios de las primeras letras.

Pero no nos pongamos nostálgicos con el pasado escolar que vivimos. Incluso en el presente estamos aprendiendo, en este Bicentenario. que la historia tiene mucho que enseñarnos y que se deberán -o deberían- llenar muchos cuadernos con descubrimientos del pasado, derrotas y valentías olvidadas, aciertos y protagonismos no reconocidos.

No hace mucho se editó en España un cuaderno en que el poeta español Antonio Machado, llenaba con pulcra letra. Eran poemas que le dictaba su alma y sólo fueron descubiertos y publicados después de su muerte. En las fotografías de cada página, porque la edición es facsímil, se puede ver el curso de su pensamiento, el título subrayado y sin tachas, como si ese poemario estuviese destinado a quedar en el formato del cuaderno.

Por su parte, el escritor argentino Jorge Luis Borges, con su diminuta letra, estampaba sus versos en un cuaderno, un poemario al que tituló Cuaderno San Martín (1929), no era otra cosa que la marca de ese producto. Un homenaje a los cuadernos infantiles que eran muy populares por entonces y que él llenó con poemas inolvidables.

Sé que tiene otros nombres y estos devienen del uso que uno le da, por ejemplo: agenda, bloc, cartapacio, cartilla, fascículo, folleto, libreta, mamotreto o protocolo. La Real Academia de la Lengua Española lo define como: libro pequeño o conjunto de papel en que se lleva la cuenta y razón, o en que se escriben algunas noticias, ordenanzas o instrucciones.

Pero volviendo al presente, puedo decir que tengo un cuaderno y una responsabilidad, llenarlo aunque no sepa bien el argumento, como muchos no sabemos qué sucederá mañana. Como todas las cosas de la vida, sabemos cómo empiezan, pero no sabemos cómo terminan.

Fecha: 21/02/2011 15:24.


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