Los largos años de abusos de los que ejercen el poder son los que rebelan a las personas. No hay paciencia ni tolerancia que duren una eternidad. La reiteración descarada de los atropellos a los intereses generales para favorecer los particulares son los que, a la larga, provocan las revueltas populares. Los políticos paraguayos tienen que tener conciencia de que con sus extralimitaciones incuban el germen de la violencia.

 

Los parlamentarios, partidos políticos y funcionarios gubernamentales que ejercen un poder discrecional -valiéndose incluso del amparo de leyes que hacen solo para sí mismos, en el caso de los legisladores- actúan como si nadie nunca les tuviera que sancionar.

 

Como viven al amparo de la permisividad y han conformado cofradías para defender a los de su clase -por ejemplo, cuando algún legislador es requerido por la Justicia para responder por la comisión de ilícitos-, consideran que la impunidad les va a proteger de por vida.

 

Por creerse omnipotentes es que cada vez amplían más el alcance de sus abusos. El ejemplo más claro es lo que hacen con el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE). Un día pensaron que esa institución podía pagar sueldos a mil recomendados de los políticos de los principales partidos.

 

Transcurrido el tiempo, probaron ir más lejos. Llegaron a 3.000. No contentos con esa cifra, alcanzaron 6.000. Y llegaron hasta 17.000 como cantidad máxima en el momento de destaparse la olla podrida.

 

Si no se hubiera descorrido el velo de los cupos utilizados con descaro, atendiendo a la progresión geométrica del avance de la cantidad de operadores, dentro de dos años hubieran llegado ya a cifras siderales.

 

A los políticos que están en el entuerto del TSJE, en connivencia con las autoridades de esa institución pública, que tendría que haber sido celosa guardiana de su integridad, dadas las delicadas funciones que cumple en la sociedad, solo les importa preservar sus intereses, sacar provecho para sus propios proyectos.

 

Inmersos en la búsqueda de beneficios personales -o de sus partidos o movimientos, a lo sumo-, han olvidado casi del todo que su función es servir a la sociedad paraguaya desde el rol que les toca desempeñar en la esfera de la Administración Pública.

 

Esa es la razón por la que no se dedican a diseñar soluciones para los graves problemas que acosan al país en los distintos ámbitos. Por eso, los campesinos sin tierra, la falta de empleos, la inseguridad, la ausencia de soberanía energética, la mala calidad de la educación y la salud, el contrabando, la corrupción y la deficiente infraestructura pública siguen esperando una atención preferencial.

 

No solo corren detrás de sus intereses y olvidan sus obligaciones: también -apenas se les presenta la oportunidad- otorgan blindaje a posturas antiéticas e ilegítimas. Incluso apañan la ilegalidad.

 

La ciudadanía ve con indignación cómo los electos o nombrados para trabajar por su bienestar se dedican a intereses particulares y, para colmo, despilfarran su dinero. Es necesario, por ello, que tomen conciencia de que la ausencia de reacción colectiva no va a durar mucho más.

 

A modo de citar un solo ejemplo reciente, ahí tienen el caso de Egipto y ahora Libia. Alguna vez el pueblo les puede pedir también rendición de cuentas. Nadie quiere la violencia, pero -si no enderezan con urgencia su rumbo- sus abusos les están preparando el camino.

 

http://www.ultimahora.com/notas/408629-Los-abusos-de-poder-de-lospoliticos-preparan-el-caminode-reacciones-incontrolables

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