En la discusión que actualmente enfrenta a los importadores de los “autos de Iquique”, los de “cero” km y los diputados que pretenden restringir el comercio de los primeros, es conveniente considerar con ecuanimidad varios aspectos de la situación. En el choque de intereses que el caso suscita, los senadores, en manos de quienes ya está actualmente el análisis del caso, deben resolver evaluando todos los componentes del problema y hacerlo de acuerdo a la conveniencia de la mayoría.    

Por de pronto, es necesario reconocer que la importación masiva de automóviles usados “vía Iquique” produjo una importante consecuencia positiva de índole social y moral, consistente en que, mediante ella, una apreciable parte de la franja media de la población dispone ahora de automóvil propio legal, lo que le otorga la posibilidad de romper con la odiosa dependencia de nuestro pésimo transporte público; ahora tiene mejor movilidad, satisfacción personal y situación legalizada. Antes, como bien se recuerda, quienes pensaban en “baratos” y podían, debían adquirir autos, camiones y camionetas “mau”, o sea, robados en el Brasil o la Argentina, condición que tan pésima fama dio a nuestro país en la prensa mundial.    

La posibilidad de importar autos usados baratos desde Iquique vino a desmontar el negociado del contrabando de autos robados y, como consecuencia, a desarticular las bandas de crápulas que se fueron conformando a su alrededor, como ladrones, paseros, vistas de aduana y militares corruptos, playeros y escribanos sinvergüenzas, etc. Centenares de compradores de buena fe fueron engañados por estas bandas, y acababan con vehículos que nunca podían transferir legalmente, o vivían en permanente zozobra por los “controles”, o, por lo que era peor, expuestos a ser robados de nuevo por los propios vendedores inescrupulosos que poseían un duplicado de las llaves, a sabiendas de que su condición era ilegal y que poco o nada podía hacer el comprador para recuperarlo.    

Es cierto que los importadores de Iquique también iniciaron su negocio por una vía oscura, subfacturando, evadiendo impuestos, sobornando funcionarios, violando leyes aduaneras argentinas y muchas otras, pero esta situación se fue corrigiendo sola, gracias a la libre competencia y la mano más fuerte del fisco, y hoy en día la mayor parte de los trámites están legalizados.    

Referente al problema de mayor contaminación ambiental de que se acusa a los automotores importados de Iquique, es preciso reconocer que la causa principal de que este efecto negativo invada el país no ocurre por culpa de los importadores, cualesquiera sean ellos, sino de las autoridades municipales y nacionales, que, careciendo de la capacidad y la voluntad de poner orden mediante inspecciones obligatorias y controles estrictos, permiten que motores sin mantenimiento –importados de Iquique o cualquier otro lugar del planeta– circulen por ahí expeliendo densas humaredas venenosas, lo que también ocurre –hay que decirlo– con autos importados “cero” km que ya tienen sus años y son poco cuidados por sus dueños.    

No es prohibiendo la importación de automotores usados que se va a corregir este problema, sino haciendo que las autoridades estatales cumplan como deben con sus obligaciones y asuman sus responsabilidades.    

Actualmente, a medida que aumenta el justo deseo de las personas que trabajan en tener auto propio legal, afán alentado por el indiscutible mejoramiento de la situación económica del país en general, crece la preocupación de los importadores de vehículos nuevos, que ven mermar sus posibilidades de ventas por causa de la competencia de los vendedores de usados. Una cifra oficial indica que en el 2010 se importaron 74.650 autos y camionetas, de los cuales 51.799 eran usados y 22.851 nuevos. En el 2003 fueron 3.248 usados y 3.204 nuevos.    

Las cifras demuestran por qué fue creciendo el conflicto para llegar, finalmente, al nivel actual, en el que los dos sectores presionan sobre los legisladores; los importadores de “cero” km, para que se pongan más obstáculos a la importación bajando a 5 años la antigüedad permitida; los de Iquique, para que se mantenga la misma en los 10 años actuales.    

En esta situación, los importadores de autos de Iquique tienen razón. Basta ver la enorme cantidad de vehículos legales de segunda mano que circulan por todo el país, y observar cómo los propietarios y familias que viajan dentro de ellos se sienten felices de poder tener autonomía y de disfrutar de las ventajas de estar en ley, considerando que antes por el equivalente de 25 millones de guaraníes de hoy compraban un auto robado “mau”, mientras ahora, por la misma suma, compran uno legal. Actualmente, este problema está casi resuelto, pero si se reduce de 10 a 5 años la antigüedad permitida para la importación de usados, el precio de venta se irá a 70 u 80 millones de guaraníes, cuando menos, monto ya sustancialmente fuera de las posibilidades de la clase media para abajo.

Volviendo al punto del nivel de contaminación que pueda existir, es injusto culpar de ella mayormente a los autos de Iquique. Hay que culparles, más bien, al enorme incremento del parque de automotores en general del país –que incluye también a camiones, tractores, motos, etc.– y a la falta de responsabilidad de las autoridades nacionales, a quienes les importa un bledo ver circular por la vía pública automotores de todos los tipos lanzando densas y fétidas humaredas. En esto da igual que el vehículo que las produce provenga o no de Iquique.    

En este sentido, llevan una enorme delantera muchos ómnibus del transporte público, verdaderas máquinas de contaminación, cuyos dueños, pese a esta evidencia que tenemos todos los días ante nuestros ojos, contradictoriamente, pretenden elevar la vida útil de esas chatarras de 20 a 30 años.    

Así, un plazo máximo de 10 años de antigüedad para los automotores usados importados por cualquier vía y de cualquier lado, a pesar de que puede perjudicar en algo el legítimo interés de los importadores de “cero” km que proveen de vehículos a la clase alta del país, sin embargo, favorece a una amplia clase media que encontró en dichos automóviles usados un escape legal a sus anhelos de transporte propio, lo que representa, sin duda alguna, un interés mayoritario de la sociedad. 

 

http://www.abc.com.py/nota/choque-de-intereses-en-la-importacion-de-vehiculos-3138/

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Delfina Acosta

Los criminales están sueltos


Los pulmones operan magistralmente en el funcionamiento de nuestro organismo.

Cuánta respiración vamos juntado a lo largo de nuestras existencias. Y cuántos aromas naturales de cuya levedad hablan los poetas, nos llevan a cerrar los ojos, y suspirar, y presumir. Si no, que lo digan los jazmines atardecidos de las veredas, las rosas de las casas parroquiales y las margaritas de los patios vecinales, que respiramos al pasear por nuestro barrio.

Esas flores producen un reverdecimiento de la sangre, una fiesta de los sentidos, si el alma es sensible, desde luego...

En los tiempos actuales, la proliferación angustiante de los gases que despiden los caños de escape ha nublado el oxígeno de nuestras vidas.

Imagino yo cuánto se acentúa el problema respiratorio de las personas asmáticas, que tienen que vérselas no solamente con la inflamación de las vías respiratorias y la reducción inmediata de aire que pueda pasar por los bronquios, sino también con la acelerada descomposición de los elementos naturales del aire que agregan mal a su mal.

Así, hablando mal y pronto (perdón por la reiteración de términos), nos estamos intoxicando todos.

Pasa un auto, y echa una nube de gases tóxicos, y esa toxicidad se expande, llega a muchos sitios, afectando a todas las personas por igual. En esta intoxicación masiva que estamos viviendo, y que podría llamarse, robando el título del libro de Albert Camus, “La peste”, no hay clase social elevada que se salve.

Muchos son los desafíos del intendente.

Entre ellos se encuentra echar a andar una solución para la polución ambiental de nuestro país. La polución es una de las principales causas de las afecciones de las vías respiratorias de los recién nacidos.

Nuestra vida es nuestra cuando la podemos gozar en la plenitud de la salud; mas si andamos con los pulmones hechos pelotas y la respiración se nos queda en la mitad del camino, nuestra vida ya pertenece a los médicos, a los alergistas, a los horarios de consulta, y la alegría y la motivación se nos van de las manos.

Crece el número de niños que vienen al mundo con serios problemas respiratorios.

La polución ambiental tiene gran incidencia en esa estadística.

¿Y qué hacen las autoridades municipales ante la vista grosera de los autos que dejan un rastro de humo negro en las calles?

¿Tenemos que digerir nomás, con agua, una evidencia de extrema inoperancia municipal?

En este diario se van publicando fotografías de los móviles envenenadores de la ciudad de Asunción y sus alrededores. Y todo sigue tan campante.

De criminalidad en alto grado acusaría yo al conductor de un automóvil humeante, sancionándole con un año o dos, de privación de la libertad.

La sociedad debe actuar. La salud que nos roban diariamente los autos disparadores de monóxido de carbono no tiene retorno. En definitiva, el caso es que sobrevuela sobre nuestra sociedad una inoperancia, una carencia de responsabilidad para dar pronta y eficaz respuesta a nuestro pedido: Queremos sanciones ejemplares para las personas que, desde su ignorancia o su carencia de códigos, salen a la calle a matarnos.

Fecha: 07/03/2011 09:29.


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