El presidente de Paraguay, Fernando Lugo, se encuentra entre los mandatarios de América con "evaluación baja", según un estudio realizado por la Consultora Mitofsky.

México.- Los presidentes de Colombia, El Salvador, Panamá y Ecuador encabezan la lista de los mejor evaluados por sus gobernados, en un estudio que incluye a veinte mandatarios del continente americano, entre ellos Barack Obama, difundido hoy por Consulta Mitofsky.

 

El único con "evaluación sobresaliente" fue el colombiano Juan Manuel Santos, que en el séptimo mes de su mandato logra que un 77 % de ciudadanos esté de acuerdo con su forma de gobernar, cuatro puntos porcentuales más a los que obtuvo en su primer mes de Gobierno, dijo Mitofsky, basado en la recopilación de evaluaciones ciudadanas en los países analizados.

 

Le siguen, en la categoría de "evaluación alta" los mandatarios salvadoreño Mauricio Funes (72 %), panameño Ricardo Martinelli (65 %), ecuatoriano Rafael Correa (56 %).

 

Después, con "evaluación media" están el mexicano Felipe Calderón (52 %), el hondureño Porfirio Lobo (51 %), la brasileña Dilma Rousseff (50%) y el venezolano Hugo Chávez (50 %).

 

Los mandatarios con "evaluación baja" son el uruguayo José Mujica (48 %), el estadounidense Barack Obama (47 %), la argentina Cristina Fernández (47 %), la costarricense Laura Chinchilla (45 %), el paraguayo Fernando Lugo (44 %), el dominicano Leonel Fernández (43 %), el chileno Sebastián Piñera (41 %), el guatemalteco Álvaro Colom (41 %) y el nicaragüense Daniel Ortega (40 %).

 

Los que aparecen con "evaluación muy baja" son el boliviano Evo Morales (32 %), el canadiense Stephen Harper (32 %) y el peruano Alan García (27 %).

 

La metodología empleada por Mitofsky consiste en la recopilación de encuestas publicadas en los medios electrónicos de diversos países.

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Anónimo

Futuro del país en rojo

por Lourdes Peralta

Después de su lamentable show de sillas voladoras, mediante el cual los colorados habilitaron a Cartes para ser candidato a la presidencia de la República, empezaron a trabajar enfáticamente en los barrios. Su labor, por supuesto, no tiene que ver con la educación política, sino con la incrustación de mensajes explícitos y tácitos de “volver a mandar”. Su polca sonó previo a sus últimas elecciones por doquier, más “batucadas” (vaya nacionalismo) y repartija de baratijas para incentivar a la gente de barrios pobres principalmente.

Tanto trapo rojo a muchos paraguayos nos trae malos recuerdos. Hace tiempo que el Partido Colorado no refleja su ideología, es sí una cama revuelta donde los corruptos, todos identificados, extienden sus sábanas sucias sobre los colorados que se dicen legítimos. Dejémonos de caudillos fantasmas y de versitos de pasados gloriosos.

Lilian Samaniego, tras ser electa presidente de la ANR, enviaba “bendiciones” a todos a través de la red social. Como mujer, no representa a las paraguayas, y hay crédulos que piensan que es ella quién decide y dirige. Un CV suyo en internet dice que “se afilió al coloradismo a los 12 años siguiendo los pasos de su ejemplar padre” (Ignacio Samaniego tuvo el comando de una seccional durante más de 28 años). La correlí de Galaverna y Magdaleno Silva es graduada en Ciencias Químicas y, según dice, tiene postgrados por allá y por aquí. Aunque de ella lo único que constatamos es su cara regordeta y gigante volanteada por todo el país, porque como luchadora social nadie la registra.

Permitir que los “honorables colorados” –¡cómo desvirtúan los conceptos!– retomen el poder será un retroceso histórico. Mucho se ha dicho que Lugo, por su doble vida, hizo pasar vergüenza a Paraguay. Si estos colorados ganan en el 2013, no vayamos a creer que nos van a admirar. ¿Quién piensa que Cartes, el “empresario exitoso”, va a interesarse por el país?

Recuerdo cuando los alumnos de Filosofía y Ciencias Humanas (UCA) atiborrábamos los excelentes seminarios del profesor Carlos Martini, que nos clarificaba: “El Partido Colorado dejó de ser un partido político para convertirse en una estructura de poder. Observen cómo en nuestra democracia cambió el escenario, pero los actores siguen siendo los mismos”. Y ese “los mismos” permanece todavía en cuantos muñecos malditos que no sueltan el poder.

Después de la decepción del presente Gobierno, de la nefasta falta de autoridad y hombría presidencial, es duro volver a creer, sin embargo los procesos son así y hay que asumirlos. A dos décadas seguimos teniendo malos gobiernos y es porque nadie trabaja por la verdadera educación política, que, en el caso de que la política aún exista, significa educar para el bien común. Si hubiera habido énfasis en esto desde el 89, hoy otra sería nuestra situación. Dale que dale con la inútil murga de las ONG, sindicatos, fundaciones, partidos progresistas, y ahora encima los metiches internacionales, pero nada, huérfanos estamos de potables candidatos.

Compatriotas honestos, esto que duele tanto es nuestro país. Preparémonos para el 2013 con otra mentalidad y actitud. Ya no corre el “yo vivo mi mundito sin molestar”, mientras otros paraguayos se desangran. No más rondas donde se discute inútilmente. Para fanatismo, terapia grupal, diversión y brillo filosófico, están el fútbol y la política mentirosa, en la vida nacional tenemos que ser prácticos y decididos. Con acierto dice el escritor alemán Durrenmatt: “El mundo no ha cambiado por la política, sino por la técnica”.

Fecha: 23/03/2011 10:38.


Anónimo

ES HORA DE QUE EL PRESIDENTELUGO SE DEDIQUE A GOBERNAR Y RESUELVA LOS PROBLEMAS
Algo tuvieron que aprender en estos años el presidente Fernando Lugo y su equipo. De ahora en más las improvisaciones no se justificarán. Y menos aún la ineficiencia en las tareas gubernamentales. Llegó el momento -ya tardío- de iniciar los cambios prometidos.
El propio mandatario reconoció que el campo está mal. Donde aún viven los paraguayos que no migraron, la dejadez y la pobreza empeoran. Y en espa- cios más reducidos y de hacinamiento. Contrastan con la expansión de la fron- tera agrícola mecanizada, de las estancias y los bosques que se deforestan para la explotación de la madera.

El paisaje del Paraguay acusa al Estado de favorecer solo a unas pocas fami- lias que concentran inmensas propiedades. Es deplorable que el 2% de la po- blación posea el 80% de las tierras. Se mantiene en 100 años la oprobiosa asi- metría que ofendió a Rafael Barrett. La población rural decreció y la descam- pesinización es un fenómeno irreversible.

La migración campesina, excedente de la emigración al exterior, forma hoy los cinturones de miseria de las ciudades. La ausencia de empleo, bajísima es- colaridad, escasa atención a la salud y falta de vivienda son las consecuencias de una política que ha dado las espaldas al pueblo.

Demorar la reforma agraria es una actitud inhumana. Denuncia la insensibilidad de los gobernantes y el egocentrismo de los que se oponen a la transformación estructural. Esta reforma no supone la mera repartición de tierras. Su finalidad es el desarrollo rural.

La primera responsabilidad reformista recae en el Ejecutivo. Y no solo por- que generó la esperanza del cambio, sino porque nada se puede impulsar con una Administración inútil y demagógica. Se necesita gente idónea y eficiente. Y también con una cultura política para comprometer al Congreso en el fun- cionamiento de la República. Así, para avanzar hacia la mayoría requerida con el fin de mejorar la Justicia y llenar los cargos -siempre anteponiendo la pro- bidad- que increíblemente se postergan.

Por otra parte, la educación -desde la inicial hasta la media- sigue con las viejas deficiencias. Ya se debió establecer la universalización del nivel medio, con aprendizaje técnico y profesional. Asimismo, la reforma de la educa- ción superior, focalizada principalmente en la estandarización de la calidad curricular, excelencia académica y producción de conocimientos.

La experiencia que el Gobierno proyecta es recurrir al desviacionismo. Es- ta táctica solo genera vacío de poder, de institucionalidad y de eficacia. Al Paraguay le urge un Gobierno competente y honorable. Y patriota, no el que nos hable de soberanía energética y en la práctica responde a la estrate- gia brasileña. Ya no hay tiempo que perder, pues la ineficiencia hundirá aún más al país en el atraso. Salvado su problema de enfermedad, ahora cabe que el presidente Fernando Lugo trabaje por la salud de la República.

A poco menos de tres años para culminar su mandato, el Gobierno tiene la obligación de salirse de su inercia de ineptitud, de desprolijidad y de confrontación. Una vez superado el cuadro de salud del presidente Lugo, su deber es ocuparse con seriedad y contracción al trabajo para superar los graves problemas del país. El agro y su gente no pueden seguir abandonados. Hay que avanzar en las reformas pendientes y conseguir el funcionamiento de las instituciones de la República. De lo contrario, se demostrará la incapacidad de gobernar.

Fecha: 24/03/2011 07:41.


Gustavo Alberto Ortiz

La defensa de Lugo al dictador libio

Fecha: 26/03/2011 17:17.


Anónimo

Alberto Vargas Peña
EL PAÍS BULLE

Toda persona que viva hoy en Paraguay siente, bajo la piel, que el país está en ebullición. Nada está bien, nadie está contento. Hay insatisfacción general. La simple lectura de los periódicos y la escucha de noticias radio emitidas conduce a constatar lo antecitado. Y es una situación que va creciendo.

El Gobierno fracasa en todo, paso a paso. No hay una organización que esté quieta, conforme. Los nombramientos continúan con los defectos que llegaron con el gobierno, y son rechazados, el del Canciller, por ejemplo, que denota una clara apuesta a la izquierda, no ha tenido buen recibimiento y los pronunciamientos del funcionario han dejado una marca indudable.

No hay prudencia ni en el Presidente ni en los funcionarios. Se actúa como si la cosa fuera común y de costumbre, mientras que el pueblo protesta y se rebela.

No es, todavía, una situación revolucionaria, pero es el camino que se está recorriendo. Lugo desafía la paciencia de un pueblo que es cada vez más impaciente.

Se huele el olor de la tormenta en los partidos políticos y mientras se busca la unidad de los afiliados se prepara las condiciones que quiere imponer un cambio ideológico inaceptado e inaceptable.

El país marcha, pero no bajo las riendas del gobierno sino contra ellas. Las protestas se suceden y cada vez más fuertes y algunas violentas.

El pueblo reclama, por ejemplo, el sistema electoral que garantice los derechos del elector y los partidos y el gobierno se niegan a comprender y a aceptar; reclama el cumplimiento de las promesas electoral y el reclamo es desconocido por el gobierno, lo que crea descontento. Nada se cumple, todo se resiste.

El público juzga al Gobierno como una organización incapaz, que no sabe hacer nada. Rechaza el liderazgo de Lugo, que no acierta una. Vota contra los pronunciamientos del gobierno, enunciados por el Presidente. El Congreso funciona de mal en peor. No hay Fuerzas Armadas ni política de Defensa.

El Paraguay carece de instrumentos militares que garanticen una defensa y el pueblo no forma parte de las reservas. La defensa del principio de la opción negativa, que se basa en la “objeción de conciencia” se extiende y prevalece.

Contemplar la situación paraguaya es como contemplar un mar a punto de producir un tsunami. No se sabe cuándo se producirá la ola que destruirá la playa. Como en ese caso, no hay quién pueda avisar nada o proponer nada para impedirlo.

La situación es estremecedora y, evidentemente peligrosa. El gobierno no estudia el problema, lo deja crecer y crece. Parece que no hay gobierno.

Lo único que busca es aumentar los impuestos, insistiendo en uno reprobado y postergado. No acepta nada ni hace nada. Lugo se porta como un Obispo, su estado anterior. No habla y cuando lo hace dice disparates que dejan en ridículo al país.

La búsqueda del cambio hacia la izquierda, rechazada por la mayoría, es el norte del gobierno. Un norte que no alcanzará y lo hundirá a plazo fijo.

Fecha: 26/03/2011 17:21.


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