Por Alfredo Jaeggli*   
    
¿Cuándo llegará el viento que sopla a favor de los luchadores por la libertad a Corea del Norte y Cuba? Desesperados ante el viento de la libertad que se inhala en el norte de Africa y Oriente Próximo, Chávez y Evo ya colocaron sus barbas en remojo y gritan contra la intervención humanitaria aprobada por las Naciones Unidas. Lugo, como aprendiz de ellos, también fustiga el despliegue de las fuerzas aliadas frente a la tiranía de Gadafi. No es de sorprenderse, pues el socialismo del siglo XXI apuesta al absolutismo como sistema político de gobierno.    
   
Hace tres meses, la inmolación de un tunecino aceleró la historia en aquella parte del mundo; sin embargo, este viento menguó cuando Gadafi se aferró al cargo y decidió asesinar a su nación para mantenerse en el poder. A la esperanza por la libertad, que regresó el fin de semana pasado con una resolución del Consejo de Seguridad a favor de una intervención militar, le espera un duelo a muerte, pues el Nerón de Trípoli prometió luchar hasta la muerte.    

Esta confrontación que sacude al mundo se da por algo tan antiguo como el hombre mismo: el sentido de libertad. La guerra por la libertad se ha desarrollado siempre entre el individuo frente al colectivismo, pues este para imponerse necesita someter a aquel. El hombre es un fin en sí mismo y no un medio para la realización de los demás o de un sistema político como pretenden los gobiernos de Corea del Norte, Cuba, Venezuela y Bolivia. Anhelo que a ellos llegue este viento que ahora destierra la tiranía de Gadafi.    

Chávez y el resto del socialismo del siglo XXI aún tienen la oportunidad para escuchar al individuo y rectificar el rumbo político de sus naciones, caso contrario, indefectiblemente se encaminan al destierro ante el viento de libertad que hoy se encuentra en el norte de Africa y Oriente Próximo. La corriente de este aire llegará a sus países si no rompen las cadenas que hoy mantienen maniatados a los luchadores por la libertad.    

Por su parte, Lugo debe cambiar su discurso ante la ola de cambio en el mundo árabe. Al momento de vivir el Bicentenario de nuestra independencia le recomiendo que escuche y lea nuestro Himno nacional, un canto a la libertad y a la defensa por una sociedad libre basada en el respeto al individuo.    
    
*Senador nacional y presidente de la Fundación Libertad.   

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Anónimo

LA PRENSA OPINA

Fecha: 23/03/2011 10:33.


Anónimo

OPERACIÓN EN LIBIA -Martes 22 Marzo 2011
¿Cómo eligen el nombre de las operaciones militares?


‘Odisea del amanecer’, ‘Tormenta del desierto’, ‘Causa justa’, ‘Plomo fundido’ son algunos de los apodos que la burocracia militar ha inventado para designar los emprendimientos bélicos. A veces, son explícitos, otras crípticos, pero nunca son elegidos al azar. Bueno, a veces sí. Explicaciones sobre el bautizo de las guerras.

¿A quién se le ocurrió bautizar Odisea del amanecer la intervención de la coalición internacional en Libia? A los franceses y a los británicos, no. París, de hecho, llama a la operación Harmattan, como un viento que sopla en el desierto, y Londres, Ellamy, un nombre de niña.

Odisea del amanecer es el nombre escogido por el Pentágono, que asegura que no lleva ningún mensaje oculto, y añade que el título surgió de un sistema de atribución aleatorio utilizado por el ejército estadounidense. En este caso, el U.S. Africa Command (Africom), que se ocupa de Libia, recibió una serie de pares de letras elegidas al azar para inventar un sobrenombre. Combinándolas, y evitando cualquier apodo que sugiriera una intención, llegaron a Odyssey Dawn, asegura el vocero de Africom, Eric Elliot, entrevistado por la revista estadounidense Wired.

Desde 1972, el ejército estadounidense impuso una serie de lineamientos para encuadrar los nombres de las operaciones, como la prohibición de usar marcas, nombres exóticos o expresiones insultantes para algún credo en particular. Tres años después, impuso la utilización del sistema basado en las dos letras, explica el Teniente Coronel Gregory Sieminski en su breve historia de El arte de nombrar las operaciones. Es cierto que bautizar las operaciones Killer (asesino) o Masher (pisapuré), como ocurrió durante las guerras de Corea y Vietnam, plantea problemas de imagen.

La regla del azar permite a veces excepciones. Sobre todo cuando se trata de iniciativas de gran envergadura, como Tormenta del Desierto en Irak en 1990. La necesidad de encontrar un nombre “vendedor” para la guerra se planteó en 1989, cuando Estados Unidos decidió invadir Panamá. Según cuenta Sieminski, una vez que el presidente George H.W. Bush ordenó la operación, el general Thomas Kelly recibió una llamada del Comandante en Jefe del Comando de Operaciones Especiales James Lindsay, quien le preguntó: “¿Quiere que sus nietos digan que usted estaba en la Operación Cuchara Azul?”. Fue así que la invasión fue rebautizada “Causa Justa”, aunque no está claro si la opinión de los nietos de Kelly mejoró con el cambio.

Por su parte, el Reino Unido también le deja la cuestión al azar: una computadora elige el nombre. Francia prefiere en cambio designar las operaciones con una palabra que no esté demasiado connotada. “Bautizamos las operaciones con el nombre de un viento, de una planta o de un animal endémico”, explica una fuente del ministerio de Defensa francés. “El primer criterio a la hora de elegir es la neutralidad, para mostrar que el nombre no vehicula ninguna simbología particular, que se trata de una planificación militar pensada y no de una guerra ideológica”.

En Oriente Medio, la inspiración suele abrevar en textos religiosos. Así, Israel bautizó “Plomo fundido” la ofensiva en Gaza en 2008, una alusión a un verso de una canción de la fiesta de Janucá que se celebraba en el momento de la operación. Otro ejemplo, en Irán, las maniobras de lanzamientos de misiles son llamadas “Gran profeta”. En cualquier caso, y pese a los hallazgos de los encargados de relaciones públicas de los ejércitos, el resultado de la guerra no cambia con el nombre.

Fecha: 23/03/2011 10:42.


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