Hace algunos días, por iniciativa del diario La Nación, se realizó una Mesa de Negocios con participación de empresarios, analistas y representantes del Ministerio de Obras Públicas acerca del momento que atraviesa el sector de la construcción y los desafíos futuros. La fuerte expansión de nuestra economía en el 2010 tuvo una de sus manifestaciones más patentes en el crecimiento exponencial del número de construcciones y obras de todo tipo, las cuales a su vez generaron una importante cantidad de puestos de trabajo. El sector de la construcción se vio beneficiado con el fuerte aumento en las inversiones –producto del ingreso al país de grandes volúmenes de divisas– y, a su vez, se convirtió rápidamente él mismo en un factor dinamizador del empleo y el consumo. El auge fue tal, que solo es comparable al período del boom de Itaipú, momento que cambió definitivamente la fisonomía de la capital del país y de Ciudad del Este.

 

Sin embargo, dos deficiencias de nuestra estructura económica no permitieron sacar el máximo provecho a la coyuntura favorable: la producción insuficiente de un insumo crucial como el cemento y la ausencia de mano de obra calificada en proporción a la demanda. Hoy se verifica ya una evidente desaceleración en el sector, en gran medida a consecuencia de estos problemas crónicos. Ahora bien, un factor que podría resultar en un vigoroso impulso para la construcción, además desde luego de un incremento en la provisión de cemento e intensivas campañas de formación profesional, está claramente en manos del sector público.

 

El señor Jorge Moreno, reconocido empresario del ramo, señaló durante la Mesa de Negocios referida que un enorme paso adelante sería tan solo que se ejecutara no ya el 100% de los presupuestos asignados a obras en las distintas dependencias públicas, sino el 80% o el 70%. Con ese nivel de cumplimiento del plan de gastos alcanzaría ya para inyectarle una importante energía al sector de la construcción. La ejecución de los presupuestos del sector público –el “gran patrón” todavía hoy– es actualmente muy baja, salvo en el caso del Ministerio de Obras Públicas. Existen instituciones que no llegan al 10% del gasto previsto en obras. En muchos casos, esta llamativa “lentitud para gastar” se debe a la burocracia y, de manera particular, a un problema mayor y más difícil de resolver: una notable incapacidad en la gestión de recursos financieros, humanos y técnicos.  

 

No parece sensato plantearse gigantescas inversiones en infraestructura y obras si ni siquiera los presupuestos actuales son ejecutados. Elevar sustancialmente los niveles de cumplimiento de los planes de gastos y mejorar la calidad de la gestión y el gerenciamiento son pasos previos indispensables. En ese campo tiene el Estado mucho que aprender del ámbito de las empresas. Allí se exalta la eficiencia y rapidez, se forja el hábito de lidiar con éxito con las dificultades y se busca a los mejor capacitados para desempeñar tales o cuales funciones. Hay una búsqueda enérgica e incesante de resultados, algo que debería replicarse a nivel de la administración pública. El pensamiento rutinario y burocrático es el gran enemigo de cualquier gestión, ya sea en una empresa o en un ministerio.

http://www.lanacion.com.py/articulo.php?impulso-a-la-construccion&edicion=2&sec=29&art=17410

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.