VIAJES AUTÓCTONOS

Publicado: 31/03/2011 09:47 por jotaefeb en PAÍS: lo que nos quebranta

 

  • Cecilia Medina

¿Cómo optimizar el tiempo durante un largo viaje?, se preguntaban las expertas, para luego sugerir:   

1- Meditar.   

2- Aprovechar los audiolibros.   

3- Escuchar música (“lo tradicional”).   

4- Leer un libro, una revista (“a la antigua”).   

5- Muchos más etcéteras, algunos económicos, otros no tanto.   

A ver cómo podemos lograrlo en el transporte autóctono...   

Diariamente nuestra vida transita en manos de un chofer de colectivo, a veces más que alterado (varias rondas, salario paupérrimo, e inquietudes propias del ser humano, incluyendo aquellas relativas a sus jefes, los empresarios del transporte).   

 

Es una titánica misión leer un libro, supongamos durante un largo viaje en colectivo al interior. Un joven con desgañitada voz brinda un mensaje de amor y paz, para luego cantar interminablemente sobre ángeles y demonios.   

 

El vendedor de chipas –entretanto– grita “¡chipa a mil!, ¡chipa a mil!”, mientras el vendedor de gaseosas ofrece “¡gaseosas bien heladaaaa!, ¡bien fría su gaseosaaaasss!”...

 

Ese torbellino de venta colectivera se multiplica con quienes ofrecen –para sobrevivir– medias, cordones para championes, pilas, aceite a diez mil, queso descremado, calcomanías, gomitas, galletitas, alfajores...   

 

Durante otro viaje, dos jóvenes ofrecen temas latinoamericanos, con guitarra y acordeón. Algo desafinados, muy entusiastas, ejecutan bien sus instrumentos y transmiten mucha alegría. Como el anterior artista de a pie, estos solicitan monedas a los pasajeros. “Tengo la suerte”... de –al entregar algunas– recibir a cambio una tarjeta del dúo dinámico “Primo y Waldo”. Llamativamente, en su reverso Waldo ofrece “masaje terapéutico, reflexoterapia y rehabilitación”, con sus correspondientes números de celular...   

 

Esta pintoresca música viajera con plus es más amena, y no tan irritante como las reguladas del transporte, ante el nuevo golpe: otro aumento del pasaje; cuya solicitud, al ser negada, podrá repetirse... sin que ello implique ómnibus nuevos, en mayor cantidad, con mejor servicio y en funcionamiento las 24 horas.

 

Cuántas veces habrá ocurrido el pensar diez veces antes de decidir viajar a algún lugar, debido a que orillan las 21:00, y casi no vuela una mosca.

 

Y qué hacer cuando urge ir al trabajo, al médico, al supermercado, sin posibilidad de transitar a pie, porque es lejos, o llueve.

 

Las movilizaciones, “reparaciones” de calles, y otras mil razones, causan desvíos, y la lotería de adivinar por dónde pasará cuál línea, que ojalá no se descomponga durante el trayecto.  

 

¿Relajada vuelta al hogar? Sería un milagro, en medio de marchas, manifestación de taxis, reguladas del transporte o calles cerradas.   

 

Viajar sentada es un lujo principesco en comparación con el sufrimiento de bajar del micro dos veces por razones de “descompostura”. Y hurgar en la cartera para encontrar el boleto y canjearlo en el siguiente bus es una heroica hazaña, con la pichadura de recordar cuántas veces vemos viajar sin pagar a “los amigos”.   

 

Culminado el viaje, y camino a casa, puede escucharse una alegre melodía de guitarra e instrumento de viento. “¿Qué es eso?”. Pues otro par de músicos en un micro: guitarrista y ¡saxofonista!, quienes brindan melodías a cambio de algunas monedas, esas que quizá dentro de poco ya no tengamos para poder abonar un necesario viaje.

 

Puede quedarnos el consuelo que caminaremos más, evitaremos el sedentarismo, o quizá tomemos la decisión de guardar algunos pesos y comprar una bicicleta, con el resultado de que nuestro paisaje se asemeje más a otros sitios donde los biciclos se encuentran a la orden del día.

 

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