La información que se hizo pública señala que Luís González Arias el candidato del Poder Ejecutivo a ocupar el cargo de Embajador Paraguayo en la República de Perú  comunicó al canciller nacional Eladio Loizaga sobre su renuncia a la candidatura por la embajada paraguaya en Perú,  Su decisión se da luego de las numerosas críticas hechas por representantes de Derechos Humanos  hacia su propuesta. Las víctimas de la dictadura stronista lo acusan de haber defendido el régimen y lo tildan de soplón. Señalan que Arias enviaba informes sobre los paraguayos en Argentina a las autoridades paraguayas que sirvieron para que los "subversivos" sean atrapados, torturados. En muchos casos se dio la desaparición de ellos.

 

Esta renuncia obedece a la férrea postura de los organismos de defensa de los derechos humanos que denunciaron en todas las formas posibles que en este nuevo tiempo ya no se puede seguir con figuras del pasado. Nunca más cierta la célebre frase de Monseñor Ismael Rolón quien afirmaba que la nueva sociedad habría que construirse con ladrillos nuevos ya que con escombros es imposible edificar.  No tenemos nada en contra de González Arias pero creemos que su pasado no ayuda para que siga sirviendo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, menos en estos momentos que el gobierno quiere transmitir signos de modernización en la gestión país, que tiene como objetivo principal al captación de inversionistas extranjeros.

 

Esta renuncia a sus pretensiones de ser nuevamente embajador del Paraguay en un país sudamericano, obedece a una única razón, González Arias comprobó que la firmeza del rechazo ciudadano a su candidatura era solida, la  desaprobación iba creciendo y sabía que no iba a parar hasta el escrache y las movilizaciones, también comprobó que los amigos que iban  a respaldar esta postulación en la Cámara de senadores, poco a poco se fueron borrando ante la firme decisión del pueblo y finalmente iba a ser vetada su nominación a pesar de tener el aval del Poder Ejecutivo, por lo que prudentemente decidió no seguir en este albur que antes que recobrar sus viejas glorias le deparaba un duro combate donde se iba a ventilar como ya se comenzó entretelones vergonzosos de su época de embajador al servicio de la dictadura.

 

Es también un toque de atención al gobierno nacional y a cualquier otra institución política que quiera presentar como embajador la candidatura de cualquier  personaje que no tenga la catadura moral, la trayectoria o la capacidad para ocupar un cargo de tanta trascendencia para el país, como es la de representar como embajador al país en naciones vecinas y amigas. Los personeros de la terrible dictadura, los  que ayudaron a consolidar el oprobioso sistema que causara tanto dolor, ignorancia y atraso al país,  deben  ocupar con dignidad sus lugares en el recoleto  espacio del ostracismo, sin obstruir ni envenenar el presente y menos el futuro de la patria con sus nefastas actuaciones, es lo menos que se les pide ya que la justicia se mostró ineficiente e inoperante para castigarlos como correspondía.

 

 

Andrés Granje

 

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