LEONCIO PIATTI

Publicado: 28/01/2016 06:46 por jotaefeb en PAÍS: lo que nos quebranta

Vladimir Jara, escribió en su muro del FB

Y murió nomás Leoncio Piatti, considerado en principio como pintoresco personaje, una especie de loco "bueno", un lunático que decía hablar con extraterrestres, que alardeaba haber hablado con Bill y Hillary Clinton por teléfono, y de ser miembro de la CIA y de la NASA al mismo tiempo, para posteriormente señalar haber realizado viajes interestelares hacia Júpiter en fantásticas naves espaciales comandadas por humanóides de otros planetas.

Piatti murió hoy en el penal de Tacumbú. Pasaron nueve años preso de su ingreso en la cárcel, y le esperaban 25 más.

Era el autor indiscutido del asesinato, a tiros, de un niño que realizaba una travesura jugando con un teléfono público frente a su casa en Barrio Obrero, cuando se iniciaron los disparos.

Absolutamente traumado por el tema Seguridad, Piatti se consideraba una personalidad más importante e influyente que el propio Comandante de la Policía de la época.

En principio, lideró comisiones vecinales de seguridad, cuyos miembros realizaban reuniones interminables con encargados de Prevención del Ministerio de lnterior; representantes municipales; y con los propios policías de comisarías y unidades policiales de investigación y reacción.

Piatti creaía saber más que todos: era el "pelota jara" del micrófono. Sin embargo,al final, de cada reunión, no se era posible rescatar una sola conclusión útil de tan tediosos encuentros. 

Eso le importaba poco a Piatti quien no desperdiciaba oportunidad para alimentar su ego y su megalomanía hasta llevarlos a tope, pasando por jactarse de ser el principal hombre del Presidente de la República, hasta convencerse por completo de que podía dialogar directamente y sin intermediarios con Vladimir Putin, con Bill Clinton, con George Bush, con Angela Merkel y hasta visitar en cuerpo y alma al mismísimo Dios Creador del Universo.

Es que Piatti estaba convencido de que accedía a los líderes mundiales. Para ello, exlicaba tener una línea particular, un supuesto teléfono celular solo conocido por los grandes líderes del mundo y también por los extraterrestres.

Se convirtió en fanático, acérrimo e inclaudicable defensor del Gobierno de Nicanor Duarte Frutos: se hizo llamador. Convencido, sobrador, sonriente, y hasta petulante, se comunicaba -y gastaba miles de guaraníes de saldo- buscando convencer a los comunicadores que lo dejaban entrar al aire de que Nicanor era el generador de la panacea que salvaría al país y al continente de la miseria y de todos los males que aquejan hasta ahora a la región.

Algunos radialistas tomaron la prudente decisión de no dejarlo ya entrar en el éter tras escuchar espantados acerca de sus encuentros con extraterrestres, de sus charlas con el Departamento de Estado, o comunicaciones directas con Bill Clinton o Hillary.

Toda esa ensalada -que convertía a Piatti en un personaje casi cómico, un loco suelto pero bueno- contaban a su vez con ingredientes que generaban miedo, temor de no conocer cuáles podrían ser sus límites.

Su conducta delataba una paranóia latente, que podrían convertirlo en un sujeto de impredecibles reacciones en caso de sentirse en peligro; se lo veía con la actitud de sheriff de una película del viejo oeste, una autoridad obligada a defender la sociedad con el arma de fuego que siempre llevaba consigo.

Y llegó ese momento tan temido y fatídico: un día domingo en horas de la noche, cuando un grupo de niños que festejaba una victoria del Cerro Porteño en barrio Obrero, pasaba en frente de su casa.

Como era predecible, Piatti no se contuvo y desafío con su arma a los menores. Uno de ellos, Josías Valiente, de 12 años, tomó el tubo del teléfono público ubicado en el lugar y simuló, jugando, realizar una llamada. 

Esta situación fue vista por Piatti como una cuestión de peligro inminente, de vida o muerte, y abrió fuego. El menor Josías cayó muerto.

Piatti pasó sus días en el penal de Tacumbú como una persona de buena conducta, aunque sus relatos delirantes de extraterrestres y, últimamente, de sus comunicaciones directas con Barack Obama y su esposa Michelle denotaban que no había superado ese obvio desequilibrio; algún tornillo seguía flojo.

Nos relataron que últimamente ya no quería comer... se había entregado... ni siquiera ya se bañaba. Sus compañeros de celda lo cuidaban. Y de repente, hoy miércoles 27 de enero amaneció muerto, en la cama de su celda. Tal vez una falla cardio respiratoria. Se lo notaba ya demasiado débil.

Piatti pagó caro el auto convencerse de que el coquetear con políticos circunstancial y temporalmente en el poder le darían una aureola de intocable, superioridad, de impunidad... Su loco cerebro, su desequilibrio emocional y mental, hicieron el resto... 

Muchos megalómanos, tipo Piatti, andan sueltos, petulantes, merodeando, "superiores", en nuestra sociedad. A esos mismos personajes -muchos de ellos muy conocidos- les vendría muy pero muy bien mirarse -al menos un poquito nada más- en el espejo de Leoncio Piatti.

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