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HA… CHE RETà PARAGUAY ✓

¿QUÉ HAY DETRÁS?

  • J. Montero Tirado

“Base Educativa y Comunitaria de Apoyo” (BECA), junto con UNICEF de Paraguay, acaba de dar a conocer los resultados de una investigación muy interesante y muy importante “sobre el maltrato infantil en el ámbito familiar” en nuestro país.   

Se trata de un estudio hecho con rigor científico para saber si hay maltrato en los hogares, qué tipo de maltratos, cuántos son los niños, niñas y adolescentes maltratados por sus propios padres y madres, tutores o encargados, cuál es el impacto sicológico que produce el maltrato infantil, cómo perciben las niñas y los niños el maltrato que reciben, etc.   

 

Es muy sugerente que los autores califiquen a este estudio “documento de trabajo”. Es cierto, lo que el estudio revela sirve para trabajar y, al mismo tiempo, demanda mucho trabajo, porque los datos que se nos dan son graves y preocupantes. Por lo visto, tenemos que reconocer que estamos muy lejos de unas relaciones y educación familiares aceptables.   

 

El 61% de los niños, niñas y adolescentes investigados dicen haber sido víctimas de maltrato por parte de sus familiares más cercanos. El 35% manifestó haber recibido violencia física grave (golpes con objetos, patadas, quemaduras y asfixia), mientras que el 13% de los encuestados dijo haber sido objeto de violencia física leve (nalgadas con la mano y con objetos, cachetadas, tirones de pelo, pellizcos y la obligación de permanecer en posiciones incómodas) y el 13% expresó haber vivido violencia sicológica (insultos, maldiciones, amenazas de abandono, entre otros).    

 

Que esto suceda precisamente en el ámbito familiar es agravante, porque, como dicen los investigadores, reciben el maltrato en aquellos lugares que debieran ser espacios de afecto y protección. ¿Qué pueden esperar los menores del resto de la sociedad si sus padres y madres les tratan así? La extendida experiencia del maltrato va configurando en los pequeños la creencia de que no puedes confiar en nadie; se está abonando la semilla de la desconfianza en los demás, se amenaza desde las raíces el tejido social de la nación.   

 

Las formas más frecuentes de violencia son cuatro: el castigo físico como recurso para conseguir la disciplina, el abuso sexual, la explotación económica y el abandono.   

 

Impresiona dolorosamente lo que leemos en este documento, porque nos golpea imaginar el dolor de tanta tierna e indefensa criatura y porque cuesta creer que haya madres y padres con esa pérdida tan desequilibrada y peligrosa del afecto, de la sensibilidad, de la ternura, del amor.   

 

Por eso, se hace inevitable preguntarnos ¿por qué sucede esto?, ¿qué hay detrás de estas personas tan violentas que ni a sus propias hijas e hijos pequeños respetan?, ¿cómo es posible que se haya destruido en ellas hasta el instinto de protección de su misma progenie?   

 

El documento merece un análisis sutil y profundo, porque algunos datos cruzados revelan pistas para descubrir no sólo lo que está pasando, sino algunas de las causas directas o indirectas por las que esto sucede.   

 

Es notable la diferencia que hay del porcentaje y nivel de violencia entre madres y padres con educación formal de nivel superior, es decir, con estudios y profesión universitaria y la violencia que hay entre padres y madres que no acabaron la escuela.   

 

La violencia con las hijas e hijos pequeños por parte de padres y madres con estudios universitarios es del 23,9%, mientras que la violencia de padres y madres sin escuela es del 46,8%. El doble. Es decir, “a mayor nivel académico logrado por las madres y los padres, menor es el nivel de violencia ejercido contra sus hijos e hijas”.   

 

Parecería que las madres que están más tiempo con sus hijos e hijas en el hogar tendrían más oportunidad de cansarse y violentarse contra ellos; pero la investigación constata lo contrario, demuestra estadísticamente que las madres que pasan menos tiempo con los hijos e hijas, son las que más maltrato ejercen.   

 

Las consecuencias de esta violencia y maltrato a los pequeños son imaginables y previsibles. Una fuente más que incuba problemas para toda la sociedad. Las pistas de solución hay que descubrirlas y deben ser objeto de políticas que contribuyan a eliminar las causas y a generar familias sanas para una sociedad con derecho a la convivencia gozosa y la felicidad.

 

jmontero@conexion.com.py  

27 de Septiembre de 2010 

 

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