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HA… CHE RETà PARAGUAY ✓

2011 MÁS SEGURO Y CON MÁS TRABAJO

  • Por Dany Fleitas

Los reclamos más repetidos del año que se está yendo fueron: seguridad y trabajo. El Gobierno descuidó ambos aspectos y obligó inclusive a los productores agropecuarios, pocos meses después del "cambio", a salir a las calles en un tractorazo para decir basta. El 31 de octubre de 2008, unos 150 campesinos atropellaron y derribaron la cerca de la estancia “El Progreso” -San Pedro-, propiedad del conocido productor Tranquilo Favero, en un hecho que marcó una serie de movilizaciones campesinas para precipitar una mal llamada reforma agraria, que terminaron convirtiéndose actos vandálicos de atropello a la propiedad privada.

Poco después se produciría algo similar, pero esta vez con las tierras de Ulises Rodríguez Teixeira, en una maniobra a todas luces orquestada por intereses económicos oscuros en la que campesinos y agentes del Gobierno estarían implicados. No es para menos, están en juego millones de dólares.

¡O casualidad!, estos casos dejarían su impronta en el nuevo gobierno. Hoy, luego de dos años, los "sintierras" siguen ahí, queriendo forzar la compra de unas tierras que en fachada estarían sujetas a la reforma agraria pero que en realidad el objetivo sería usarlas como refugio de delincuentes y una zona liberada para actos ilícitos.

 

A todo eso se sumó todavía algo más dramático y peligroso que los atropellos a las propiedades: el secuestro de personas. Y no queda solo ahí: el denominado EPP, principal ideólogo, sigue tan campante, sin que se visualice a corto plazo la captura de sus integrantes.

 

La inseguridad imperante quebrantó la  paz y tranquilidad de la gente de trabajo. Esta situación frenó nuevas inversiones. El Gobierno fue excesivamente permisivo con los "invasores", provocando un nefasto precedente y modelo que puede ser reivindicado por otros.

 

El Gobierno demostró su incompetencia en articular medidas que puedan equilibrar las demandas sociales con el sorprendente crecimiento económico de este año, por lo que la bonanza no llega al bolsillo de la clase trabajadora. Las estadísticas cantan: ahora hay más pobres en el campo que en la ciudad.

 

Los agroexportadores y empresarios de la carne le dieron un balón de oxígeno al Gobierno, pues el sorprendente crecimiento macroeconómico se debe a la pujanza privada. La gran virtud del equipo de Lugo fue no haber hecho nada en 2009 y 2010. Por suerte no se animó a intervenir o quebrantar la economía de mercado, pues ésta, por las leyes naturales de la oferta y de la demanda, se acomodó a su manera y así el país pudo crecer.

 

En unos días comienza un nuevo año, que no será fácil de sobrellevar, pues a los lindos números habrá que acompañarlos con acciones y actividades concretas, tanto de parte del Estado como del sector privado. Habrá que ver hasta qué punto Lugo y su equipo son capaces de revertir la inseguridad, llevar adelante un plan de captación de nuevas inversiones y generar nuevos empleos. De nada servirá la bonanza económica en un ambiente de anarquía generada por la delincuencia.

 

En medio de este panorama, habría que estar atentos ante un hecho político colorado que marcará también la agenda política de cara al 2013. Apenas iniciado el 2011, la ANR llevará a cabo una Convención extra para reformar unos Estatutos, considerados anacrónicos porque frenan la modernización y aparición en el escenario de nuevas figuras. 

 

Más allá de los problemas nacionales, lo que la ciudadanía espera es que Lugo, superada su enfermedad, se dedique más a la gente, comience a pisar más firme, aparte a sus bufones de la conducción y comience a tomar las riendas de una gestión sin rumbo claro.

 

http://www.lanacion.com.py/articulo.php?dany-fleitas&edicion=3&sec=42&art=6881

4 comentarios

Dionisio -

Paraguay es un pais bendecido por dios, su ubicación geografica, su clima y muchas otras cosas mas.
En Paraguay existe 800 rios y arroyos de los cuales 20 son grandes rios y dos de ellos entre los mas grande del mundo, tenemos el acuifero mas grande renovable, agua no faltara. No existe posibilidad de un terremonto de gran magnitud por su ubicación en la placa tectónica, no presntan tifones, huracanes, alues, deslizamiento de tierras, a pesar de tener muchos rios no existen grandes inundaciones. tenemos grandes riquezas naturales, bellos paisajes, y muchos mas y es por ello que Paraguay es un pais bendecido.
Todo lo escrito lo puedes verificar, solo tienes que investicar en internet

Anónimo -

País bendecido
Miguel Benítez

Vivimos en un hermoso país. No se compara con ningún otro. Podemos criticar las decisiones políticas, las cuestiones sobre el campo o quejarnos por las avenidas destrozadas, por la basura o la misma inseguridad que siempre está a la orden del día. Tampoco podemos ocultar datos que nos ubican como el segundo país más corrupto de nuestro continente.

Pero no podemos dejar de agradecer por ser un país bendito. Debemos ser agradecidos, porque a pocos días de terminar un año más podemos leer en medios informativos que el año que se fue estuvo marcado por desastres naturales. Basta con ver los números y comparar las cifras del año 2009 con este año. En el año 2009 casi 15.000 personas murieron en desastres naturales, terremotos, huracanes, etc., y el 2010 comenzó con el devastador terremoto en Haití donde murieron casi 200.000 personas, lo marcó el inicio de un año que sería récord en desastres naturales. Casi 700 muertos dejó el terremoto en Chile ocurrido en febrero. Casi 600.000 personas fueron afectadas por las inundaciones en México, que también azotaron a Colombia. Según datos de la ONU, durante la década que culmina ocurrieron 3.800 desastres naturales en todo el mundo, los que costaron la vida de 780.000 personas.

Mi querido Paraguay no ha sido afectado por desastres naturales. Somos un país pequeño pero grandemente bendecido por Dios. Terrorismo, secuestros que en otros países son casi normales... hoy día aquí el EPP no se ha afianzado como para mantener en zozobra a la población. A Dios gracias por bendecir el Paraguay; nos falta mucho, nos estamos levantando, hay errores, desaciertos, etc., pero todavía creo en mi Paraguay, creo en los paraguayos, en las mujeres trabajadoras; tengo esperanza de ver un país que despegue económica, política y socialmente. Preguntemos a aquellos que hoy están lejos de nuestro Paraguay si quieren volver, si quieren caminar, trabajar en este hermoso, Paraguay… País bendecido.

Anónimo -

Hicimos bien, pero podemos hacer mejor: crecimiento con mayor equidad

Dionisio Borda (*)


El Paraguay es uno de los campeones mundiales en crecimiento económico. En el año 2010, con 14,5% de crecimiento del Producto Interno Bruto, estamos entre los tres países con mayor crecimiento del mundo. ¡Qué motivo de orgullo y de esperanza para la sociedad y el Gobierno de nuestra República! Hemos hecho bien muchos deberes, mejor que nunca en toda nuestra historia económica.

Y no solo incrementamos la producción global. Se incrementaron varias ramas de la producción. El sector primario (agro-ganadero), el secundario (industria) y el terciario (finanzas, comercio y servicios en general). Esto hace que la noticia sea doblemente buena. Porque una economía basada en muy pocos rubros es demasiado vulnerable.

Avanzamos un poco en equidad. Pudimos disminuir la pobreza (en 3%) mientras el país sufría la severa sequía y la tremenda crisis mundial 2009. Más de la mitad del gasto del Presupuesto Nacional es gasto social (50,6%), o sea, beneficio directo a la ciudadanía, en salud, educación, transferencias monetarias y pensión para adultos mayores. Pero, todo esto es insuficiente.

Si el Paraguay quiere ser un país con proyección mundial, debe arreglar su casa, pero a lo grande. Donde 2,2 millones de ciudadanos son pobres y 1,2 millones son indigentes. Esto es peor que inequitativo, es inicuo. Y, además, constituye una estupidez. Derrochamos el factor de producción más valioso: la persona.

Pero la buena noticia es que sabemos cómo resolver el problema: –Diversificar la matriz productiva para que demande más mano de obra. –Impulsar nuestro modelo de desarrollo para que no solo genere empleo, sino empleo de calidad, con mejor ingreso para todos. –Aplicar y sostener mejores políticas sociales y políticas sectoriales que nos doten de mejor infraestructura, educación, salud y seguridad.

El problema es la voluntad para hacer estas tres cosas. Para celebrar el compromiso solidario entre la sociedad y el Estado con el fin de lograr la cohesión y la justicia social. Ya que, enfrentar estos desafíos requiere más recursos, y ello exige terminar con la inequidad, la pereza y la evasión fiscal.

Nunca tan pocos negaron tanto a tantos, como cuando 10.000 personas –sobre 7 millones– se niegan a pagar el Impuesto a la Renta Personal a través de esa minúscula mayoría parlamentaria que se empecina en postergarlo, una vez más. Deniegan transparencia, justicia y recursos necesarios, mientras nadan en la mayor abundancia.

Quien niega el progreso fiscal, deniega a la equidad y la productividad. Porque solo un desarrollo inclusivo es justo y solo un desarrollo inclusivo es sustentable. Sin inversión, o sea, gasto en capital físico y en capital humano, no podremos sostener el desarrollo. Una riqueza que no venza a la pobreza es una burbuja que en cualquier momento estalla.

No existen excusas para no trabajar juntos por la productividad y la equidad. Nadie puede defender –en nombre de ningún pensamiento– a la pobreza, al atraso o a la injusticia. Una sola nación y un solo pueblo canta el mismo himno: el de una República donde reinan Unión e Igualdad.

[*] Doctor en Economía (Ph. D. y M.A., University of Massachusetts, Amherst).
Ministro de Hacienda y Jefe del Equipo Económico.

Anónimo -

No solo hay derechos que exigir, también existen deberes que cumplir

Es natural y justo que en una sociedad como la nuestra, largamente sometida por regímenes autocráticos, opresores y represivos –el último de los cuales se extendió durante un período de tres interminables décadas y media– prime la consideración trascendental sobre la necesidad de respetar, promover y proteger los derechos humanos de los ciudadanos. Evidentemente, este debe ser un componente esencial en la formación cívica nacional.

Se comprende, entonces, el motivo por el cual los primeros diez capítulos del Título II de la Constitución Nacional estén fundamentalmente dedicados a los derechos ciudadanos, priorizando los que se refieren a la vida, a la libertad, a la igualdad, a la salud y a la educación; siguiendo con los derechos de la familia y de los pueblos indígenas, y culminando con aquellos que guardan relación con los resguardos básicos en materia política, económica y social.

Dentro de esta línea, con marchas y contramarchas, en los últimos casi 22 años, el Estado paraguayo mantuvo en salvaguarda estas garantías que, por ser inherentes a la naturaleza y a la dignidad humanas, son precisamente consideradas como fundamentales. Coherentemente, fue de principal relevancia la ratificación de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, más conocida como Pacto de San José de Costa Rica, y el subsecuente sometimiento del Estado paraguayo a la jurisdicción de la Comisión y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Más de dos décadas de lo que puede considerarse fue una época de aceptable vigencia de los derechos humanos, debe motivarnos ahora, como sociedad, a reflexionar igualmente sobre los deberes que todos los habitantes de este país tenemos en nuestra calidad de ciudadanos, en especial de lo establecido en el capítulo XI de nuestra Constitución, cuando señala que “toda persona está obligada al cumplimiento de la ley”, y que “todos los habitantes deben colaborar en bien del país”.

La prescripción es suficientemente clara: no se trata de andar reclamando derechos todo el tiempo, sino de cumplir deberes y obligaciones en la forma establecida y puntualmente. Si vamos a ejercer el derecho a manifestarnos en la vía pública, por ejemplo, no comencemos por conculcar el derecho de la mayoría a transitar libremente. Si invadimos propiedades ajenas, no pretendamos tener legítimo derecho a ninguna ventaja o privilegio. La vía de la violencia, aun en sus formas leves como la de cerrar calles, caminos y puentes, o usurpar bienes ajenos, no está respaldada por ninguna norma, ni jurídica ni ética, y no está justificada por ningún argumento valedero. La degeneración en el uso de libertades se denomina anarquía, y si esta se impone en una sociedad, acaba por disgregarla y aniquilarla, como hubo ya tantos ejemplos en la historia, como los países balcánicos, hace pocos años, para no ir más lejos.

Esta realidad fue lúcidamente expuesta por el fundador de la tercera escuela vienesa de Psicología, el célebre profesor austriaco de origen judío Víctor Frankl, superviviente del campo nazi de exterminio de Auschwitz y fundador de la logoterapia. En uno de sus libros, el científico advertía que “la libertad corre el peligro de degenerar en nueva arbitrariedad a no ser que se viva con responsabilidad. Por eso yo recomiendo que la estatua de la Libertad en la costa este de Estados Unidos se complemente con la estatua de la Responsabilidad en la costa oeste”.

El ejercicio responsable de nuestras obligaciones es algo sobre lo que deberíamos reflexionar en profundidad, a la luz de las traumáticas experiencias dictatoriales de nuestra historia, contrastado con el beneficioso ambiente de garantías constitucionales que vivimos en estas últimas dos décadas, y de las tareas y responsabilidades que todos y cada uno de nosotros tenemos en cuanto integrantes de una sociedad que ansía superar aquellos recuerdos y triste memoria para insertarse adecuadamente en las grandes avenidas de la modernidad y del progreso.

Es evidente que el sentido del deber prima de manera muy particular en las naciones más desarrolladas del mundo, donde las personas están compenetradas de sus responsabilidades, desde las más elevadas hasta las más pedestres o cotidianas, como respetar las normas de circulación y tránsito.

Son esta plena conciencia sobre la importancia de sus compromisos individuales y públicos, y la consustanciación con los valores del bien común y el crecimiento colectivo, los factores preponderantes que han hecho avanzar a estas sociedades de manera impresionante. Sin lugar a dudas, este es el camino en el que, como sociedad –hay que admitir– aún nos falta avanzar mucho para dar el salto cualitativo que nos ubique en el concierto de la vanguardia de la civilización humana.

Sin lugar a dudas, la exigencia de nuestros derechos tiene como contrapartida fundamental el cumplimiento de nuestros deberes personales y ciudadanos. Los derechos están inspirados en la justicia, la cual, según declaró Ulpiano, no significa más que “dare unicuique suum”, dar a cada uno lo suyo. En este sentido, nuestra autoridad moral para reclamar lo que nos pertenece se verá siempre incrementada en la medida en que los demás estén en condiciones de certificar, de nuestra parte, un comportamiento igualmente equitativo al que exigimos para nosotros mismos.

Si estos son los principios que el Gobierno impone como bases de conversación y negociación social, ya no se tendrá que tolerar que las medidas de fuerza sean los primeros pasos que cualquier grupo de personas dé en sus reclamos a las autoridades. Que quien no pruebe cumplir cabalmente con sus obligaciones civiles y políticas, que no reciba el menor derecho a efectuar ninguna demanda. Y que quede finalmente bien claro y establecido que el ser pobre no da derechos privilegiados a violar la ley, como que el ser rico no dé derecho alguno a la impunidad.

Este último día del año es buen momento para reflexionar por parte de cada una de las personas que habitamos este país, que el reconocimiento de estos derechos y las responsabilidades que le acompañan indivisiblemente, es la única forma en que se podrá edificar la sociedad equitativa y solidaria que todos pretendemos para el Paraguay.