•  Benjamín Fernández Bogado

Para aquellos que afirman que la carrera de la vida en el Paraguay es una de resistencia más que de velocidad, tienen varias razones para justificar su teoría. Un rápido viaje por las rutas del país muestra que hemos vuelto a los lomos de burro, cuya destrucción fue de las pocas obras buenas del gobierno de González Macchi. Hoy están en la misma posición y con los mismos peligros. Horizontalmente ocultos y sin ninguna señalización previa, pasan a convertirse en verdaderas trampas en los caminos de la patria. 

En Guadalajara existen en las calles de la ciudad de manera oblicua, con lo que impiden un daño a los vehículos a su paso sobre ellas. Aquí en el Paraguay todas de forma horizontal, se constituyen en una verdadera metáfora de las políticas públicas, con respecto a cosas tan sencillas como las comentadas. Los escasos resultados de las administraciones municipales y el eterno como repetido conflicto sobre jurisdicciones de las rutas nacionales que pasan por ciudades y pueblo, parecieran encontrar un mecanismo dilatorio en colocar o destruir lomadas en una absurda reiteración de una falta de políticas orientadas a ordenar el tránsito por el país.

 

Si le sumamos a los animales sueltos que se constituyen en trampas móviles, y las apariciones furtivas y siempre interesadas de los policías camineras en facturar, más que educar vialmente, podemos concluir que en el Paraguay las cosas no cambian porque no existe una voluntad, vocación ni inteligencia aplicadas a que las cosas cambien. La repetición en el error, la absurda reiteración en las cosas que no andan bien... nos ha llevado a ser un país previsiblemente lleno de obstáculos que se constituye en la emboscada perfecta para las peores formas de villanía desde el poder.

 

Los animales sueltos en ruta fueron solucionados en Costa Rica con una ley, que decía que cualquiera que encontrara un animal en las rutas podía hacerlo suyo, ya que su presencia sin cuidado lo equiparaba a una pieza de propiedad de todos. Cuando comenzaron a alzar y faenar vacas, caballos, burros y cerdos, los propietarios consideraron que era mejor tenerlos a resguardo que sacarlos para hacer "turismo" a la vera de las rutas con los consiguientes peligros para los conductores. Esta es una medida práctica que podría aplicarse entre nosotros y resolvería el problema.

 

Las lomadas pueden ser sustituidas por otros mecanismos de alerta que lleven a la disminución de la velocidad, que parece ser el objetivo de fondo de su presencia en rutas fundamentalmente. Si percibimos su necesidad en las calles de nuestras ciudades o pueblos, colocarlos de manera oblicua evitaría daños a los vehículos a su paso. Son medidas prácticas y sencillas que nos darían la sensación de hacer algo a favor de mejorar la calidad de vida de millones de paraguayos que todos los días tienen un motivo reiterado para sentirse miserables. En Encarnación han colocado los de Yacyretá, una rotonda -otra fascinación vial del paraguayo- a la salida y entrada de un puente sobre el arroyo Quiteria. Ya nos imaginamos las tremendas dificultades al tránsito que producirá en las horas pico de circulación.

 

Correr la carrera de la vida puede ser más fácil con algo de lógica aplicada a las cosas simples que de verdad es donde se notan la auténtica revolución y el necesario cambio. Empecemos por ellas para acometer luego las grandes que a veces son resultados de las pequeñas.

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