La embajadora estadounidense Liliana Ayalde dijo que conversa con el ministro Rafael Filizzola para que EE.UU capacite y arme a la policía paraguaya. El anuncio nos recuerda el papel que cumplió el país del norte en la dictadura estronista.

En un libro obligado para la ciudadanía, pero en especial para comunicadores, historiadores y activistas sociales, el periodista Miguel López va demostrando cómo los diarios paraguayos Noticias, ABC Color y Última Hora aportaron durante la transición para que seamos un pueblo sin memoria y veamos a la dictadura militar-partidaria de Stroessner menos perjudicial de lo que fue. Encontramos en el texto muchos episodios que pueden explicarnos, de alguna manera, por qué hay muchas veces anestesia social ante injusticias, y su correlativa impunidad.

“Los silencios de la palabra” (Servilibro, 2003) sostiene que inmediatamente después de la caída de Stroessner, empezaron disputas por cómo recordar la dictadura, qué sentido histórico darle. Y que en estas batallas, las páginas de los diarios fueron el escenario más estratégico, al ser la prensa escrita uno de los medios culturales de mayor alcance.

Todo empezó cuando, en medio de un contexto todavía de amenaza de regreso, los medios derramaron un baldazo de legitimación sobre hombres que emergieron del estronismo como Andrés Rodríguez, Luis María Argaña, Lino Oviedo, Juan Carlos Wasmosy, principalmente. Pero no sólo la prensa, también lo hicieron algunas fuerzas políticas de la oposición de aquellos años.

“De esa circunstancia- escribe el autor- derivó que la instalación de la idea de que la dictadura fue nada más que (violación de los DD.HH. genéricamente y lesiones a las libertades públicas sin darles además la dimensión política e ideológica ni el contexto que contenía ese acto), generó una especie de velo de silencio sobre los demás aspectos de esa misma dictadura”.

Cuando Miguel López habla de que se escondió ¿sin querer o queriendo? otras facetas del estronismo, como por ejemplo la corrupción económica, podemos pensar que eso nos explica en parte por qué hasta hoy, 21 años después, el Estado paraguayo al empuje de la ciudadanía, todavía no investigó ni expropió los bienes mal-habidos, todavía no investigó ni pagaron todos los culpables del terror, como dijo Rogelio Goiburú, de padre desaparecido, “Hoy, año 2010, hay como mínimo 350 violadores y torturadores que andan suelto diariamente entre nosotros”.

Además de esto, el autor explica en su texto que los propios diarios Noticias, ABC Color y Última Hora se auto-beneficiaron con las omisiones, pues invisibilizaron el apoyo mediático y el soporte ideológico que dieron a la dictadura militar, incluso durante décadas. Sumó a las fuerzas políticas que se juntaron para empujar a Bareiro Spaini del cargo, tras la escaramuza con la señora Ayalde.

A propósito de ella, ayer leí en el diario sus declaraciones, decía que viene hablando con el ministro del Interior, Rafael Filizzola. Ya está todo encaminado para que las fuerzas de seguridad del país del Norte capaciten y brinden equipamientos a la policía paraguaya, como en la época más nebulosa de nuestra historia. La noticia estabaescrita con la misma indiferencia con que se comentan las informaciones meteorológicas.

Cierto trabajo periodístico ayudó –lo sigue haciendo- para que se suelte la piolita que une, irremediablemente, a EE.UU con las dictaduras militares del pasado, con la corrupción, con la tortura y la carnicería en los calabozos de Stroessner. Sería bueno para nuestra historia que la prensa investigue que pasó cada vez que nuestros policías y militares fueron capacitados por las fuerzas estadounidenses.

http://ea.com.py/las-piolitas-de-la-historia/#more-1734

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