• Andrés Cárdenas

La vida de los inmigrantes paraguayos en Argentina, analizada desde fines del siglo XIX hasta nuestros días, con el aporte de teorías sociológicas, políticas y un riguroso estudio estadístico, conforma la reciente obra del investigador argentino Gerardo Halpern.

    El libro gira en torno al concepto de "etnicización" y discriminación hacia esta comunidad, en formas que variaron a través del tiempo, así como rastrea sus luchas de décadas por la integración contra un estado expulsor -como el pedido del derecho a voto en el extranjero y otras reivindicaciones- y en un país receptor que le impone reglas no siempre equitativas.

    "Etnicidad, inmigración y política. Representación y cultura política de exiliados paraguayos en Argentina" (Prometeo) reúne investigaciones de Halpern, miembro del Grupo de Estudios Sociales sobre el Paraguay de la Universidad de Buenos Aires.

    La riqueza de la propuesta, entre otros muchos aspectos, se basa en el estudio de cifras estadísticas oficiales de ambos países, que le permite identificar y desbaratar prejuicios arraigados, de intencionada raíz xenófoba, como la invasión limítrofe que "perjudica a los trabajadores argentinos".

    "La idea (en el imaginario de cierta porción de la población argentina) del ’enclave europeo’, la idea de que descendemos de los barcos, requiere de la indigenización salvaje de Paraguay y Bolivia, del ennegrecimiento o la carnavalización de Brasil, de la provincialización de Uruguay y de un desprecio de combinaciones explosivas hacia Chile", dijo en sintonía con el libro y al presentarlo el estudioso Alejandro Grimson.

    "Los motivos principales por los que los paraguayos (al igual que los bolivianos) superaron en número a los inmigrantes europeos -italianos y españoles- han sido, básicamente, el mantenimiento constante del movimiento de poblaciones entre Paraguay y Argentina, a la vez que la detención -ya histórica- de los flujos europeos hacia la Argentina", explica Halpern sobre los cambios de composición migratoria entre 1869 y 2001.

    La migración paraguaya tuvo picos tras la enajenación de tierras públicas que siguió a la derrota de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), la guerra civil de 1947 y especialmente la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).

    Asimismo, en consonancia con los propios movimientos internos argentinos, la masa de inmigrantes paraguayos se insertó al principio en labores agrícolas en las provincias del nordeste para pasar a tareas industriales, en la construcción y los servicios en Buenos Aires y su conurbano desde la década de 1950 hasta nuestros días.

    Sin embargo, un dato interesante son los poco más de 325.000 paraguayos registrados de modo oficial en Argentina hasta 2001, cifra mucho menor a los casi dos millones que autoridades de Asunción estimaban hasta hace pocos años, cuando en todo Paraguay la población total apenas superaba los 5 millones.

    Este volumen de cifras migratorias, sólo se da en casos de catástrofes naturales, genocidios o guerras, y no son reales para el caso paraguayo, según el autor.

    Una estimación realista indica, para Halpern, que tras la crisis económica de 2001 en Argentina, España pasó a ser el segundo receptor de migración paraguaya, cuya comunidad aún así no supera actualmente los 30.000 residentes.

    De todas maneras, la población paraguaya en el extranjero representa, con cifras cotejadas, casi un 15% del total actual del país, un número ciertamente muy alto.

    Halpern sostiene que la versión intencionada de la "invasión" de inmigrantes paraguayos (y de otros países limítrofes y Perú) a Argentina obedece a relatos que buscan discriminar, generando una "alteridad" de indeseables sobre los que hacer recaer la culpa de los problemas que afectan al país.

    Así los inmigrantes limítrofes pasaron a cargar sobre sí desde la desocupación y el clientelismo hasta el aumento de la delincuencia o las epidemias de dengue y cólera.

    A configurar este panorama ayudó por décadas el propio estado paraguayo, especialmente durante la dictadura de Stroessner, alimentando la versión de que los paraguayos que se iban, lo hacían "porque no querían a su país" y si intentaban volver, no eran verdaderos ciudadanos sino "extraños, argentinizados, curepizados (mote despectivo para los argentinos)".

    Una versión del "otro", del indeseable, pero esta vez replicada en espejo desde el país que los expulsó por persecuciones políticas o por carencias económicas.

    El estudio es abundante en entrevistas a los "exiliados" paraguayos, término con el que se autodenominan aún los inmigrantes por motivos económicos, en las que hablan sobre sus deseos de regresar, pocas veces concretados, y sobre la noción de "gratitud y deuda" hacia un país que los recibió, aún con leyes migratorias deficientes y en condiciones laborales precarias respecto de la población local.

    Asimismo se analiza en el libro, década por década de la segunda mitad del siglo XX, la activa participación política de los paraguayos tanto en organizaciones propias (con núcleos fuertes como el Club Deportivo Paraguayo o las multitudinarias peregrinaciones anuales de Caacupe’í, en el conurbano bonaerense) así como en partidos y movimientos argentinos, especialmente en la lucha contra la dictadura stronista.

    Las víctimas del Operativo Cóndor, de coordinación represiva entre las dictaduras en los años ’70, y de los intentos de lucha armada promovidos desde Argentina contra Stroessner como el Frente Unido de Liberación Nacional (Fulna) y el Movimiento 14 de mayo, a fines de los ’50 e inicios de los ’60, son también relevadas en capítulos aparte.

 

 

 

 

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