Publicado por Carlos Rodríguez

No es duradero en su función sino quien produzca resultados para la nación. Si su gestión no satisfizo las expectativas, le espera el famoso y triste decreto de agradecimiento por sus servicios prestados. Poner una vez al año a disposición del Presidente de la República los cargos de confianza nos ubica ante un cambio sensacional que ayuda a transformar el fundamento de la visión de un funcionario público.

Dentro del nuevo esquema, los funcionarios tienen menos tiempo de pensar en maniobras personalistas inmorales porque deben trabajar en serio. Es positivo este sistema de anual examen final de los ministros y presidentes de entes públicos. Es novedoso entre nosotros a pesar de que es una joya de la democracia desde hace muchos años en países avanzados.

 

Los más aptos

A la larga este sistema crea la base para la supervivencia de los más eficientes y así, triunfan los que han estudiado, los que se han capacitado, los que piensan en la nación. En suma, los competentes.

 

Hoy funciona a nivel de cúpula de las oficinas públicas pero quien es el ministro o presidente de ente público que en el futuro va a nombrar subalternos que no lo ayuden a garantizar el éxito en su gestión.

 

 

 

Estrés saludable para la República

 

Se publica en estos días que muchos de los ministros y altos cargos del gobierno viven momentos de incertidumbre e insomnio porque no saben si van a continuar en sus cargos. Puede sonar sádico pero estamos ante un estrés extremadamente saludable para la República.

 

Ya no sirve el hecho de tener el pañuelo del color que agrada al jefe.

 

El perverso concepto de que “el mejor amigo de un colorado es otro colorado” queda atrás o que “nosotros los liberales necesitamos más cargos para nuestros correligionarios porque queremos mandar porque ayudamos a ganar las elecciones”.

 

 

 

Va a desaparecer el “padrino” político

 

Importa la capacidad para el cargo y no el mérito partidario. Cada vez es menos importante tener un “padrino” en el poder.

 

La mentalidad mafiosa de la política paraguaya, está en retirada y como ciudadanos debemos percibir los nuevos valores que se instalan para apoyarlos y contribuir a fortalecerlos.

 

 

 

No más listas sábana para parlamentarios

 

Estamos indudablemente ante un cambio fundamental que es la base para pasar a otro terreno: el de la eliminación de las listas sábana de los parlamentarios donde la trampa consiste en poner el nombre de tres o cuatro candidatos potables para completar el combo con un grupo de indeseables.

 

Estos últimos generalmente tienen dinero malhabido con el que financian la campaña y logran ingresar al cuadro de diputados y senadores a fin de traficar influencias y cometer todo tipo de tropelías para encumbrarse política y económicamente.

 

 

 

La diferencia conceptual entre Lugo y Carrizosa

 

Es en este punto donde cobra dimensión la diferencia de criterios sobre democracia entre Fernando Lugo y Miguel Carrizosa porque para este, lo importante es garantizar el voto sin importar la calidad del votado.

 

A Carrizosa le importa que el ciudadano vote sin importarle la “lista sabana” que protege a los indeseables de la política paraguaya. Lugo defiende una profundización y ampliación del concepto de democracia, más allá del voto. Votemos todos pero corrijamos el impresentable esquema de listas sábana.

 

Estamos en buen camino pero dejar atrás la cultura mafiosa de la política paraguaya nos va a llevar aun mucho tiempo y esfuerzo.

 

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