• José L. Caravias, sj

Cuenta la Biblia que después de más de 40 años de dictadura sanguinaria del rey Manasés (siglo VII aC), el pueblo puso sus esperanzas en el joven rey Josías. Pero el profeta Sofonías insistía en que no soñaran con que su nuevo buen gobernante les resolviera todos sus problemas. La esperanza estaba en ellos mismos, en grupos de comunidades y familias honradas. La crueldad de Manasés fue posible porque el mismo pueblo se había encerrado en sus miedos y sus idolatrías.

 Un pueblo pasivo, acobardado, fanatizado, es caldo de cultivo de crueles dictaduras. Según Sofonías, la esperanza de reconstrucción de su sociedad se apoya en gente honrada, que confíe sólo en Dios, y no en algún "ídolo". Gente que manifieste su fe en Dios siendo honrados. Personas que saben que el que cree en Dios practica la justicia, como ya había enseñado el profeta Amós un siglo antes.

Él describe a estos grupos de la esperanza. Están formados por personas con 3 cualidades: 1) No buscan enriquecerse desmedidamente; no les gustan los lujos, los despilfarros, los gastos innecesarios. O sea, son austeros. 2) No dicen mentiras, ni se creen las que les llegan. Es gente consciente, a la que no se le puede manipular. 3) No cometen injusticias ni dejan que se cometan. Son justos a todos los niveles.

La consecuencia de todo ello es que pueden comer en paz con su familia "debajo de su parral". Fe madura, no idolátrica; austeridad de vida, verdad y justicia como valores primordiales. Y paz como fruto, según predijo Isaías: "El fruto de la justicia será la paz". Sofonías no sueña con que toda la gente llegue a ser honrada. Le bastan unos buenos grupos: "los pobres de Yavé". "Levadura en la masa", dirá más tarde Jesús.

Convenzámonos: Ningún Josías'í podrá sacarnos de la miseria sangrienta provocada por algún Manasés guasu. Sólo grupos honrados del pueblo, "el resto", podrán construir un país nuevo. Técnicos y grupos populares, libres interiormente, no amarrados a ninguna clase de fanatismo ni egoísmos, y que de ninguna forma transan ni con la falsedad ni con la injusticia. Podrían leer los capítulos 2 y 3 del profeta Sofonías. Es interesante constatar cómo se identifica a los enemigos del pueblo, y qué tipo de pueblo es en el que el profeta deposita sus esperanzas. Poco antes de las últimas elecciones paraguayas me comentaba un especialista extranjero que para que cualquier buen gobernante pueda triunfar en su tarea necesita con él un equipo multifacético de al menos doscientos técnicos honrados, pues son muchas las tareas a realizar. No parece que Fernando Lugo haya conseguido ese cupo, pero tenemos que admitir que sí tiene un buen grupo de técnicos honrados. Y de ellos podemos esperar mucho, a pesar de las zancadillas y empujones que reciben. Pero no basta con el compromiso de técnicos honrados. Grupos populares honrados son también imprescindibles: comisiones vecinales y comunidades de base que se esfuerzan por mejorar su ambiente, organizaciones populares y sindicales que luchan por reclamos justos, sin dejarse engañar, sin engañar ellos a nadie; grupos que no abusan de nadie, ni se dejan explotar por nadie. Familias unidas y serviciales. Sólo así será posible comer tranquilos en familia "debajo del parral". No vale atrincherarse pasivamente con la excusa de que son muchos los corruptos infiltrados en los partidos y organizaciones. Que un cuerpo tenga partes enfermas no es razón para tirarlo a la basura. Hay que curarlo. Y para ello lo mejor es potenciar las partes sanas... Los virus malignos que corren por las venas de nuestra sociedad se esfuerzan por tragarse a los glóbulos blancos, guardianes de nuestra salud. La única solución es fortalecerlos. El pueblo sencillo, consciente, austero, valiente, honrado y técnicos honrados. Juntos son la esperanza. El buen funcionamiento del corazón y la cabeza, y de todo el cuerpo, depende de la vigilancia purificadora de estas "células vitales".

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