• Víctor-Jacinto Flecha  

El Paraguay vive un momento de no definición. Quiere trascender el pasado pero no logra desprenderse de ella. El nuevo gobierno “tantea” en forma permanente caminos que le son denegados para transitar y no tiene otra alternativa que volver sobre sus pasos. La ausencia de una política de gobierno, convertida en política de estado, diseñada con objetivos claros, precisos, transparentes hace desconfiar de cualquier proyecto planteado por el Ejecutivo nacional.    

Diferentes e importantes sectores sociales como los grandes productores mecanizados agrícolas, campesinos sin tierra, pequeños y medianos productores, indígenas, los sin techos manifiestan su descontento con el gobierno. Que los sectores oligárquicos señalen su desconfianza hacia el gobierno pudiera ser “natural” en cuanto el gobierno dice ser el instrumento del cambio en el Paraguay y que está a favor de los pobres, pero que los supuestos beneficiarios de ese cambio también manifiesten y llenen las calles y cierren carreteras y caminos ya se refiere que algo no funciona en esa política de cambio. Sectores de izquierda cercanos al gobierno tienen un discurso radical sin que tengan la fuerza electoral de convertir en realidad sus sueños. Los sectores de derecha toman como pretexto esos desaforados discursos para obstaculizar en el Congreso, ya que tienen mayoría, toda iniciativa del Poder Ejecutivo, aún cuando el Presidente Lugo sigue manifestando que no es de izquierda sino de centro.

 

La situación es tal que estamos en un proceso de no definición cercana a la nada. Esto conlleva peligrosamente ante una crisis de gobernabilidad, ya que el gobierno da vueltas a todos los asuntos, como una noria que gira sobre si misma, sin lograr romper los viejos vicios del pasado y plantear y realizar acciones que pueda superar ese pasado, como para fortalecer la esperanza de que existirá el cambio.

 

Superar esta situación, encontrar las vías de resolver los problemas que trae aparejado la misma es el mayor desafío con que se enfrenta las autoridades paraguayas. Necesitamos rehacer nuestro país, un cambio de raíz, una verdadera revolución en la concepción misma de la política, del gerenciamiento público. Alfred Einstein decía refiriéndose a la crisis “que la verdadera crisis es la crisis de la incompetencia, sin crisis no hay desafío, decía y sin desafío la vida es una rutina. Entonces necesitamos cambiar la vida para superar la crisis.

 

Para ese desafío necesitamos liderazgos proactivos, que comprendan los intereses de la comunidad a corto y a largo plazo, una percepción afinada de los equilibrios que esto implica. Necesitamos que nuestros s líderes tengan legitimidad, ya que con ella se obtiene que funcione una comunicación efectiva entre el liderazgo y ciudadanía. Ahora bien, hay que saber que comunicación no depende tanto de las habilidades del político para comunicar sino que tenga credibilidad. Pero también la credibilidad no es automática sino es producto de un proceso de percepción de la ciudadanía de la consistencia entre el discurso, las acciones y los resultados.

 

Se necesita liderazgo con visión, legitimidad, capacidad de actuación y que sean capaces en convertirse en catalizadores del proceso de aprendizaje de los cambios y de adaptación social, que sea capaz de catalizar el cambio institucional del Estado, que pueda poder plantear soluciones a los problemas y opciones creativas ante cada situación, cuyas soluciones no tienen respuestas preestablecidas. Ello plantea de manera permanente la necesidad de ir aprendiendo de los cambios e iniciar procesos de aprendizaje social.

Los líderes gubernamentales deben mostrar resultados concretos, tangibles de lo contrario es puro discurso. Esta crisis incipiente de gobernabilidad que ni los propios partidarios están contentos es una oportunidad si es que se toma las medidas necesarias para crear un gran consenso nacional en definir nuevas articulaciones viables entre la sociedad civil y el Estado y colocar al país en poleas activas en el mundo. Esta crisis es una oportunidad única, aprovecharla es cuestión de los liderazgos.

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