• Alberto Acosta Garbarino

Presidente de Desarrollo en Democracia

Este artículo lo estoy escribiendo en el camino de regreso de un viaje que hacemos todos los años a la ciudad de Rosario-Argentina. Un viaje que realiza la Fundación Desarrollo en Democracia con los participantes de un Programa de Formación de Dirigentes.

El motivo principal por el cual viajamos a esa ciudad es conocer la magnífica experiencia que ella tiene en la cooperación público-privada.

Rosario es en este momento el principal puerto cerealero del mundo. A lo largo de 100 km sobre el río Paraná, se extienden decenas de puertos privados por donde sale el 85% de la exportación de soja, el 80% de la de maíz y el 75% de la de trigo, de la Argentina.

 

Junto a los puertos se encuentran también decenas de enormes plantas industriales que constituyen por su parte el mayor complejo industrial del mundo en la elaboración de aceite de soja, que es exportado principalmente a la India y a la China.

 

Hasta el año pasado, antes de que China impusiera restricciones a la importación, el 50% de todo el aceite de soja que el gigante asiático importaba del mundo provenía de las plantas industriales de Rosario.

 

Lo más interesante es que Rosario es un puerto sobre el río Paraná y no sobre el océano Atlántico, pero gracias al trabajo de dragado y balizamiento del río, hoy pueden navegar hasta sus puertos los inmensos buques de ultramar.

 

Para mover esa gigantesca estructura entran diariamente a Rosario miles de camiones, trenes y barcazas transportando los cereales hasta los puertos e industrias de esta pujante ciudad.

 

Sin embargo, este impresionante tráfico circunvala Rosario, la cual prácticamente no es afectada negativamente en su funcionamiento diario.

 

Por el contrario, la enorme actividad económica que genera el complejo industrial y portuario tiene impactos muy positivos en la ciudad. Su Bolsa de Comercio es una de las principales del mundo en la fijación del precio de los cereales; las grandes empresas internacionales vinculadas a la producción, industrialización o comercialización de granos tienen importantes oficinas en la ciudad y todo esto impulsa la generación de un gran dinamismo comercial y cultural.

 

¿Cómo se construyó todo esto? La respuesta es... gracias al "trabajo conjunto" de la Municipalidad de Rosario con el sector privado. Las empresas construyeron los puertos y el Municipio hizo posible que la infraestructura de rutas y de vías de trenes llegara directamente a esos puertos.

 

El dragado del río y el balizamiento fueron concesionados a una empresa privada, bajo el mismo concepto de concesión de una autopista, y se cobra un peaje a los enormes barcos que de día y de noche entran y salen de los puertos de Rosario.

 

Lo más interesante de todo es que esta cooperación público-privada se hizo bajo administraciones socialistas que gobiernan el municipio de Rosario desde hace más de 20 años.

 

Pero evidentemente es un socialismo moderno, que sabe que el Estado tiene un rol importante que cumplir y lo cumple, principalmente en los aspectos ambientales y sociales, pero en lo económico deja que funcionen la lógica y el interés del sector privado.

 

 

Existe un Plan Estratégico de la ciudad, elaborado con la participación de todos los sectores de la sociedad, que sirve como guía para este delicado equilibrio.

 

El mayor aprendizaje de este viaje a Rosario es ratificar que en este siglo XXI ya no es posible pensar en el desarrollo de un país solamente con la acción del Estado o solamente con la acción del sector privado.

 

El aprendizaje es que la cooperación público-privada es el único camino que nos puede hacer transitar hacia el desarrollo económico y social que ambicionamos y merecemos en nuestro país.

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Anónimo

El Estado y el sector privado

Después de varios días de incertidumbre acerca de su estado de salud –durante los cuales estuvo internado en Brasil y sobrellevando un reposo a medias en nuestro país– el presidente Fernando Lugo volvió a emitir un mensaje a la ciudadanía en el que intenta aclarar las polémicas surgidas en torno a ciertas órdenes en el ámbito militar y reflexiona acerca del buen momento económico que vive el Paraguay, entre otros temas. Es interesante destacar un elemento del discurso de Lugo que se vincula directamente con un problema surgido en los últimos días. Dijo el mandatario que, en opinión de la administración que él encabeza, la fórmula del crecimiento económico y social es la estrecha cooperación, una firme alianza, entre el Estado y el sector privado. Nada más cierto. Sin coordinación, empeñado cada uno por su lado en sus propias metas y siguiendo planes que excluyen al otro, el sector público y las empresas y emprendedores están condenados al fracaso.

Los proyectos de desarrollo que no se asienten en la colaboración de ambos sectores naufragarán inevitablemente en un mar de dificultades, malos entendidos, imprevisiones y conflictos de intereses.

Precisamente en estos días puede verse un claro ejemplo de ello, en la situación planteada por la bajante del río Paraguay, la prácticamente nula navegabilidad de sus aguas y las consecuentes pérdidas que tendrán los importadores, exportadores, comerciantes y el fisco. El estiaje del río es un fenómeno natural cíclico, por completo previsible. Con severidad variable, ocurre indefectiblemente todos los años. No puede haber justificación alguna para no haber emprendido los trabajos de dragado del curso principal a fin de garantizar el tránsito de barcazas y transportadoras desde y hacia el puerto más importante del país. Esta asombrosa negligencia origina una cadena de acontecimientos indeseables: la paralización de una parte del comercio (apenas unas semanas antes del auge de las ventas de fin de año); el encarecimiento de ciertos productos; el descenso en las recaudaciones aduaneras, etcétera. De haber existido un mínimo de organización y de trabajo combinado, muchos de estos males se habrían evitado.

En el embrión de toda esta problemática se halla la ausencia de diálogo entre las oficinas gubernamentales y el sector privado. Rotas las líneas de comunicación y sin instancias de coordinación, asuntos cruciales para el país se convierten en campos de batalla donde unos y otros se acusan mutuamente de desidia e improvisación, mientras se acumulan las pérdidas. Es vital romper la lógica que considera enfrentados por naturaleza los intereses del sector público y de la actividad privada. El desafío es construir una forma radicalmente diferente de entender esta relación, y avanzar en un sentido de complementariedad y de cooperación recíproca.

Acierta el Presidente al señalar la vía para el progreso sólido y sostenido en el tiempo de nuestra economía. Pero es clave imbuir de esa misma visión a todas las dependencias oficiales que tengan una relación cotidiana con el sector privado.

Imperan allí, en la mayoría de los casos, la corrupción y la rutina burocrática. Sin embargo, no toda la responsabilidad recae en los funcionarios públicos. Por el lado de las empresas y emprendedores corresponde asimismo una mayor apertura y un espíritu de colaboración con el Estado, el cual es considerado con frecuencia más como un enemigo antes que como un aliado.

Fecha: 17/10/2010 11:42.


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