• Ilde Silvero

Que la cizaña crece en medio del trigo y que hay manzanas podridas en un canasto de frutas son realidades que conocemos de larga data, pero que hasta ahora nos sorprenden. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) no solamente se han multiplicado en los últimos años sino que, aquí está la gran novedad, forman parte del presupuesto general de gastos de la Nación, es decir, son instituciones públicas disfrazadas de privadas.

En primer lugar hay que reconocer sin retaceos el gran mérito de muchas ONG que durante décadas han trabajado para ayudar a distintos sectores necesitados, excluidos, perseguidos, encarcelados, enfermos, abandonados, etc., de nuestra población. Durante los años de la dictadura y también en los siguientes, estas organizaciones civiles suplieron en parte la ausencia del Estado en áreas muy importantes como educación, salud, formación cívica, derechos humanos, apoyo a indígenas, etc.   

 

En aquellos tiempos, las ONG se sostenían con un poco de aporte local y la mayor parte con fondos provenientes de entes filantrópicos y caritativos de países europeos, EE.UU. y Canadá. El problema surgió cuando los políticos paraguayos descubrieron una nueva veta para sacarle plata al Estado y empezaron a crear sus propias ONG.   

 

Lastimosamente, como sucede en otros ámbitos de la vida nacional, cuando los dirigentes políticos meten la mano, las cosas empiezan a complicarse y, a veces, a pudrirse. Parlamentarios, gobernadores e intendentes fundaron ONG con sus parientes y amigos y metieron sus respectivos sostenimientos económicos en el presupuesto general de la Nación. No se trata de poca plata, sino de decenas de millones de guaraníes para cada una de esas entidades.   

 

Existe una contradicción insalvable en la propia denominación de estas organizaciones. El nombre lo dice expresamente: Organización No Gubernamental (ONG). Entonces, si es no gubernamental, ¿por qué recibe fondos del Estado y figura en el presupuesto nacional? Este es el sueño del pibe: manejar una entidad privada… ¡que se financia con plata del Estado!

 

También hay otra realidad que se opone a esta unión ONG-Estado. Estas organizaciones privadas tienen los mismos objetivos que las instituciones estatales. Las que trabajan con niños necesitados entran en el campo de la Secretaría de la Niñez y la Adolescencia; las que colaboran con los indígenas hacen lo mismo que el INDI; las que ayudan a los campesinos se introducen en terreno del Ministerio de Agricultura y Ganadería, del Indert y de la SAS; las que construyen viviendas deberían ser empleados de Senavitat; las que alfabetizan a adultos se enciman con los docentes del MEC.   

 

Es un contrasentido que para hacer la misma cosa, el Estado se divida en dos: por un lado, las instituciones públicas y por otro, las ONG. Lo más lógico y racional es que se concentren los fondos estatales en una sola institución: la oficial. En todo caso, si hay ONG que quieren colaborar, bienvenidas sean, pero que se busquen sus propios recursos, no que recurran también al bolsillo gubernamental.

 

La otra opción es que pasen a denominarse: Organización Gubernamental Paralela (OGP) y así por lo menos damos cariz legal a este absurdo.   

 

ilde@abc.com.py

17 de Octubre de 2010

http://www.abc.com.py/nota/con-perdon-de-las-ong/

 

 

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