‘‘El mundo entero desea suerte’’, titulaba la edición online del periódico alemán Süddeutsche Zeitung, pendiente como el resto de la prensa alemana de la fase decisiva del rescate de los mineros en Chile.

El diario Die Welt hace notar que esta operación de rescate es la más prolongada y compleja que jamás se haya llevado a cabo en el ámbito minero. Más aún, la autora del artículo destaca la “disciplina prusiana” con que se organizó. Pero, lógicamente, lo que atrae mayormente el interés de la opinión pública alemana es el aspecto humano de esta tragedia, que todos esperan tenga un final feliz para los 33 mineros que quedaron atrapados debido al derrumbe del 5 de agosto. Tanto es así que cada uno de sus rostros, con nombre, edad y algún dato personal, apareció este fin de semana en la portada del diario popular Express. Mucha gente en Alemania contiene pues el aliento por la suerte de todos ellos.

 

Revolución del rescate

 

La atención se concentra también en la protagonista de esta fase de rescate: la cápsula bautizada con el nombre de Fénix. Se trata en realidad de una versión moderna de la vieja “Bomba Dahlbusch”, que en 1955 revolucionó los sistemas de salvataje en la minería.

 

Esa antigua cápsula de rescate fue bautizada por la prensa como “bomba”, por su aspecto de torpedo. Dahlbusch era el nombre de la mina en que se la utilizó por primera vez, en las cercanías de Gelsenkirchen. Una antigua edición del semanario Der Spiegel relata que por ese entonces tres mineros habían quedado atrapados, al producirse un derrumbe a 56 metros de profundidad.

 

Al igual que en el caso de los minero chilenos, aquellos tenían contacto con el exterior por una perforación, a través de la cual recibían alimentos. Pero nadie sabía cómo sacarlos de allí. No había precedentes para un caso así.

 

El diseño original

 

El ingeniero Eberhard Au fue quien encontró la solución. Con la ayuda de otros técnicos de la mina de Dahlbusch, diseñó la cápsula precursora de Fénix.

 

La primera “Bomba Dahlbusch” tenía dos metros y medio de largo y un diámetro de 40 centímetros. Sus paredes estaban formadas por una chapa de acero de cuatro milímetros. Allí, los hombres debían introducirse por una apertura, con los brazos hacia arriba, como un nadador al hacer un clavado en la piscina.

 

Esta “bomba” no sólo salvó a los mineros atrapados en 1955 en Dahlbush, sino que volvió a utilizarse en diversos otros accidentes a lo largo de la historia y ahora, en una versión mucho más sofisticada, provista de adelantos técnicos inimaginables hace medio siglo, vuelve a entrar en acción en el desierto chileno. El principio básico sigue siendo el mismo ideado por el ingeniero Au, quien nunca inscribió su invento en una oficina de patentes. Pero eso no pareció importarle, a juzgar por la frase con que lo cita aquella antigua edición de Der Spiegel: “Lo principal es que los hombres salgan”. Y también eso sigue teniendo vigencia ahora.

 

Autora: Emilia Rojas Sasse

Editora: Claudia Herrera-Pahl

 

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Fecha: 30/11/2010 02:56.


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