• por Roque González Vera

El sábado, alrededor de las 2:30 de la madrugada, Gloria Ester Azambuja de Caballero ocasionó un grave accidente de tránsito, en la esquina de Félix Bogado y Campo Vía, barrio San Vicente.   

Gloria Ester Azambuja de Caballero conducía su vehículo en total estado de ebriedad. Esta “señora” estaba completa y absolutamente borracha. No podía permanecer en pie, a causa del alcohol.   

Primero intentó agredir a agentes policiales, luego a bomberos voluntarios y, por último, a periodistas de diversos medios que estaban cubriendo el incidente.   

Azambuja de Caballero estaba acompañada de Emiliano Aguilera, un suboficial de Policía que estaba de civil. El nombre de Aguilera no consta en el informe de la Comisaría 18ª, seguramente como favor al camarada, a pesar de las heridas que sufrió por el impacto. Rompió el parabrisas con su cabeza.   

 

El vehículo venía de la zona de Lambaré, a gran velocidad. Al llegar a Campo Vía choca con extrema violencia contra la parte trasera de un Toyota Starlet. La peor parte la llevan María Gabriela y Fernando Daniel, de 22 y 19 años, respectivamente. Mis hijos.   

 

Dany tuvo cortes en el rostro, golpes y contusiones en todo el cuerpo; Magabi, una fisura en la base del cráneo.   

 

Se salvaron de una muerte segura gracias a la costumbre de utilizar cinturón de seguridad. La pericia de mis compañeros del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Paraguay permitió que pudieran llegar en condiciones seguras al Hospital de Emergencias Médicas.   

 

Sin embargo, la violencia del impacto causó una seria lesión en Magabi, quien ahora debe guardar reposo absoluto, teniendo que soportar el molestoso collarín cervical.    

 

Magabi tiene 22 años, es una joven honesta, periodista, apasionada por su profesión. Y una conductora borracha la llevó al borde de quedar parapléjica o morir. Sin la protección del cinturón de seguridad su  destino se habría cortado abruptamente.   

 

Otros padres no tuvieron la suerte de librarse de conductores ebrios. Cada día lloran a sus hijos.   

 

La guardia en bomberos voluntarios se convirtió últimamente  en una pesadilla, en medio del caos causado por el consumo irresponsable de alcohol; pero llegar a una escena dantesca y saber que tus hijos te esperan en una camilla, es una experiencia extrema.   

 

Tener enfrente a la persona responsable del “accidente” completamente borracha, indigna hasta lo imposible. Y ponemos entre comillas porque no se trata de un accidente, dado que consumir bebidas es un acto voluntario y el conductor conoce las consecuencias.

 

Gloria Ester Azambuja de Caballero, en medio de su borrachera, se ufanaba de tener un hijo estudiante de Medicina. Es una persona cuyo nivel de información le permite saber qué sucede cuando se maneja en estado etílico.   

 

Lo mismo su acompañante, Emiliano Aguilera, ¿cómo fue capaz de dejar que manejara una persona que no podía estar de pie? El mismo Aguilera se partió la frente.

 

A diferencia de otros países, Paraguay no toma acciones radicales para combatir la  conducción en estado de ebriedad. Se tolera beber en exceso, inclusive a menores de edad.

 

En Bolivia, por ejemplo, la Policía puede cerrar de oficio locales donde se venden bebidas alcohólicas a menores. En Chile se vende alcohol  solo en locales habilitados para tal comercio y el consumo no puede realizarse en espacios públicos.

 

Aquí, basta con mencionar que en las mismas estaciones de servicio se ofrecen promociones para consumir alcohol y a lo largo de nuestras avenidas pululan las bodegas, sin control alguno.

 

El costo de esta epidemia, para el Estado y la sociedad, es altísimo. Lo que se paga es una locura, tanto en metálico como en sufrimiento. La pregunta es: ¿hasta cuándo?

 

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