• J. Montero Tirado

Nunca ha sido tan necesario saber pensar como ahora. Si la educación venía poniendo el acento en el ejercicio de la memoria para ayudar a que los educandos aprendan los conocimientos vigentes, ahora es imperativo poner el acento en el ejercicio del pensamiento para poder orientarse entre la abrumadora producción de conocimientos nuevos y la constante caducidad de conocimientos superados.   

Por algo los filósofos reconocen el valor de la duda y la sospecha y por algo los científicos nos dicen que la incertidumbre es lo más cierto de nuestros cambios. Si se puede salir de la duda, de la sospecha y de la incertidumbre, ha de ser por el pensamiento.   

 

Pero no es solamente la cantidad desafiante de nuevos conocimientos y el descubrimiento de la insuficiencia de muchos conocimientos que aprendimos, sino que necesitamos saber pensar para no perdernos en el bosque de tantas ideas, informaciones, opiniones, propuestas, sugerencias, con las que nos tropezamos cada día, bombardeados por los medios masivos de comunicación social y la convivencia en ambientes pluriculturales con que los movimientos migratorios nos rodean.   

 

Nuestro entorno, nuestros ambientes de vida social y laboral se han dilatado y no son homogéneos. Vivimos inmersos en medio de varias culturas y tenemos contacto cotidiano con muchas más, sobre todo si tenemos acceso a internet y navegamos por los diversos escenarios de las redes sociales.   

 

Esa diversidad cultural y ese pluralismo de visiones, de modos diferentes de entender la vida y el valor de los comportamientos, desafían a nuestra manera de ver y a nuestros criterios personales.   

 

Es difícil decidir entre tanta oferta y elegir qué es lo mejor para cada uno de nosotros. En medio de ese mar necesitamos la brújula del pensamiento para saber ver, saber interpretar, saber conceptualizar, saber valorar y comprender qué se nos ofrece y qué nos conviene entre tanta oferta seductora. Sin esa brújula estamos perdidos y cualquier corriente de olas nos puede parecer la mejor para llegar al puerto.   

 

A primera vista casi todo puede parecernos interesante y razonable. Y esa percepción nos inclina a aceptarlo todo, a un relativismo por el que cualquier oferta parece buena porque todos tienen sus razones y fácilmente decidimos que todo es o puede ser válido.   

 

Otros quedan confundidos. Estaban convencidos de que su manera de ver y pensar era buena, incluso la mejor al menos para ellos, y ahora ante tantas propuestas, muchas de ellas presentadas sugestivamente, quedan paralizados por la confusión.   

 

¿Cómo vivir y tomar decisiones con seguridad y autonomía en un mundo globalizado, cambiante, pluralista, relativista, abigarrado, acelerado?   

 

¿Qué camino tomar en este laberinto? ¿Qué aprender entre tantos conocimientos?   

 

Nuestra mente está equipada con un potencial enorme: el potencial del pensamiento. En otros tiempos nos hemos formado aprendiendo lo que otros pensaron. Hoy eso no basta ni aun cuando atinemos a elegir los mejores pensadores y productores de conocimientos de la historia, porque los descubrimientos de las ciencias y las innovaciones constantes en el mundo exigen nuevos pensamientos producidos con nuevas formas de pensar.   

 

Capacitarse para vivir en este mundo vertiginoso y deslumbrante, capacitar para vivir requiere hoy, como una de las tareas vitales y fundamentales, aprender y enseñar a pensar.   

 

Cómo pensar mejor, cómo pensar con capacidad crítica para no dejarnos sorprender por cualquier embaucador, cómo pensar creativamente, cómo pensar con rigor y garantías suficientes de que estamos interpretando bien la realidad y en camino hacia la verdad, cómo resolver problemas, cómo pensar para convivir en paz… no son preguntas retóricas. Los especialistas en pensamiento están elaborando propuestas muy interesantes.   

 

En cualquier caso se impone una conclusión: podemos y debemos aprender a pensar mejor.  

Personal e institucionalmente, un equipo de trabajo en PAIDEIA llevamos años trabajando sobre el tema y hemos decidido dedicar gran parte de nuestro tiempo a contribuir al desarrollo del pensamiento ofreciendo nuestro servicio. Con la Universidad Nacional ponemos a disposición un curso a distancia sobre “nuevos modos de pensar”. Quienes estén interesados pueden llamar al (0971) 38 50 50 o al (021) 601 200.

 

 

mcon�+"i� �� tent" style="margin-top: 30px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; font-family: Verdana, Arial, Helvetica; font-size: 10pt; color: rgb(68, 68, 68); clear: left; ">Nunca ha sido tan necesario saber pensar como ahora. Si la educación venía poniendo el acento en el ejercicio de la memoria para ayudar a que los educandos aprendan los conocimientos vigentes, ahora es imperativo poner el acento en el ejercicio del pensamiento para poder orientarse entre la abrumadora producción de conocimientos nuevos y la constante caducidad de conocimientos superados.    

Por algo los filósofos reconocen el valor de la duda y la sospecha y por algo los científicos nos dicen que la incertidumbre es lo más cierto de nuestros cambios. Si se puede salir de la duda, de la sospecha y de la incertidumbre, ha de ser por el pensamiento.    

Pero no es solamente la cantidad desafiante de nuevos conocimientos y el descubrimiento de la insuficiencia de muchos conocimientos que aprendimos, sino que necesitamos saber pensar para no perdernos en el bosque de tantas ideas, informaciones, opiniones, propuestas, sugerencias, con las que nos tropezamos cada día, bombardeados por los medios masivos de comunicación social y la convivencia en ambientes pluriculturales con que los movimientos migratorios nos rodean.    

Nuestro entorno, nuestros ambientes de vida social y laboral se han dilatado y no son homogéneos. Vivimos inmersos en medio de varias culturas y tenemos contacto cotidiano con muchas más, sobre todo si tenemos acceso a internet y navegamos por los diversos escenarios de las redes sociales.    

Esa diversidad cultural y ese pluralismo de visiones, de modos diferentes de entender la vida y el valor de los comportamientos, desafían a nuestra manera de ver y a nuestros criterios personales.    
 
Es difícil decidir entre tanta oferta y elegir qué es lo mejor para cada uno de nosotros. En medio de ese mar necesitamos la brújula del pensamiento para saber ver, saber interpretar, saber conceptualizar, saber valorar y comprender qué se nos ofrece y qué nos conviene entre tanta oferta seductora. Sin esa brújula estamos perdidos y cualquier corriente de olas nos puede parecer la mejor para llegar al puerto.    

A primera vista casi todo puede parecernos interesante y razonable. Y esa percepción nos inclina a aceptarlo todo, a un relativismo por el que cualquier oferta parece buena porque todos tienen sus razones y fácilmente decidimos que todo es o puede ser válido.    

Otros quedan confundidos. Estaban convencidos de que su manera de ver y pensar era buena, incluso la mejor al menos para ellos, y ahora ante tantas propuestas, muchas de ellas presentadas sugestivamente, quedan paralizados por la confusión.    

¿Cómo vivir y tomar decisiones con seguridad y autonomía en un mundo globalizado, cambiante, pluralista, relativista, abigarrado, acelerado?    

¿Qué camino tomar en este laberinto? ¿Qué aprender entre tantos conocimientos?    

Nuestra mente está equipada con un potencial enorme: el potencial del pensamiento. En otros tiempos nos hemos formado aprendiendo lo que otros pensaron. Hoy eso no basta ni aun cuando atinemos a elegir los mejores pensadores y productores de conocimientos de la historia, porque los descubrimientos de las ciencias y las innovaciones constantes en el mundo exigen nuevos pensamientos producidos con nuevas formas de pensar.    
  
Capacitarse para vivir en este mundo vertiginoso y deslumbrante, capacitar para vivir requiere hoy, como una de las tareas vitales y fundamentales, aprender y enseñar a pensar.    

Cómo pensar mejor, cómo pensar con capacidad crítica para no dejarnos sorprender por cualquier embaucador, cómo pensar creativamente, cómo pensar con rigor y garantías suficientes de que estamos interpretando bien la realidad y en camino hacia la verdad, cómo resolver problemas, cómo pensar para convivir en paz… no son preguntas retóricas. Los especialistas en pensamiento están elaborando propuestas muy interesantes.    

En cualquier caso se impone una conclusión: podemos y debemos aprender a pensar mejor.   
Personal e institucionalmente, un equipo de trabajo en PAIDEIA llevamos años trabajando sobre el tema y hemos decidido dedicar gran parte de nuestro tiempo a contribuir al desarrollo del pensamiento ofreciendo nuestro servicio. Con la Universidad Nacional ponemos a disposición un curso a distancia sobre “nuevos modos de pensar”. Quienes estén interesados pueden llamar al (0971) 38 50 50 o al (021) 601 200.

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