Por Benjamín Fernández Bogado

Los jóvenes de secundaria y sus profesores prefieren un sistema autoritario que les dé seguridad, empleo y límites. Esto nos informó esta semana el mismo Ministerio de Educación sin que nadie se diera por aludido, incluido, el propio Gobierno.

Que jóvenes que no vivieron bajo una dictadura crean que un tirano haría mejor las cosas en esos campos, nos demuestra que los demócratas no estamos a la altura de las exigencias del momento y nos hemos aplazado en demostrar en acciones concretas que logren afianzar el modelo entre nosotros. Algunos creen que es un problema de instrucción cívica y moral cuando en realidad es mucho más que eso. Si enseñáramos bien en esos campos, pero la realidad institucional que vivimos nos muestra diariamente valores en contrario, nada vamos a avanzar. Si no desplazamos el cinismo de quienes debieran hacer cosas para mejorar las condiciones de nuestra educación, no pasaremos del susto del degollado ante la soga.

 

El Paraguay requiere afianzar su convicción en el sistema democrático de manera urgente, de lo contrario, nos exponemos a que alguien tipo Chávez venga y castigue el sistema con el beneplácito de un gran sector ciudadano.

 

Era comprensible en otros tiempos que una población adulta que vivió en dictadura tenga nostalgias de esos tiempos, si hasta millones de rusos todavía hoy añoran a Stalin a pesar de los más de 30 millones de asesinados sumados en su cuenta personal. Pero lo peligroso, en el caso nuestro, es que los jóvenes creyeran que un sistema autoritario es mejor que lo que tenemos, basado en la pobre calidad institucional de los tres poderes del Estado y reafirmado patéticamente en los últimos casos de nombramientos en instituciones públicas.

 

Podría concluirse que los supuestos "demócratas" son los mejores promotores del autoritarismo y culpables de que nuestros jóvenes crean que con gobernantes tipo Stroessner viviríamos mejor.

 

Esta democracia mediocre, chapucera, jodida y maniobrera solo puede producir jóvenes desencantados con su futuro, porque fue ese el mensaje que les enviaron.

 

Esos jóvenes no creen que estemos haciendo bien las cosas para dejarles un mejor país y eso lo comprueban en su prensa, en sus instituciones, en las calles y en el empleo que tienen sus padres, amigos o conocidos. Están conscientes de que es una realidad muy difícil de transformarla porque aún no tienen edad para votar y cuando les llega el tiempo preferirán no inscribirse para hacerlo o rehuirán militar en algún partido porque "estos son la misma porquería".

 

El circulo vicioso se refuerza diariamente cuando vemos que los portadores del cambio en realidad solo pretenden seguir con lo mismo por el atractivo que representan en sus vidas y haciendas. La realidad es demasiado subyugante desde el poder y las posturas nobles terminan siendo claudicadas y dejadas a un lado.

 

La democracia paraguaya, además de todos los adjetivos más arriba expresados, ahora mostrará su lado chantajista desde una Contraloría General de la República que investigará a la carta, y la publicación o no de sus hallazgos será directamente proporcional a la generosidad del aporte de los afectados. Cuando los del cambio y los demócratas quieran reaccionar... será tarde.

 

Los jóvenes han hecho su evaluación y los que debieran cambiar pautas, conductas y comportamientos no se han dado por aludidos. Al contrario, ellos que vivieron, se educaron e incluso padecieron la dictadura están demasiado concentrados en la tarea de zapa que diariamente realizan contra un sistema político al que sus conductas hieren, mancillan y degradan. El resto ya lo saben y padecen... los venezolanos, ecuatorianos y bolivianos.

 

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