• Brigitte Colmán

El viaje comenzó en la Terminal de Ómnibus de Asunción. El primer destino, Choré, en el departamento de San Pedro.

Ahí también llegó la primera sorpresa. El ómnibus, en vez de dirigirse directamente a la ruta 3, hizo un tour por la ciudad de San Lorenzo, donde subieron más pasajeros, y recién una hora y media después de haber salido de la Terminal llegó por fin a la ruta 3.

Para entonces, en el bus ya había gente subida hasta el techo y el aire acondicionado era un efímero recuerdo. Como era de esperarse, en poco tiempo comenzaron a acumularse todo tipo de olores y hubo que abrir las ventanas del colectivo, para que entrara un poco de aire caliente y polvo colorado.

Por el camino subieron más pasajeros, echando por tierra aquello de que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo espacio. La gente abordaba el bus con grandes paquetes, el guarda cobraba el precio que se le antojaba, hacía mucho calor, los bebés llorones hacían su trabajo, sus madres suspiraban resignadas y los demás pasajeros se dedicaban a comer o a mensajear por el celular.

 

HACIA EL ESTE. Del Cruce Liberación yo debía llegar a la ciudad de Curuguaty. Según mi mapa, no debía haber sido tan complicado. Lo que yo no sabía, era que no había "colectivo", un detalle.

 

Preguntando aquí y allá, llegué en ómnibus hasta la denominada rotonda 6.000, y vi pasar el último ómnibus del día. El siguiente pasaba a las 02.30. Eran las siete de la tarde y los mosquitos comenzaban a salir en patota a buscar la cena.

 

En la rotonda en cuestión, un taxista aburrido, entre bostezo y bostezo, ofreció llevarme hasta Curuguaty, 85 kilómetros de ahí, por una suma importante. Entonces me senté a esperar, y como Dios siempre provee, aparecieron otras dos personas que estaban en igual situación, contratamos el taxi y el viaje costó más barato. Ya era de noche cuando llegué a Curuguaty.

 

CAMINO AL SUR. Les ahorraré los detalles de mis peripecias para llegar desde Curuguaty a Ciudad del Este, solo les contaré que, en el departamento de Canindeyú, donde antes había árboles, bosques y montes, ahora solo hay sojales.

 

Y en Ciudad del Este no solo hay cedés piratas, también hay muchos cortes de energía eléctrica. El que me tocó en suerte duró desde las 9 de la noche, hasta las 7 de la mañana.

 

Un poco después, el viaje me llevó por la ruta 6 hacia Encarnación, donde vi letreros en portugués y campesinos viviendo bajo carpas al costado de la ruta. Pero, sobre todo, vi campos inmensos de soja, todo el horizonte cubierto de soja. Y no pude dejar de preguntarme lo que les pasa a quienes viven cerca de esas plantaciones. En realidad, es casi un milagro que todavía quede gente por esos lados.

 

Al finalizar mi periplo, cuando esperaba el ómnibus que me traería a Asunción desde CDE, vi pasar un bus de la misma empresa que me llevó en mi primer viaje hasta Choré. Era nuevo, lindo, limpio y refrigerado, y un cartel informaba que trabajaba al servicio de Itaipú.

 

Al parecer, quienes trabajan en Itaipú merecen ser tratados bien, a diferencia del resto de los paraguayos que viajan en micros sucios, viejos, al arbitrio de empresarios que los tratan como ciudadanos de cuarta categoría. Sabemos que a las vacas paraguayas, candidatas a terminar como bife en un restaurante europeo, las tratan con mayor respeto.

 

Pese a todo, fue un gran paseo, en el que comprobé que el Paraguay profundo puede tener poco glamour y puede quedar muy lejos, pero es una maravilla ver alzarse un arco iris sobre un inmenso campo de soja, sin pedirle permiso a nadie.

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.