por Horacio Sosa

El Chaco paraguayo, la parte boreal del Gran Chaco Sudamericano que está en territorio argentino, paraguayo, boliviano y brasileño, es una zona árida, con pocas lluvias donde las sequías de 6, 8 ó 10 meses no son raras. Es decir, en la región la falta de agua es un común denominador a la que los chaqueños tienen que acostumbrarse, razón por la que el desarrollo productivo tiene un techo difícil de sobrepasar. Y, en consecuencia, de los seis millones de habitantes que tiene el Paraguay, apenas cien mil viven en la Región Occidental. El motivo de esta desproporción es simplemente la falta de agua.  

No obstante esto, los menonitas, en unos 70 años de lucha a brazo partido contra la inclemencia de la naturaleza de la región, con mucho ingenio y una tenacidad inenarrable, han construido un imperio productivo tanto en agricultura, como en pecuaria e industria, que enorgullece al país. Pero el agua sigue faltando.   

 

Los menonitas se han manejado siempre con muy poca agua y esa poca agua la han ido aumentando progresivamente usando cada metro cuadrado de techo para colectar el agua de las lluvias que conservaban y conservan todavía en aljibes, además de utilizar siempre al máximo el agua freática, es decir el agua subterránea de hasta unos 12 m de profundidad. Esta agua freática no es sino el agua de lluvias infiltrada en el suelo, que queda retenida por la primera capa de arcilla impermeable que está a pocos metros de profundidad. Y, en otros casos, está milagrosamente detenida directamente encima del agua salobre (con muchas sales) subyacente. Increíblemente, en este último caso, el agua de lluvias (con bajo contenido en sales) no se mezcla con el agua salobre constituyendo lo que se llama “lentes de agua freática”, de muy poco rendimiento, pero que a pesar de ello ayuda a solucionar el problema de la falta de agua. Esta agua es explotada por medio de pozos freáticos, los que son bombeados con mucho cuidado porque el sobrebombeo (bombeo en exceso) hace que se mezclen el agua salobre con el agua dulce y se arruine el pozo. Esta es la explicación del milagro de la sobrevivencia menonita en una zona donde prácticamente no hay agua. Trabajo e ingenio.   

 

El Gobierno nacional, a través del Ministerio de Defensa Nacional, consciente del problema del agua en el Chaco, en 1967 logró la asistencia técnica del Programa de las Naciones Unidas (PNUD) para una completa investigación del subsuelo chaqueño, la cual, en años de trabajo, dio como resultado definir zonas con agua subterránea de buena calidad y zonas donde solo hay agua salobre.   

 

Aparte de esto, la investigación científica y tecnológica, que nunca se detiene en el mundo, logró desarrollar a límites increíbles la llamada “ósmosis inversa”, que significó un gran paso hacia la conversión del agua salobre en agua potable. El agua de mar, por ejemplo, con un contenido en sales de 28.000 ppm (partes por millón o miligramos por litro o gramos por metro cúbico) es transformada actualmente en agua potable sin que los barcos de ultramar tengan necesidad de llevar grandes cantidades de agua potable como lo hacían siempre en sus travesías.    

 

Pero, lamentablemente, en el Chaco el agua subterránea contiene casi siempre una cantidad muy superior a 28.000 ppm de sales disueltas, razón por la que, para que el problema del agua tenga una solución, hay que buscar agua subterránea que contenga sales disueltas con un máximo de 28.000 ppm.   

 

Además, en el Chaco hay dos problemas más:

 

1) El agua subterránea por lo general contiene boro, un metaloide que se dice cancerígeno y cuya presencia en el agua potable la Organización Mundial de la Salud (OMS) admite como máximo 0,1 ppm. Y en el Chaco, a menudo hay 12 ppm y hasta 24 ppm.  

 

2) En los equipos de ósmosis inversa, el agua cruda de pozo a tratar se divide en dos caudales: uno de ellos es agua potable y el otro es agua de rechazo. Esta última contiene las sales que la membrana semipermeable (el corazón del sistema) no deja pasar. Es decir que el agua de rechazo tiene un contenido tan elevado de sales disueltas que saliniza el suelo y lo inutiliza para cualquier cultivo.   

 

Esto es lo que está pasando con el equipo de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) en Villa Choferes del Chaco, donde el equipo no puede trabajar de manera continua porque no tienen forma de disponer del agua de rechazo. En primer lugar, el volumen de agua de rechazo es grande, casi tanto como el agua potable producida y, en segundo lugar, el pozo construido como pozo de infiltración no funciona. Cometieron el error de construir un pozo de infiltración y lo dejaron sin funcionar durante unos meses, cosa que lo inutilizó. En la construcción de pozos de agua existe un axioma: Pozo que no funciona, pozo que se arruina. Esta es la razón por la que el rendimiento de agua potable en Villa Choferes del Chaco es y seguirá siendo limitado.   

 

La otra alternativa para disponer de más agua potable en el Chaco Central son los acueductos. Los acueductos deben construirse sí o sí. Sobre esto no existe la menor duda.

 

El Gobierno hasta ahora fracasó en sus intentos de construir un acueducto desde Puerto Casado a Loma Plata. Por eso, con muy buen criterio, el Congreso preparó una ley marco para que la iniciativa privada pudiese tender acueductos con fines comerciales, la que fue vetada por el Poder Ejecutivo.   

 

Es evidente que el Gobierno nacional no tiene la menor idea de los inconvenientes y riesgos que hay que salvar para tender un acueducto de gran extensión como sería el caso de cualquier acueducto en el Chaco. Ni el riesgo que significa la inversión del capital necesario y está pensando solo en que es un bien social. El agua es un bien social. No lo discutimos. Pero su conducción va a exigir mucho dinero y el agua no podrá ser regalada que es lo que aparentemente pretende el Gobierno. ¿Por qué? Porque va a ser muy cara. Entonces, el problema del agua para las colectividades indígenas debe ser encarado como un caso especial que debe ser subsidiado por la nación, pero no por eso se debería poner obstáculos a la inversión privada. Ambos acueductos pueden subsistir en forma paralela. El construido por el Gobierno mira hacia el agua para los indígenas y el construido por el capital privado es un negocio como cualquier otro, que debe redituar ganancias.  

 

Es urgente e imprescindible facilitar el ingreso del capital privado para la construcción de acueductos en el Chaco. Por favor, no dificultemos las cosas.

 

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Anónimo

AGUA EN EL CHACO


Andrés Granje.

Los ganaderos de la región occidental están de parabienes, como nunca llueve copiosamente en esa árida geografía, la abundancia de agua hace crecer generosamente la pastura y augura una excelente producción del hato ganadero, esto, sumado a la certificación de país libre de aftosa con vacunación que consiguió el Paraguay, presagia una exportación alta de los derivados cárnicos. Este tema de las lluvias y la falta casi permanente de ella en el chaco es la mayor preocupación de los lugareños y tiene su explicación, allí está concentrada mas de la mitad de la producción cárnica y láctea del Paraguay, entonces es fácil entender porque la falta de lluvia y consecuentemente de agua tiene tinte dramático llegando a la tragedia y como una dosis importante de liquido calma e incrementa la confianza de una alta producción.



En el caso de la ganadería extensiva el agua de lluvia es vital e insustituible, no existe otras posibilidades para que el ganado pueda abrevar. Es desolador en las largas jornadas estivales de sequia prolongada ver los animales muertos de sed en los campos, sin poder hacer nada para remediar esta situación. En el caso de la producción láctea el tema es diferente, el agua para consumo de animales, como para la industria, se puede conseguir con otros recursos, en los tambos es posible introducir bebederos proveídos de liquido por pozos artesianos o de la acumulación de lluvias, aunque el mejor sistema sería tener agua corriente permanente en la región.
La falta de agua corriente en el chaco patentiza la inutilidad y la indolencia de las autoridades y de los empresarios, desde la caída de la dictadura hace 22 años se habla de llevar agua al chaco central, desde el rio Paraguay, mas de una vez se dijo que ya se contaba con la cooperación de entes internacionales que apoyaban el proyecto y estaban dispuesto a aportar para hacerlo realidad, sin embargo hasta el momento nada se concretó, siempre surgen contratiempos que impiden que se pueda cristalizar este anhelo de tanta gente. La idea es llevar el vital líquido desde Vallemi hasta Loma Plata y Filadelfia en un recorrido de no más de 200 kilómetros, con trechos de bombeo para que el agua llegue con presión suficiente y en las colonias menonitas procesar y purificar el líquido tornándolo apto para el consumo.
Estamos seguros que si la obra se hubiera realizado en tiempo y forma hace tiempo estaría saldada la deuda contraída para su construcción, dejando beneficios infraestructurales en la zona, dinamizando el progreso creando nuevas industrias afines a la ganadería o de otros rubros, fortaleciendo el chaco central como polo de desarrollo de una manera vigorosa, sin embargo estas son las omisiones criminales de nuestros gobernantes que dejan pasar magnificas oportunidades para facilitar el progreso. No puede ser que tanto tiempo se pierda en cabildeos cuando esta por encima el interés publico, de otra forma seguiremos dentro del primitivismo degradante de nuestra sociedad teniendo que mirar permanentemente al cielo implorando un poco de lluvia hasta para beber, como hasta ahora sucede en el chaco.

Fecha: 28/03/2011 11:33.


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