• Víctor Colmán Agüero

He leído un ambicioso proyecto para instalar un gasoducto en Concepción con inversiones supermillonarias, que algunos dicen podrían llegar a 500 millones de dólares y otros le agregan 600 millones de dólares más. El gasoducto se conectaría con el que tienen los bolivianos no tan lejos de nuestra frontera y abastece a la Argentina de una impresionante cantidad de gas natural.

No sé si este proyecto, que todavía no es gubernativo, es tan solo idealismo de unos cuantos o si en algún momento puede tener pie y constituirse en realidad. Lo importante que quiero resaltar es que de nuevo se está pensando en Concepción, la vieja Concepción olvidada y marcada por 60 años de gobierno colorado, porque fue en esa zona que se inició el levantamiento armado de los liberales que desembocó en la fatídica revolución de 1947.

 

Llegó un momento en que los colorados no querían saber nada de Concepción, y si pudieran, los hubieran borrado del mapa paraguayo, todo por venganza política. No lo hicieron porque el primer departamento es demasiado paraguayo y también marcó historia cuando fue cabecera del ejército en la Guerra del Chaco.

 

A lo largo de los años, la única fábrica que el gobierno instaló en el departamento, fue la Industria Nacional del Cemento. Desde luego, no había otra alternativa porque en la zona de Vallemí existe la mayor reserva mundial para elaborar cemento. También se puede citar como positivo el puente sobre el río Paraguay y la apertura de una ruta que de la Transchaco partía hasta Concepción.

 

Más que esto, nada. Al contrario, en su extenso territorio se instalaron decenas de nuevos asentamientos campesinos, tirados a su suerte y por años sin ninguna atención. Esto es el motivo por el que la gente pobre se reveló y la ausencia del Estado posibilitó que en Concepción surgieran organizaciones rebeldes como el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

 

Hoy, poco a poco esa desatención casi casi premeditada, se está mejorando y hay más presencia del Estado en la zona. Lo del gasoducto tal vez sea un sueño, pero lo que ya no es sueño, es la construcción de una ruta asfaltada de casi 200 kilómetros que partirá desde la capital departamento hasta Vallemí. Costará unos 150 millones de dólares. La licitación ya se hizo y ahora es momento de trabajar.

 

Me imagino el inmenso bosque, los inmensos humedales, la enorme “propiedad de nadie” que se abrirá en dos partes para dar paso a la ruta. Con éste asfaltado, el Norte del país volverá a ser el futuro, donde miles de hectáreas son todavía vírgenes porque hasta allí no se podía llegar. El Chaco también tendrá “otra entrada” y el desafío de un cambio fundamental en la estructura social y económica está en marcha. Bien por los concepcioneros, los olvidados de antes, que ahora con megaproyectos de infraestructura y una ubicación estratégica sobre el río Paraguay, en cinco años más pueden convertirse en un polo de desarrollo que siempre se han merecido.

 

 

 

 

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