El presidente Fernando Lugo acaba de retornar de Cuba, adonde acudió supuestamente para tratarse de una tendinitis, dolencia de menor consideración que habitualmente se atiende y cura en nuestro país, cosa ya suficientemente informada por numerosos profesionales médicos con anticipación del viaje presidencial, cuando se supo del motivo con el que intentaba justificarlo.    

El tour se realizó como había sido previsto, y, según la información de la Presidencia, el mismo día de llegada, el miércoles a la tarde, Lugo acudía al Complejo Científico Ortopédico “Frank País”, de la isla caribeña. Todo hacía suponer que el Presidente permanecería internado allí por lo menos hasta el domingo, fecha fijada para su retorno a Asunción.    

Para mayor precisión, decía la información oficial: “En el citado lugar (la clínica), el Jefe de Estado se realiza en estos días estudios y la terapia indicada para su cuadro de tendinitis”. Sin embargo, el viernes 18, la Presidencia de la República informaba en Asunción que Lugo “concluyó los estudios requeridos para un chequeo general y en particular los requeridos para la afección osteomuscular que derivó en una tendinitis en el pie izquierdo”. Agregaba la información que los médicos cubanos le “diseñaron” el plan de tratamiento y rehabilitación “a ser realizado a su regreso al país”, es decir, EN EL PARAGUAY.    

De este modo, el cuento chino que sirvió de pretexto para el viaje a Cuba emergió a la luz pública impulsado por su propia evidencia.    

Por su parte, una enviada especial de un diario colega a Cuba relató que en la misma fecha de su llegada a la isla, Lugo recibió a médicos cubanos en la residencia que le asignaron. Al día siguiente, el Presidente paraguayo estuvo en el Centro de Investigación Médico Quirúrgico (CIMEQ), y al parecer en esto consistió todo el “tratamiento”. Nada de internación, nada de cirugía, nada de nada. ¡El tratamiento se hará en Paraguay!   

Fernando Lugo montó un gran tinglado teatral tan solamente para cumplir su infantil anhelo –y verdadero aunque oculto motivo– de obtener una fotografía con su admirado mentor Fidel Castro, que está cumpliendo medio siglo de ejercer la férrea tiranía marxista, sometiendo al pueblo cubano a la opresión, el atraso y la desesperanza.    

Para más burla, Lugo se permitió, inclusive, aprovechar la cercanía para trasladarse hasta Haití, adonde fue no a llevar la solidaridad del pueblo paraguayo a los miles de damnificados de ese asolado país, sino a realizar una visita de cortesía a los militares paraguayos que integran el contingente de paz de las Naciones Unidas radicado allá.    

La burlesca actitud del presidente Lugo se coronó cuando el martes, al serle requerido sobre su viaje a Cuba durante un acto en el departamento de San Pedro, dijo por toda respuesta: “Volví sano, y eso es lo importante para mí”. Los médicos cubanos deben ser brujos para que en el transcurso de una fugaz conversación hayan curado mágicamente la dolencia del Presidente.    

Con este nuevo innecesariamente escandaloso episodio protagonizado por nuestro desaprensivo Presidente de la República, no solamente se burló de los especialistas médicos paraguayos, que están al tanto de las novedades y avances científicos de esa dolencia menor, sino de la ciudadanía de este país.    

No se sabe aún quién le convenció de que con el pretexto de la tendinitis iba a engañar a alguien, siendo evidente, como era, que el objetivo de su viaje a Cuba era netamente el de hacer turismo político. O sea, visitar a los milenarios dictadores de la isla, posar con ellos ante la cámara (antes de que se sequen de puro viejos) y volver con una fotografía que Lugo y su equipo bolivariano han de estimar como si fuera una pieza documental de valor histórico.    

Podría pensarse, por último, que al menos los médicos paraguayos deben estar contentos al descubrirse que en realidad no se dudó de su sapiencia y de sus aptitudes, y que la cura de la tendinitis no era más que otro chiste presidencial.    

Este episodio es uno más de los que ponen de manifiesto las raras contradicciones del presidente Lugo. Mientras, por un lado, se vanagloria de que una de las mayores conquistas de su gobierno es la salud gratuita para el pueblo, con su actitud le está diciendo a ese mismo pueblo que la medicina y los médicos paraguayos no son confiables, y que es mejor hacerse atender en el extranjero.

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