Al inaugurar el año escolar, el presidente Lugo volvió a repetir lo que su ministro de Educación ya dijo una vez: que se puede educar bajo el árbol. La anacrónica opinión era para justificar los desoladores problemas de infraestructura de la educación pública. Problemas que subsisten y se agravan ante el crecimiento de la demanda estudiantil, de poblaciones emergentes y vulnerables, y ante la insuficiente inversión del Estado y de la sociedad.

 

La idea no es original. La formuló residualmente el gran maestro Ramón Indalecio Cardozo cuando impulsaba las escuelas rurales y no quería dejar a nadie fuera del aprendizaje para convertir a los campesinos en agricultores. La población rural era entonces absolutamente mayoritaria. Hoy ya es minoría y el país experimenta un proceso irreversible de descampesinización.

 

Además, la mecanización agrícola expulsa del campo a la gente, en especial, a los jóvenes. La marginalidad se extiende alrededor de las ciudades y forma los cinturones de miseria. Para más, el desempleo afecta despiadadamente a las nuevas generaciones, que abandonan el sistema escolar sin aprender nada para la vida del trabajo.

 

No es casual que el 47% de nuestra juventud esté sumida en la pobreza. La educación es la herramienta para superarla. Pero para eso necesitamos profundos cambios y acciones concernientes a nuestra época. Sin embargo, no avanzamos siquiera en las reparaciones, menos en las metodologías actuales solo con repartir útiles y textos coloquiales y mediocres.

 

La educación será un factor de desarrollo siempre que contribuya al aprendizaje del saber hacer, del saber pensar y a la autorrealización humana, con los valores, la técnica, la ciencia y los conocimientos de nuestro tiempo.

 

Vale decir, una pedagogía para la producción y la productividad, para la investigación científica y la aplicación tecnológica, para la innovación en todos los campos de la modernidad e hipermodernidad, y para dignificar la existencia con el pensamiento crítico y la creatividad. Asimismo, para la cohesión social, la práctica ciudadana, la solidaridad y la emancipación humana.

 

Los estudios revelan que esta educación hay que impartirla desde la escuela, habilitar técnica y profesionalmente desde la media, especializarla científica y transdisciplinariamente desde la universidad. Y capacitar y actualizar con la educación permanente.

 

Por lo tanto, la infraestructura modernamente equipada de las unidades escolares es insustituible, como esencial es la calificación docente. Máquinas y aparatos para producir, sistema cibernético de información y de comunicación, así como bibliotecas apropiadas deben estar al alcance de cada uno y de todos los alumnos. Es el sistema experiencial que revolucionó a las sociedades que en la actualidad ocupan los primeros lugares en desarrollo humano.

 

Esas sociedades comprendieron que la tecnología y el conocimiento hacen la modernidad y ésta es sinónimo de avance y desarrollo.

 

Toda transformación estructural, una República libre y una democracia participativa se logran mediante el conocimiento.

 

El camino es la inversión del Estado y de la sociedad en educación. No cualquiera, desfasada y excluyente. Se puede comenzar a transitarlo una vez que se cuenten con gobernantes que quieran liberar de la indigencia a su pueblo.

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Anónimo

¿POR QUÉ NO NOS INDIGNAMOS?

Por pa'i Oliva
Me atrevo a compartir una hipótesis sobre la falta de esperanza. Esperanza, que brotó fuerte en el Marzo Paraguayo, y hoy parece invisible. Y, por supuesto que hay motivos. Fue demasiado grande la expectativa con Lugo, con el prometido cambio, y no se visibiliza la diferencia, que sin duda la hay, pero no en la medida que deseamos y que es urgente. Y la consecuencia es que no se crece en ciudadanía, los habitantes seguimos "habitontos", y no damos el paso al compromiso, no por falta de información, sino por no creer en la posibilidad de resultados. "No sirve para nada, ya que nadie te hace caso...", es el valioso comentario que me hace una señora por escrito.

Por ejemplo, ahora con el escándalo de los planilleros del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), cuanto más datos se revelan, más rabia nos da, y más impotencia nos provoca porque no vemos cómo influir, y muchos eligen la pavada, y con el aporte de la prensa, TV y radios, sobre todo los noticieros, el desencanto se acrecienta.

Pero puede ser que en algunos el desencanto se acreciente, sin embargo, cada día también somos más los que tenemos ESPERANZA firme de que el Cambio va a ser una realidad en el Paraguay. Por él pasa la Historia.

Y la actitud opositora de la prensa, radio, TV y los planes partidarios de volver al 2007, no son cantos de victoria, sino estertores de lo que va a desaparecer.

Fecha: 04/03/2011 09:44.


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