Por Héctor Farina (*)

El Retrato de Dorian Gray, la novela fantástica del escritor irlandés Oscar Wilde (1854-1900), presenta una anécdota que deja una enseñanza clara que todavía no se ha terminado de aprender en la sociedad paraguaya. Se trata de un episodio en el que Dorian Gray, el protagonista de la historia, se enamora perdidamente de una actriz, Sibila Vane, que trabaja en un teatro de mala muerte, pero representando a grandes personajes de las obras trágicas. Un día ella es Desdémona y al día siguiente es Julieta, interpretando a emblemáticas mujeres de las tragedias de Shakespeare.

Pues completamente enamorado de ella, Dorian le propone matrimonio y ella acepta encantada. Pero Sibila no puede casarse con él en ese momento debido a que tiene un contrato con la compañía de teatro que no puede romper. Entonces, sin decirle nada a Dorian, decide boicotear las funciones haciendo que sus interpretaciones de los personajes no sean las esperadas: se comportaría como ella misma y no como los personajes, para que el dueño del teatro le cancele el contrato y ella quede libre para casarse con su amado.

 

En el día de la función, Dorian había invitado a sus mejores amigos para que conozcan a la genial mujer de la que se había enamorado y con la que se casaría en poco tiempo. Pero cuando ella salió a escena, no tenía nada de genial, sino que era una actriz aburrida, anodina, sin gracia y sin talento. Era una mujer que se comportaba en forma vulgar y no aspiraba a nada, más que a mostrarse como ella misma y no como los personajes que interpretaba.

 

Horrorizado, Dorian no podía creer lo que estaba viendo. Al terminar la función fue a hablar con ella en los vestidores, le recriminó su actuación y le dijo que la odiaba y que jamás se casaría con alguien así. Ella no pudo soportar tanto desprecio y se suicidó. La moraleja (adaptando este término de la fábula) es clara: nunca te enamores de un personaje, no te encantes con lo irreal.

 

Esta enseñanza deberían aprenderla los paraguayos, que viven encantados con los personajes representados que surgen todos los días. Deberían saber que los políticos son personajes dramatizados que siguen fingiendo ser los salvadores de la patria, cuando la realidad indica que la están hundiendo, saqueando a su antojo y destruyendo a toda una sociedad. Porque si ya se sabe que los gobernantes mienten y falsean su verdadero rostro para seguir robando, ¿por qué se los sigue apoyando en mítines, en manifestaciones y sobre todo en las votaciones?

 

Todos formamos parte de lo que el sociólogo Erving Goffman denomina “la dramaturgia social”, pero esta figura en el Paraguay ha llegado a los límites del cinismo y la grosería, al punto de no necesitar fingir ni representar nada. Se ha pasado el límite de la representación y la vergüenza, donde ya no hace falta ni siquiera fingirse bueno para tener el apoyo de seguidores cegados por la ignorancia y la corrupción.

 

El hecho de dramatizar y de convertirse o fingirse un personaje en el mundo social, no es ciertamente algo novedoso pero sigue teniendo efectos que se perciben en las sociedades como la paraguaya. Es hora de comprender que no debemos confiar en personajes que en realidad no son lo que aparentan. Ya basta de confiar en supuestos salvadores de la patria, personajes funestos, que no hacen otra cosa que robar y condenar a todo un país a seguir viviendo en la ignorancia, la pobreza y la angustia.

 

(*) Periodista

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Víctor L. Romero

Cuando la política de lo superfluo supera lo importante



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Pareciera que unos pocos individuos suficientemente agresivos, no muy bien preparados e incapaces de poner al país en primer lugar son quienes determinan la agenda diaria para los medios de comunicación y hacen prácticamente imposible separar lo superfluo de lo más importante entre nosotros. Como ejemplo basta fijarse quiénes son los principales protagonistas del reciente escándalo de los repartos de “beneficios” del Tribunal Superior de la Justicia Electoral. Es así como dominan la agenda de lo superfluo y lo negativo para el país mientras, por ejemplo, se mantienen en silencio a la hora de defender nuestra soberanía energética en el caso de las dos binacionales. En realidad, bajo la presente circunstancia, el objetivo de todos nuestros políticos debería ser la búsqueda afanosa de la mejor propuesta para obtener el mayor beneficio para el país y presentarse unidos por este interés común para negociar de manera incorruptible con los argentinos y brasileños.

Estamos hasta ahora carentes de un proyecto nacional creíble y seguimos por un camino sin marcas porque la mayoría de los políticos llegan solo hasta los proselitismos donde la capacidad para gobernar no cuenta sino cuánto dinero se puede repartir.

Si queremos salir de esta crisis intelectual y moral para alzarnos y ser un país en serio, debemos apuntar al peor mal de nuestra sociedad actual, cual es la apatía moral y la anestesia de los mismos profesionales más privilegiados intelectualmente, quienes toleran a políticos incapaces de pensar y elaborar un proyecto creíble de nación. Entonces, ¿de qué sirve al país el crecimiento de individuos cada vez aparentemente mejor capacitados pero sin coraje, inteligentes y conocedores pero indiferentes ante esta situación nuestra? Algunos de ellos son sobresalientes intelectuales, pero crueles en sus silencios con el destino del país al que no sirven, pero están listos para servirse de él. Por eso, está claro que si queremos arreglar nuestro país, primero tenemos que arreglarnos a nosotros mismos y terminar con el proselitismo adormecedor de nuestros sentidos que solo son sacudidos cuando vienen personas foráneas como los de la Unión Europea o el Japón a señalarnos nuestro peor mal, cual es la corrupción. Está claro que esta enfermedad no va a ser modificada por una persona electa, sin cualidades éticas esenciales y sin planes previos de cómo modificar la actitud y la conducta en nuestro mismo pueblo. Solamente si decidimos cambiar la forma de pensar y de actuar de nuestra gente, edificaremos un país en donde todos podemos vivir mejor. El conocimiento, aunque importante, no basta para tales fines y no puede sustituir a la ética, porque eso apeligra la relación del ser humano con su prójimo. Debemos aprender que una vida social armónica y llevadera para todos es imposible sin valores y normas éticas. Tenemos que recuperar estos valores; de lo contrario, todo se mantendrá igual, no importa quién sea electo porque también se quedará con las manos atadas como Lugo. Entonces debemos decir basta a los experimentos de poner el país en manos de pilotos sin experiencia y sin ética para conducirlo. Los principales partidos políticos deben ser responsables para que esto no ocurra; haciendo suyas la visión de pasar al Paraguay de ser un país de cuarta a ser un país de primer mundo dentro de algún tiempo. Los paraguayos debemos volver a sentirnos bien con nosotros mismos y recordar que las posibilidades nuestras son enormes si logramos estructurar una política económica y social práctica y eficaz para los años venideros. Miremos el todo para visualizar lo prioritario y colocar a nuestro país en primer lugar de manera a tener de nuevo en el futuro un Dios y una familia y no seguir con la agenda de lo superfluo. Eso es esencial para usted, para mí, para todos nosotros.

Médico especialista diplomado del Board Americano de Psiquiatría y Neurología

Fecha: 10/03/2011 11:12.


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