De los confinamientos arbitrarios de Francia a los plagios del EPP

La historia de los secuestros en el Paraguay a partir de los primeros años de la independencia abarca distintas etapas, según las circunstancias que motivaron su consumación. Así, en la dictadura del doctor Francia se puede hablar de confinamientos arbitrarios de tinte político, y en la Guerra de la Triple Alianza, de raptos con fines militares. Recién en la segunda mitad del siglo XX aparecen los primeros plagios extorsivos y de venganza. Su punto más álgido lo alcanzó en el siglo XXI, con la aparición de la “industria del secuestro”, a cargo de bandas delictivas que mantuvieron en zozobra a la población hasta que la mayoría de ellas fueron desarticuladas por el Gobierno.

por Osvaldo J. Cazenave

 

El Gobierno concentra actualmente sus esfuerzos en la desarticulación del Ejército del Pueblo Paraguayo.

Podría decirse que los primeros secuestros acontecidos en el país luego de su independencia hacen referencia a casos de retención arbitraria de personas, a quienes el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia confinaba a un sitio de residencia con la prohibición de abandonarlo. Tales fueron los casos del célebre naturalista, médico y botánico francés Aimé Jacques Bonpland (1773-1858) y el caudillo oriental José Gervasio Artigas (1764-1850).

 

Para asegurar la independencia del Paraguay frente a las ambiciones hegemónicas de Buenos Aires en el Río de la Plata  y la expansión de los  portugueses desde el Brasil, el Dictador Supremo de la República adoptó una política de aislamiento total y dispuso que nadie podía entrar ni salir del país sin su autorización.

 

Fue bajo esa circunstancia que, en el año 1821,  tomó prisionero a Bonpland, después que ingresara a territorio paraguayo sin su permiso. Francia  asignó al hombre de ciencias galo  una residencia fija durante diez años, sin la posibilidad de circular por el país.

 

Muchas personalidades e instituciones intercedieron en vano por su liberación, entre los que se destacó el propio Simón Bolívar. El libertador venezolano, en su momento, llegó a amenazar con invadir el Paraguay y anexarlo a las Provincias Unidas del Río de la Plata, hoy Argentina.

 

No obstante, Bonpland ejerció sin problemas su profesión de médico durante su cautiverio y se ocupó de agricultura y ganadería, además de industrias menores. Incluso se unió con María, hija de un cacique guaraní, con quien tuvo dos hijos.   

 

Finalmente, ante la insistencia de la comunidad internacional, Francia decretó la expulsión de Bonpland en 1831. Cuentan las crónicas que el científico terminó encariñándose con el Paraguay y fue tanta su nostalgia que al ser liberado lloró por no querer abandonar el país.

 

En lo que respecta a la situación de Artigas, el prócer oriental  se vio obligado a ingresar a territorio paraguayo, al cruzar el río Paraná el 5 de setiembre de 1820, al verse acorralado por las huestes del gobernador de Entre Ríos, Francisco Ramírez. El dictador aceptó brindarle refugio, pero cuidó que no conservara ninguna influencia política ni mantuviera correspondencia con nadie fuera del Paraguay.

 

El caudillo uruguayo fue confinado en la lejana e inhóspita Villa San Isidro Labrador de Curuguaty, donde se dedicó al cultivo de la tierra hasta la muerte de Francia, en 1840.

 

Pese a que no causó problemas a las autoridades paraguayas  durante su exilio, Artigas permaneció arrestado por algunas semanas después del fallecimiento del Dictador hasta que, finalmente, Carlos Antonio López dispuso su traslado a Asunción, donde vivió sus últimos años en Santísima Trinidad.

 

La guerra de la Triple Alianza   

 

Al estallar la guerra contra la Triple Alianza (1864-1870), integrada por el Imperio del Brasil y las repúblicas de Argentina y Uruguay,  el Ejército paraguayo recurrió en su momento a  la estrategia de “secuestro de centinelas” con la finalidad de obtener información sobre los planes enemigos.

 

Dicha  misión fue encomendada a José Matías Bado, un audaz capitán que supo sortear una serie de obstáculos para lograr su objetivo. Según cuentan las fuentes,  el militar   atravesaba esteros y montes a caballo para secuestrar a los desprevenidos centinelas de los campamentos enemigos y luego los asesinaba tras un interrogatorio.

 

“Sin freno ni silla, Bado se dirigía hacia uno de los centinelas enemigos destacados en los pasos del Estero Bellaco. Echado a un costado de su caballo, colgado de una pierna, se aproximaba lentamente en medio del espeso pajonal, y de súbito se lanzaba en vertiginosa carrera, agarrando al enemigo por el cuello o por el brazo, y alzándolo con su hercúlea fuerza sobre la grupa del caballo, regresaba al galope al campo paraguayo”, señala en uno de sus textos Jorge Rubiani.

 

Siglo XX   

 

El primer  caso de secuestro extorsivo del que se tiene noticia en nuestro país se remonta al 27 de agosto de 1973, cuando cayó en manos criminales Ian Duncan Martin, de 40 años, gerente de la empresa frigorífica “Liebig’s”.   

 

El plagio se produjo en la capital y los captores tenían el objetivo de cobrar 3 millones de dólares por su rescate, pero un trabajo de inteligencia policial ubicó la vivienda donde tenían de rehén al empresario en Atyrá. El empresario fue rescatado sano y salvo, y los delincuentes, capturados.   

 

Transcurrieron 15 años para que se registrara otro plagio de este tipo en nuestro país. Resultó víctima en aquella ocasión el niño Henry Martin, de 5 años, hijo del empresario español Narciso Martin.   

 

El menor fue secuestrado en Ciudad del Este por desconocidos que, finalmente, lo liberaron tras cobrar la suma de 10 millones de guaraníes y 200.000 dólares. La Policía no logró detener a los plagiadores.   

 

Con fines vengativos   

 

No todos los secuestros consumados antes del año 2000 fueron con fines extorsivos. También hubo plagios con trasfondo de venganza, algunos de ellos, con trágicas consecuencias.   

 

Uno de los casos que más conmovieron a la sociedad asuncena fue el plagio de Mario Luis Palmieri de Finis, ocurrido en marzo de 1982. El adolescente de 14 años fue secuestrado frente al Colegio de San José bajo engaños por Reinaldo Chamorro Chávez, quien lo mantuvo oculto en una vivienda de Luque hasta que lo asesinó de un golpe en la cabeza y roció su rostro con ácido.   

 

La Policía encontró su cadáver días después y se inició una investigación que desembocó en la captura de Chamorro Chávez. Este fue condenado como autor material del ilícito.   

 

Diez años después, en junio de 1992, el doctor Wenceslao Meza, ex urólogo del  dictador Alfredo Stroessner, fue secuestrado y asesinado por el joven Ricardo Chaparro Giménez. Su cuerpo fue hallado días más tarde en una fosa. El captor al principio pidió un rescate, pero tras su detención se confirmó que el móvil del caso fue una venganza.   

 

En 1994, tres sicarios secuestraron por equivocación al niño Rafael Ayala de Jesús, de 10 años, en Pedro Juan Caballero. El aparente objetivo era el hijo de un narcotraficante de la zona, pero los investigadores lograron atrapar a los captores poco después de liberar a la víctima.   

 

Dos años más tarde se produjo el plagio de Cristhian Cléber Colmán, hijo del capomafioso de frontera Marcelino Colmán. Los investigadores sindicaron como autor al narcotraficante Oscar Morel Quiñónez, pero al final fueron los propios traficantes quienes lo rescataron en julio de 1996.   

 

Finalmente, en marzo de 1998 una banda secuestró en Encarnación a Cinthia Gómez de Lovera, esposa del juez Agustín Lovera Cañete. Se solicitó la suma de 100.000 dólares por su liberación, y días después la víctima fue hallada con rastros de torturas a 10 kilómetros de la ciudad. Se sospecha que de esa manera los autores del plagio se vengaron del magistrado.

 

La “industria del secuestro”   

 

Recién en el siglo XXI, con la aparición de las primeras gavillas de secuestradores, se puede hablar realmente de la implantación de una “industria del secuestro” en el Paraguay. Estas bandas crearon una sicosis en la población durante prácticamente toda una década.   

 

El primer gran “zarpazo” de una banda organizada para este propósito fue el secuestro de María Edith Bordón de Debernardi, acontecido el 16 de noviembre de 2001 en el parque Ñu Guasu. La nuera del fallecido Ing.  Enzo Debernardi, ex director paraguayo de Itaipú Binacional, estuvo retenida por casi tres meses, hasta el 12 de enero de 2002, fecha en que fue liberada por sus captores tras pagar un rescate de un millón de dólares.   

 

La Policía y la Fiscalía iniciaron una investigación que sindicó como uno de sus ideólogos a Juan Francisco Arrom, concuñado de la víctima y militante del entonces Partido Patria Libre (PPL), de orientación marxista. La pesquisa prosiguió hasta la individualización de nuevos implicados: Alcides Oviedo Brítez, Carmen Villalba, Anuncio Martí, Víctor Colmán, entre otros. La misión del grupo era juntar dinero a través de secuestros extorsivos para solventar la lucha armada, y contaba con el apoyo exterior de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), según la pesquisa.

Pero mientras los investigadores enfocaban su atención en la banda que secuestró a la señora Debernardi, hicieron su aparición en el país  nuevas gavillas que gestaron nuevos plagios con objetivos ajenos a la lucha política, ante el desconcierto de las autoridades gubernamentales de entonces.   

 

Primeramente, hizo su aparición una banda internacional de secuestradores liderada por los argentinos Ricardo Carro Córdoba, Néstor Horacio Barzuk, José Rodolfo Lorhman y Gustavo Javier “Ronco”, con ramificaciones en nuestro país. La banda fue relacionada con los secuestros de Mariángela Martínez, María Mercedes Elizeche y Sebastián Llano, además del argentino Cristian Schaerer, este último, perpetrado el 21 de setiembre de 2003 en Corrientes (Argentina).   

 

También se lo vinculó en su momento con el plagio de la empresaria gastronómica Gilda María Stella Vargas, ocurrido el 27 de agosto de 2003 en Lambaré y cuyos restos fueron encontrados el pasado 21 de febrero en una fosa de San Antonio.   

 

Al mismo tiempo, surgió otra banda ligada a los secuestros de los hermanos Katia y Amín Riquelme Seif Eddine, hijos del empresario Pedro Riquelme. El primero de los plagios se materializó en setiembre de 2001 y se pagó un rescate de 320 millones, en tanto que el último se consumó el 11 de octubre de 2004, pero la víctima falleció durante el plagio. Una investigación policial logró detener a los integrantes de la gavilla, integrada por agentes de la Policía Municipal de Tránsito y encabezada por los propios tíos de las víctimas, Luis Giménez y Miriam Beatriz Riquelme.   

 

En Ciudad del Este, mientras tanto, se organizaron también bandas de secuestradores, que cometieron grandes plagios, como el del empresario tabacalero César Cabral, materializado el 31 de julio de 2003 en Hernandarias. Los delincuentes llegaron a cobrar 300.000 dólares por el rescate.   

 

Así también, en el año 2007 otra banda conformada, entre otros, por el marginal brasileño Valdecir Piñeiro, el ex policía José González Ocampos y Silvio Acosta Gamarra asoló durante un tiempo los departamentos de Alto Paraná y Caaguazú con plagios y otros ilícitos.   

 

Todos estos grupos delictivos fueron desarticulados por la Policía en sendos operativos.   

 

El EPP y sus golpes   

 

El autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) es la única banda organizada dedicada al secuestro que aún opera en el país. Esta agrupación criminal integrada por ex adherentes del Partido Patria Libre (PPL) entró en la escena nacional a partir del secuestro y posterior asesinato de Cecilia Cubas Gusinky.

 

La hija del ex presidente Raúl Cubas Grau (1998-1999) fue secuestrada por un grupo comando el 21 de setiembre de 2004, cuando regresaba en su camioneta a su mansión ubicada en el barrio Laguna Grande de San Lorenzo. Los familiares llegaron a pagar 300.000 dólares por su rescate, pero los captores no la liberaron.   

 

Durante casi cinco meses, la Policía y la Fiscalía realizaron una serie de allanamientos y detenciones en el país, hasta que encontraron el cadáver de la infortunada en una fosa cavada dentro de una vivienda del barrio Mbocayaty de Ñemby, el 16 de febrero de 2005.

 

El macabro desenlace del plagio de Cecilia Cubas causó estupor y repudio de parte de toda la ciudadanía, pero los secuestros continuaron y el EPP dirigió su atención hacia los ganaderos del norte del país. Primeramente, secuestraron al ex intendente de Tacuatí, Luis Alberto Lindstron Picco, el 31 de julio de 2008, quien fue liberado 42 días después tras el pago de 130.000 dólares. Después materializaron el plagio de Fidel Zavala Serrati,  materializado el 15 de octubre de 2009 en la estancia “Doña Mabel” de Concepción. Los delincuentes lo liberaron el 17 de enero del año siguiente tras el pago de 550.000 dólares.

 

Actualmente, el Gobierno concentra su atención  en la desarticulación de este  grupo armado.

 

1  Desde las retenciones arbitrarias por orden del doctor Francia hasta las incursiones del EPP, la historia de los plagios en el Paraguay atraviesa varias etapas, conforme a las situaciones que obedecieron a su materialización.

 

2 Durante la Guerra de la Triple Alianza, el Ejército paraguayo recurrió a la estrategia del “secuestro de centinelas”, a cargo del capitán José Matías Bado, con la misión de atrapar a los vigilantes y sacarles información del enemigo.

 

3 En la segunda mitad del siglo XX surgieron los primeros casos de secuestros extorsivos y también con fines vengativos, mientras que en el siglo XXI floreció la “industria del plagio” con la aparición de bandas delictivas organizadas.

 

 

 

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