Por Mario Rubén Álvarez

El enemigo público Nº 1 de los parlamentarios se llama ahora inscripción automática en el Registro Cívico Permanente. Como ya estamos a 11 años de la entrada del siglo XXI, ya no sacan el revólver cuando lo ven venir bamboleándose peligrosamente.

Ya más civilizados, por supuesto, esgrimen un arma que no lleva la carga histórica de la violencia manifiesta de una Smith & Wesson, caño riel, gatillo hueco, marca a la derecha, calibre 45 y siete aguaí comprobados. Sus efectos, sin embargo, son más letales que un juru tata recién niquelado o pavonado.

Se trata del muy antiguo pero también demasiado actual quórum. El paraguayo letrado, pero iletrado, le llama qórum, inventando en el habla una combinación de consonante y vocal que no figura en el castellano.

 

La palabra designa un mecanismo que da validez legal a las deliberaciones de cualquier cuerpo colegiado. Por lo general, es la mitad más uno. Esa es la mayoría mínima.

 

En la Cámara de Diputados, la presencia en la sala de sesiones de 41 de sus 80 integrantes vuelve legítima cualquier decisión que adopten en su calidad de legisladores.

 

Ayer, era llamativa la normalidad en la Cámara de Diputados. Era llamativa porque en ese recinto a menudo la anormalidad es lo normal... Tanta contracción al trabajo, sin embargo, era ya bastante sospechosa. Volando, sobre tablas, despacharon los 17 primeros temas.

 

Y al llegar al 18º se produjo la dificultad insalvable. Lo que sucedió fue que, a esa altura, el orden del día desalojó de la reunión a los diputados que ven en la anotación automática en el Registro para votar a cualquier ciudadano que tenga 18 años un peligro mortal.

 

"Kóa ivaíta", dijeron (en realidad, ya habían dicho lo mismo antes de entrar a la sesión) y desaparecieron de sus asientos.

 

Ante el tsunami karape que les espera si es que no logran "colocar" más a sus ta'ýra y tajyras en el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), optaron por dejar sin aliento el intercambio de opiniones y las votaciones.

 

Ombovu kamisa lomo.

 

Total, legislador que huye de una sesión donde va a perder privilegios sirve para otra donde sí gane prerrogativas: aumento salarial, inflado rápido de presupuesto y otros vientos también favorables a sus intereses.

 

Así de pragmáticos nada más son.

 

Lo cierto es que don Quórum les resolvió el problema saliendo a favor de sus pretensiones. De las pretensiones de los que envían su lista de recomendados al TSJE para que "figuren" pero no para que trabajen, claro está.

 

Que los jóvenes que pasen a la mayoría de edad y, por lo tanto, pueden acudir a las urnas en las elecciones nacionales es un gran peligro para los aprovechadores de la cosa pública por dos situaciones.

 

Una es que, de ocurrir tal milagro -la inscripción automática-, miles de correligionarios van a quedar sin sueldo. No sin trabajo, porque en el ánimo de nadie que se candidate a un puesto en el TSJE ha de estar muy seriamente la intención de ganarse la harina con el sudor de la frente y otras partes del cuerpo.

 

Otra es el miedo de que esa masa electora donde la mayoría censura la forma de actuar de los parlamentarios -senadores y diputados- los desaloje del poder. Son conscientes del hartazgo que provocan.

 

Entonces, es mejor prevenir que curar. Más vale salir en la prensa huyendo como perseguido por un kavytâ que perder los sacrosantos cupos que la democracia por mano propia concede.

 

Como no tienen vergüenza alguna que se les retenga en la sala, los pro cupistas seguirán saliendo como arrojados por un resorte. Será de lo más natural para ellos.

 

No hace falta ser vidente para adivinar los capítulos que restan: van a ser iguales al vivido ayer. Cuando aparezca el tratamiento del proyecto de ley antizoquetes en el TSJE, habrá más pies afuera que adentro. Hasta los dormidos despertarán para impedir que su presencia pasiva sirva de legitimación activa para matar la justicia electoral de los huevos de diamante. 

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.