• Aristides Ortiz

En política no hay estrategia. Hay estrategias, porque el proceso político tiene momentos, como fotos en movimiento, que requieren diferentes lecturas y, en consecuencia, lleva a espacios, acciones y tácticas diferentes. Así entendido, el momento electoral es diferente al momento del ejercicio del poder, en este caso gubernamental. El error del Presidente Lugo y de sus asesores inmediatos fue haber desarrollado la misma estrategia antes y después del 20 de abril de 2008: la estrategia del “mbytetepe, poncho juruicha”, la que, por lo menos en la foto de la realidad de hoy, ya no le sirve.

Los últimos acontecimientos del proceso político así lo demuestran. Acontecimientos producidos por la reacción de los sectores oligárquicos fuera y dentro del Estado. Una reacción natural y planificada a un mismo tiempo ante un cuerpo extraño que intenta ejecutar modificaciones de forma en las relaciones dentro del Estado y con los sectores de poder real. Modificaciones que, sin embargo, son vistas por éstos como un peligro inminente de perder el control político y económico del país. Control que ejercen fundamentalmente sobre el espacio territorial, entiéndase esto en la concentración de la tierra (2,6 de los propietarios de fincas concentran el 85, 5% de las tierras cultivables). En este territorio controlado, los sectores hegemónicos (agroganaderos y mafias inficionadas en el Estado) producen y acumulan su poder económico, expresados en el inmenso negocio agroganadero y en la proliferación de rutas de tráfico de drogas, armas y otros productos ilegales en espacios específicos del país. Estos dos sectores, que controlan el Estado y la economía, son los que expresan hoy “tolerancia 0” a modificaciones políticas de forma, porque estas podrían (podrían) abrir posibilidades de cambio más profundo en el tiempo. Posibilidades que pueden perturbar, no un proyecto país de derechas que no la tienen, sino la actual política desordenada de rapiñaje.

 

Este cuadro de poder o no fue percibido o fue minimizado por Lugo y sus asesores. En consecuencia, no pudo medir la reacción del poder que hoy va arrinconándolo paulatinamente. Equivocado en la lectura y en la proyección del devenir político, decidió seguir con la política equilibrista de cruzar por el viejo Estado Oligárquico Colorado metido en su poncho. Este que le sirvió eficazmente para ganar las elecciones a los colorados con un discurso ambivalente, con mensajes de tranquilidad para el poder y de cambios para las mayorías excluidas. La misma que hoy parece inservible porque entró en otro espacio donde debe acometer acciones y no solo discursos, dónde debe ejercer gobierno en los márgenes que le permita el poder. Un margen que hoy, él lo comprueba, no existe, porque debe ser o un completo fantoche o volver a su casa.

 

Siguiendo esta línea inútil, Lugo cometió errores estratégicos, a saber: 1) Renunció a aprovechar su elevadísimo liderazgo popular de hace un año atrás para articular un amplio frente social y político que incluso penetre en los partidos tradicionales 2) Se desentendió de fortalecer un proyecto comunicacional alternativo desde su gobierno que podría haberle abierto otros canales de comunicación con la gente, por fuera de la gran prensa que hoy maneja a su antojo la agenda política y gubernamental, la que hoy juega un papel vital en el proceso de su destitución 3) No profundizó su política de vaciamiento y quiebre del PLRA para debilitar el control que este partido ejerce sobre su gobierno.

 

Queda la duda de si los últimos discursos y gestos de Lugo, dirigidos a las mayorías sociales y sus organizaciones políticas, es una jugada táctica para sobrellevar el álgido momento, o es estratégica. Lo que si parece claro (hay que ver) es que, si sigue metido en el medio de su poncho, hay muchas posibilidades de que el proceso destituyente en desarrollo que soporta lo eche del perchero gubernamental. Lo que será una derrota para el proceso de cambio que se vive.

 

Lo que también parece claro es que el enemigo que visualiza la oligarquía no es el gobierno de Lugo, sino el movimiento campesino y urbano anti oligárquico emergente que en un futuro indeterminado puede tener fuerza suficiente para enfrentarlo. Esta sería la razón de la violenta campaña mediática de criminalización de las izquierdas y de las organizaciones campesinas.

 

 http://ea.com.py/el-poncho-caido-de-lugo/

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