• Marzha Navarro

Este relato va dirigido a aquellas personas quienes creen que podemos contar con algún país europeo, o con China,  como aliado en una posible defensa ante los Estados Unidos.

Cuando nos toco servir en Alemania, al principio tuve un profundo disgusto, me acorde de la frialdad humana y climática, me acorde del holocausto, de la xenofobia, pero, de repente me acorde de los Estados Unidos, y me ilusione con la idea  de que trabajando bien podríamos captar la  simpatía del Gobierno Alemán y luego tenerlos como aliados. 

Nunca pensé que encontraría en Alemania una profunda simpatía a todo lo que es “América”  (léase USA) y menos aun pensé  encontrar  tanto apoyo popular a  cualquier  política de cambio que signifique imitar el liberalismo capitalista explotador de ellos.  La propaganda es tan poderosa que hasta los que necesitan y disfrutan de todos los beneficios del Estado Alemán, enajenados están apoyando  lo  que va en contra de ellos mismos,  “America is nice”  así dicen. Tal vez por eso alguien ya proclamó “¡el fin de la historia!”. Como yo también proclamó, globalización con la manipulación de mentiras.

 

El motivo principal de esta nota es compartir una amarga experiencia vivida en Alemania, me hizo sufrir, pero a la vez crecer.

 

Una fiesta Latina, promovida por  el Consulado de México en época de festejos de su independencia. Fue en Hamburgo. Los invitados eran  todos empresarios alemanes coligados o relacionados comercialmente con empresas latinas, cuerpo diplomático,  periodistas y empresarios latinos. En mi mesa, empresarios de la Siemens, la Bayer,  Nivea y otros que  trabajaban con la yerba mate del Paraguay y con el guaraná del Brasil etc., eran los famosos inversionistas. Todos muy serios, como es normalmente el semblante del alemán;  empezaron a distribuir tequila, y aunque ellos continuaban muy serios, a medida que sus rostros enrojecían empezaban a hablar más, fue cuando tuve la idea de preguntarles a todos simultáneamente, ¿que piensan de nosotros, los latinos? Mi total sorpresa, la respuesta sobrecargada de burla fue:

 

“USTEDES SON POBRES,  - pobres - y los que no son pobres es porque ya robaron, SON LADRONES” y la carcajada de ellos fue generalizada,  para absoluta indignación, a mi persona quien casualmente se encontraba delante de ellos,  y les dije, no soy pobre y nunca robé nada de nadie...

 

Parte importante de nuestra pobreza es  responsabilidad  de los países ricos, todo mundo sabe, pero entonces entendí, el inversionista no existe, ellos son saqueadores y se ríen de nosotros.  Concluí también que  la política mas saludable que debemos enfocar es el desarrollo interno, nosotros por nosotros y para nosotros; Exportación,  solo si tenemos sobrando algún producto. Lo más importante es fortalecer  nuestro Estado para que este funcione para la elevación  del nivel de vida de todos, nuestra evolución,  nuestro desarrollo  y crecimiento,  producción  no especulación.  La integración  es importante porque necesitamos del complemento que uno puede dar al otro. Fortalecer nuestros Estados y nuestro Continente Sudamericano.

 

Y usted, ¿es pobre o es ladrón?

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