Llegó un día cualquiera; soleado y con un nivel de humedad que casi aplastaba el ambiente. Por ello, la primera impresión fue, sin dudas, altamente positiva.

Si bien al principio pasó desapercibido, este mosquito culícido, que también puede ser portador del virus de la fiebre amarilla, no pensaba quedarse por mucho tiempo.

Era de suponer que sus pésimos antecedentes -en su oscuro legajo figuran un tendal de víctimas de todas las edades, posición económica, religión- generarían una resistencia tal que harían imposible su permanencia, impidiendo así la instalación de las mínimas condiciones que requiere su frágil organismo para sobrevivir y reproducirse.

 

Por lo menos eso fue lo que ocurrió en otras zonas visitadas, en donde la sociedad y las autoridades respectivas lograron eliminar los criaderos y los efectos de su actividad alimenticia, implementando hábitos de limpieza y estableciendo eficaces mecanismos institucionales y de servicio que fueron letales para su existencia, despreciada por la especie humana.

 

Sin embargo, grande fue su sorpresa. Este lugar ofrecía condiciones extraordinarias. La mayor parte de su población no limpiaba sus patios o terrenos; era común la aglomeración de agua en recipientes de todo tipo. Nadie tomaba en serio las exhortaciones de las instituciones responsables o involucradas contra el mal.

 

Las opciones para nuevos descendientes eran innumerables. En estas tierras abundaban las cubiertas abandonadas, los matorrales, basurales a cielo abierto; había criaderos a elección. El Aedes aegypti había llegado a un verdadero paraíso en pleno corazón de América Latina.

 

Y tristemente es así. La endemia del dengue en Paraguay tiene entre sus mejores aliados a la falta de consciencia ciudadana sobre la necesidad de ser limpios y de cuidar el ambiente, de disponer adecuadamente los residuos domiciliarios y públicos, de eliminar todo tipo de criaderos.

 

Todavía pensamos que "solo es un mosquito que da un poco de fiebre y dolor de cuerpo"; aún pensamos que se trata de un "problema de otros", quizás del vecino, del Gobierno, y no de cada uno de nosotros.

 

Seguimos creyendo que para frenar los efectos de este vector basta la automedicación, o, peor aún, las indicaciones del médico ñana más renombrado del barrio.

 

Hay que reconocer y aceptar, con una sana postura autocrítica, que la proliferación de este mal tiene a cada paraguayo, en la mayoría de los casos, como principal responsable. Pero también que las muertes registradas, o por lo menos varias de ellas, se dieron por el precario y lamentable sistema de salud de este país.

 

Hay que entender que el mejor "criadero" que el Aedes aegypti puede encontrar en este país no es otro que nuestra irresponsabilidad, nuestra inconsciencia.

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gravatar.comAlberto

En Paraguay hay el otro vector, bastante mas peligroso y prácticamente solo yo lo comencé a difundir, el aedes albopictus, que es muy parecido pero de menor tamaño, no es igual y ese pica no solo personas sino animales, tiene una autonomía de vuelo muy corta, de 4 metros, pero aprovecha muy bien las corrientes de viento para recorrer Kms. entró en 1985 a Sudamérica proveniente de Asia, lo que le confiere una mayor resistencia que la de su pariente Africano, el Aegypti

http://en.wikipedia.org/wiki/Tiger_mosquito

Fecha: 13/05/2013 15:50.


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