
Un nuevo secuestro de un ganadero acaudalado, escándalos constantes al interior de la policía, un entorno presidencial que hace agua por todos lados, una derecha ensoberbecida, encaramada en el parlamento, y una cerrada campaña de prensa bombardeando a un gobierno titilante, caracterizan el momento actual de la política en Paraguay.
La confluencia de esos elementos está creando un clima nacional de incertidumbre y este jueves provocó la suspensión del viaje a Bolivia del Presidente Fernando Lugo, quien tenía previsto participar en Cochabamba de la Cumbre del ALBA, junto a varios de sus colegas de la región.
La tensión política, que se viene tejiendo con un trasfondo de creciente sentimiento de vivir en constante inseguridad en la calle y en el hogar, culminó horas antes de la anulación del viaje, con el asalto a la Estancia Rancho “Z”, de 26 mil hectáreas, en el Departamento de Concepción, extremo noreste del país.
Su propietario, Fidel Zavala, perteneciente a una de las escasas familias del mundo rural paraguayo con tradición productora, fue secuestrado por un comando del Ejército Popular (EPP), según el Ministro del Interior Rafael Filizzola, opinión no compartido por el propio Comandante de la Policía nacional, mucho más cauto.
Cinco millones de dólares piden los secuestradores, quienes habrían obrado con técnica militar. Cerca de la estancia abandonaron la camioneta de Zavala con una bomba en su interior, que explosionó cuando la policía intentó abrir el vehículo, arrojando dos agentes heridos, uno de suma gravedad.
El episodio, atizado por la prensa patronal y por oportunistas de todo pelaje, que aprovechan la ocasión para lanzar improperios contra Lugo, generó malestar entre una población cada día más confundida que, sin la información suficiente por parte del gobierno, reacciona con emotividad e irracionalidad, emitiendo algunas opiniones sumamente preocupantes para un país en democracia.
Una minoría recalcitrante, temerosa de perder sus privilegios frente a la movilización de los sectores marginados, de los miles de desempleados, de los campesinos expulsados de sus campos por los terratenientes sojeros, está logrando conformar una mayoría que reclama mano dura al gobierno.
Los medios de comunicación, convertidos en una poderosa fábrica de intrigas, explotan al máximo todos esos temas, en abierta cruzada contra Lugo y todo lo que huela a izquierdismo, izando a los mandatarios Hugo Chávez y Evo Morales, en la punta del mástil de las tergiversaciones y las mentiras, como la que intenta hacer pasar la compra de aviones por Bolivia como un acto bélico contra Paraguay.
Las causas de fondo, originadas en el precapitalismo reinante en este país, continúan su proceso de putrefacción, pariendo más desempleo, más miseria, más descontrol del costo de vida y más niños, ancianos y todo tipo de personas absolutamente marginadas, durmiendo en las calles o a orillas de los latifundios.
A 14 meses de la asunción de Lugo, se desliza peligrosamente un desencanto entre los sectores que más apostaron por el cambio prometido.
El grueso de la población es víctima doble. Por un lado, carece de una información gubernamental esclarecedora, que contribuya a formar conciencia política y, por otro, es presa del papel vil que está jugando el enjambre de la prensa patronal, convertida en el principal partido de oposición. Sin escrúpulos ni excusas.
Una notable desesperanza popular germina y la reacción de Lugo no aparece, saboteado por la conducta indecente de algunos miembros de su entorno que se consolidan como dignos herederos de los viejos vicios del prebendarismo, del chonguismo, del lujo insultante y del reclutamiento de funcionarios con altos salarios, sin méritos profesionales, sólo por amistad o familiaridad.
El ultrademocratismo permite que el Secretario General de la Presidencia, Miguel López Perito, presente un libro defenestrando al mandatario, cuyo autor, muy próximo al Presidente, fue destituido meses atrás de la Represa Yaciretá por incompetente. Desde la propia oficina de la primera dama, hermana de Lugo, se opera abiertamente en el tráfico de influencias.
Elvio Benítez es un líder campesino, el más controvertido y provocador de los activistas sociales de Paraguay, constante crítico del funcionamiento del Estado y hábil para alimentar una presencia de primer plano en la prensa que, si bien es enemiga suya y de su causa, le dedica especial atención a sus pronunciamientos.
A empellones y sufriendo varios golpes, que le dejaron visibles marcas en el rostro y en diversas partes del cuerpo, Benítez fue expulsado esta semana de la barra de la Cámara de Diputados, en un acto vandálico, irracional e inconstitucional, decidido por la dictatorial mayoría de los legisladores.
Cabeza visible de una organización de labriegos que trabajan cerca de ocho mil hectáreas en el Departamento de San Pedro, el más pobre y conflictivo del país, Benítez es una figura discutida, incluso en el mismo seno de las organizaciones campesinas. Sus enemigos le estampan el mote de narcotraficante.
Tiene el mérito de haber evitado, durante las dos últimas décadas, la ocupación de esa zona por empresarios brasileros que, dedicados a la siembra de soja transgénica, se han apoderado del 90 por ciento de las tierras paraguayas fronterizas, aportando algunos servicios sociales mínimo a una población desde siempre abandonada por el Estado.
Defensor a ultranza de la soberanía nacional y de la reforma agraria, Benítez libra dura batalla contra toda la estructura del Estado, que califica de elitista y corrupta y facilita el expansionismo brasileño, “perjudicial y peligroso”.
Desde hace un año, con la asunción de Lugo, el dirigente campesino disminuyó sus ataques al Ejecutivo, esperanzado en que impulsaría cambios socio-económicos a favor de la mayoría de la población, pero está retomando sus críticas al Ejecutivo, al tiempo de incrementar denuncias contra el Parlamento y al Poder Judicial.
“La mayoría de los parlamentarios son delincuentes”, dice a menudo, dando nombres y detalles del tipo de “obras patrióticas”, por lo cual el miércoles pasado fue arrancado de una silla desde la cual se aprestaba a observar los debates de la cámara baja.
Vergonzoso espectáculo, radiografía fidedigna de la pobreza intelectual y moral que reina en ese cuerpo legislativo, donde su accionar anticonstitucional confirma que es el órgano estatal que continúa más apegado a los métodos del tirano General Alfredo Strossner, desplazado del poder y sus privilegios en 1989.
La expulsión del ciudadano Elvio Benítez del recinto, a empellones, puñetazos, y con ayuda de numerosos agentes policiales, uniformados y de civil, fue un acto violatorio de los derechos humanos a la libre circulación, a la libertad de expresión y a la facultad legal de la ciudadanía de concurrir a los debates parlamentarios.
Con evidentes muestras de los golpes recibidos, una vez en el exterior del edificio, y junto a varios simpatizantes, Benítez reiteró su decisión de proseguir la lucha para “ir limpiando el parlamento, para lo cual es indispensable que la gente tome conciencia del daño que, desde ahí adentro, se le hace al pueblo”.
Estimulados por la conducta traidora del dirigente liberal y Vicepresidente de la República, Federico Franco, convertido en el principal opositor a Lugo, en confesa espera de ocupar su lugar, en el Parlamento se concentra lo más retrógrado del país, aventajando al Poder Judicial y al corporativismo patronal.
El acariciado plan de la derecha de someter al mandatario a un juicio político, con el fin de defenestrarlo y colocar a Franco en su lugar, en lo que podría constituir un golpe de estado menos grosero que el de Honduras, porque tendría maquillaje legal, todavía no está en aplicación por miedo a la reacción popular.
Recordando sus derechos civiles, Benítez optó por sentarse en medio de la calle mientras duró la sesión, en la que debía tratarse, por milésima vez, el tema de la reforma agraria, para lo cual, como es costumbre, no se reunió quórum.
Con deliberada sorna, Benítez consiguió retratar vivamente la realidad paraguaya, con sus extremas injusticias sociales. Sentado en el suelo, provocó la atención de las cámaras y la curiosidad de numerosos transeúntes. De un lado tenía al suntuoso palacio legislativo, donado por Taiwán y enfrente, al Barrio La Chacarita, uno de los más miserables de Asunción, a orillas de las mugrosas aguas del Río Paraguay.
El espacio que los medios reservan a los desplantes del dirigente campesino, sólo se explica por la estrategia agresiva que desarrolla la prensa patronal, convertida en el mayor partido político de oposición al gobierno de Fernando Lugo.
En particular, a esas roscas de poder empotradas en los principales diarios, en las emisoras de mayor alcance nacional y en los cinco canales privados de televisión, lo que más les molesta del mandatario es su política exterior y su amistad con todos los colegas de tinte progresista que hay en Latinoamérica.
(especial para ARGENPRESS.info)